El poder de Don Winslow

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En el año 2009, El poder del Perro (Mondadori) irrumpía en las librerías españolas como un animal salvaje. La novela de Don Winslow abría un nuevo camino del género negro que, con altos y bajos, ha convertido a su autor en una referencia indiscutible del noir. Seis años han tenido que pasar hasta que este octubre apareciese en castellano su continuación, El cártel, flamante ganador del Premio internacional de novela negra RBA, y título destinado a demostrar si Winslow es capaz de volver a escribir una obra maestra.

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La gran novela americana del narcotráfico

Como una bomba, en 2009 cae sobre las mesas de novedades españolas un ladrillo de setecientas páginas cuyas ondas expansivas aún reverberan en nuestras librerías. El poder del perro, de Don Winslow. Serie Roja y Negra de Mondadori. Prólogo de Rodrigo Fresán. La «versión narco-mex de El padrino». La hostia puta.

El poder del perroUn James Ellroy con sentido del humor y cierta simpatía por el ser humano cruza el charco con la fuerza de un transatlántico y nos cuenta, bajo un velo de ficción que apenas enmascara la realidad, y con una precisión microscópica, la guerra contra la droga en la frontera entre México y EE. UU. en las últimas tres décadas del siglo XX. ¿Otra versión testosterada del Capitán América? No. Esto es otra cosa. Con un estilo ágil y directo, y la destreza de quien erige con maestría arquitecturas argumentales monumentales, Winslow construye la que los críticos se apresuran en calificar como la gran novela americana del narcotráfico. Y por una vez no se equivocan.

Sobre el tapiz, una historia coral con protagonistas para todos los gustos: Art Keller, un idealista y tenaz agente de la D. E. A. dispuesto a vender su alma al diablo con tal de atrapar a su particular ballena banca; Nora Hayden, una maquiavélica prostituta de lujo; el padre Parada, un cura rojo cabrón; los hermanos Barerra, unos narcos psicópatas con los problemas familiares de Tony Soprano; y Sean Callan, un asesino a sueldo con alma de héroe. De fondo: la Operación Cóndor, la relación simbiótica entre los cárteles y los poderes mexicanos, el tío Sam emborrachado de anticomunismo firmando con sangre contratos con el diablo, y unas redes internacionales del crimen organizado que se extienden desde Sinaloa hasta Hong Kong.

Winslow huye de los estereotipos trillados para escarbar en la naturaleza humana. Aquí los buenos no son tan buenos y los malos no son tan malos (hombre, algunos malos sí que son malos, vale. Y mucho). Mézclese el noir posmoderno de Tarantino, la pesimista (por ultrarrealista) visión del mundo del crimen de The Wire, y la violencia cruda de Peckinpah, y enmárquese todo ello en un escenario con hechuras dramáticas shakesperianas. Resultado: una de las mejores novelas policiacas de lo que va de siglo. Las referencias cinematográficas no son casualidad: Don Winslow es celuloide escrito.

En las garras del perro

Don Winslow Libros

El impacto del debut en castellano de Winslow es tremendo. Y el mundo editorial español reacciona: entre Mondadori y Martínez Roca se reparten el botín, que en ese momento consiste en un puñado de novelas menores de un autor que, hasta que parió su ópera magna (publicada en inglés en 2005) estaba buscándose a sí mismo, y que después ya no podría separarse de ella. Había quedado atrapado en las garras del perro.

El invierno de Frankie Machine¿Qué tiene de malo escribir una obra maestra? Que todo lo que venga después será inevitablemente comparado con ella. Y casi siempre para mal. Sin embargo, no se puede decir que esa tesitura haga a Winslow desperdiciar su tiempo. Desde 2005 el autor neoyorkino despacha obras notables sobre el narcotráfico (El invierno de Frankie Machine, Los reyes de lo cool), resbalones perdonables sobre la misma temática (Salvajes), una ligera y adictiva serie sobre el ambiente surfer-drogadicto surcaliforniano  (El club del amanecer, La hora de los caballeros) y una interesante continuación de Shibuni (Satori), clásico de la literatura de espías escrito por Trevanian. Por el medio, en España se recupera la discreta Muerte y vida de Bobby Z (1997) y su primera serie, la del investigador Neal Carey.

Analizando la obra de Winslow en perspectiva de conjunto, puede apreciarse, en la línea del ya mencionado James Ellroy y de su historia alternativa de EE. UU., un retrato casi pedagógico sobre la entrada de la droga en Norteamérica y el negocio que la mueve. Novela a novela, ha dado forma a un universo literario propio, con personajes comunes e historias que se complementan proporcionando una idea del lado oscuro de Estados Unidos. Altibajos creativos aparte, no se le puede negar a Winslow que es uno de los grandes renovadores de la novela negra actual: historias bien ambientadas, personajes sólidos, tramas vertiginosas y, sobre todo, su apuesta decidida y sin complejos por el lenguaje.

No obstante, durante todo este tiempo una incómoda cuestión ha sobrevolado su figura: ¿Será capaz de volver a escribir algo tan bueno como El poder del perro? Este 2015 ha respondido a la pregunta.

El gran díptico americano del narcotráfico

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Dijimos más arriba que El poder del perro era la gran novela americana sobre el narcotráfico. Perdón, añadámosle a dicho título una segunda: El cártel (RBA), su continuación. De hecho, desde ahora, y pese a tener ambas obras entidad propia, veámoslas como un todo, como un díptico de imprescindible lectura conjunta.

The Cartel portada libroA estas alturas un tópico como el de «segundas partes nunca fueron buenas» está más que desmontado. Al menos con unas cuantas excepciones deslumbrantes. Una de ellas es especialmente pertinente: si se habló en su día de la novela de Winslow como una versión narco-mex de El Padrino de Puzo/Coppola, no deja  de tener cierta coherencia poética que El cártel funcione como la excepcional secuela que fue El Padrino II.  Winslow lo ha vuelto a hacer.

A fin de cuentas, «solo» tenía que hundirse de nuevo en la fango del narcotráfico mexicano, salir vivo (física y mentalmente), y contarnos en clave de ficción un conflicto que en este nuevo siglo ha tomado un cariz notablemente diferente al que ya había narrado; un enfrentamiento de nuevo cuño y que, como vemos a diario en prensa, parece totalmente desbocado y capaz no solo de poner en tela de juicio la seguridad a ambos lados del Río Grande, sino de echarle un pulso de hito en hito al propio Estado mexicano.

La evolución como escritor de Winslow se puede resumir en un continuo ejercicio de estilo. Ha asegurado que no le obsesionan las tramas y que suele supeditarlas a la creación de personajes. Y eso se nota en sus más recientes títulos, en los que con un cada vez más característico tono desenfadado y conversacional, nos introduce en la cabeza de sus personajes. Sin embargo, Winslow cuenta en El cártel con una gran historia entre manos, de ahí que deje de lado ese estilo desenfadado y vuelva a la sobriedad cortante con la que se dio a conocer al mundo.

the cartel chroniclesEn El cártel se retoma la enemistad épica entre Art Keller y Adán Barrera como hilo vertebrador de la narración, y la coralidad como elemento enriquecedor de este nuevo fresco de la Guerra contra la droga. En esta ocasión los artistas invitados son Marisol Cisneros, heroína del Valle de las Mujeres de Juárez; Eddie Ruiz, «El loco», un narco con ínfulas de antihéroe; Magda, la astuta reina de la belleza; Chuy, un niño-soldado Zeta; y Pablo Mora, periodista juarense encargado de retratar con palabras el horror de su ciudad. La historia: el nacimiento del Estado del narco a raíz de la militarización del conflicto con la aparición de los Zeta, la corrupción generalizada del gobierno y de las fuerzas del estado mexicano, los infinitos tentáculos que unen las mafias mundiales ante la hipócrita ceguera de Occidente, y la táctica de la narco-paz como mal menor del conflicto.

Como señala Rodrigo Fresán, leer El poder del perro (y El cártel) es un paraíso para los lectores y un infierno para sus personajes. Y lo que es peor, añadimos, también es un infierno para el ser humano. Porque lo que nos narran es el retrato de una realidad tan horrible e inconcebible que ni siquiera la ficción le puede hacer justicia. Winslow asegura no querer escribir una nueva continuación, ya que eso significaría que el conflicto ha remitido. En efecto: ojalá no se vea obligado a demostrarnos que es capaz de escribir una nueva obra maestra.

Marcos García Guerrero

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