El seriéfilo: marzo de 2018

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Idus de Marzo: dícese de los 15 del mes de Martius en el calendario romano. Los idus eran considerados como días de buenos augurios, siendo el más recordado el del año 44 a.C. fecha del asesinato de Julio César en el senado de Roma. ¿Buenos augurios? ¡Están locos estos romanos! Exceptuando esa fecha aciaga, el mes de marzo en la televisión siempre ha sido como los idus, época en la que las series acuden al rescate aportando rigor, firmeza y, ¿por qué no?, disciplina a una parrilla caótica desmembrada aun por el año nuevo. Marzo es un mes solemne, fechas de trajes de raya diplomática y pelo engominado, días para demostrar que se es un profesional, que lo que se emite es de calidad, sin tiempo para las probaturas ni las medianías. Los pesos pesados vuelven a escena, fluyendo como si nunca se hubiesen ido, demostrando por qué año tras año, semana a semana, consiguen robar horas de sueño a tantos televidentes. Es, además, mala época para los novatos que temen competir contra series consagradas que ya se han batido el cobre varias temporadas, saliendo victoriosas de las encarnizadas luchas por los índices de audiencia.Es por ello que en marzo se prodigan pocas novedades y solo se abren paso las valientes que saltan a la palestra con ese halo revolucionario de quienes no se conforman con las migajas del share. Lo quieren todo y lo quieren ahora. Se abren paso a puñetazos de calidad. Da igual que el invierno se haya despistado y la primavera todavía esté a la espera: las series están aquí para recordarlo. Esto es Marzo.

Siempre encabezando los estrenos, nuestra cadena amiga Netflix, esta vez con la segunda temporada de Jessica Jones, serie muy esperada después de los fiascos de Iron Fist y Los Defensores. Se puede dividir en dos partes perfectamente diferenciadas: una que englobaría los seis primeros capítulos y la segunda, que llegaría hasta el final.

La primera abandona la etiqueta de los superhéroes para zambullirse de lleno en el noir, fiel a los cánones más clásicos del género. Todo, desde la cabecera inicial hasta su hipnótica música nos sumerge en el cine más negro como si de una película de John Huston se tratase. En claro homenaje a esos títulos detectivescos, se centra en una investigación que obliga a Jessica a indagar en su pasado, en sus miedos, en sus recuerdos olvidados; una investigación regada en güisqui que la consume, proyectando una imagen triste y solitaria sobre el lienzo gris de la ciudad de Nueva York.

Y quizás sea esta parte la más destacable, ya que en su segunda fase se vuelve la vista hacia esa Jessica Jones superheroína, con más acción y más espectacular, pero, por desgracia, más vacía. Porque, con el cambio de tercio, se echa en falta algo que en los primeros capítulos, por su construcción como libreto de cine negro no era necesario, pero que en esta segunda deja la serie huérfana. Y esto es ni más ni menos que un villano. Porque mientras se siguen pistas de un caso confuso, la investigación llena todo el espacio; pero cuando esta concluye y hay que cerrar la historia, se necesita un antagonista a la altura. En este caso esta figura no existe y por muy carismático que sea el personaje de Jessica Jones, que lo es, todo superhéroe se mide por la grandeza de su némesis: Batman y Joker, Spiderman y Duende Verde, Daredevil y Kingpin, Superman y Lex Luthor… Y ante dicha ausencia, esta segunda temporada queda relegada a la consideración de obra menor dentro del universo Jessica Jones. Aunque infinitamente mejor que Iron Fist o Los Defensores, por supuesto, los pocos segundos que Killgrave aparece en pantalla elevan la calidad de la trama de forma exponencial, incidiendo en la idea de que esta necesita un villano como el comer.

Otro estreno interesante, aunque imperfecto, ha sido Seven Seconds, la producción de Netflix con un estilo más cercano al de la HBO hasta el momento. Serie de corte clásico, desarrollo pausado, con acento en los personajes y que utiliza el argumento principal como vehículo para presentar un montón de temas candentes de los que nos muestra varios puntos de vista y sobre los que nunca toma partido. El análisis concienzudo y moral de dichos casos queda para el espectador. A partir del atropello de un chico negro por un policía y su posterior investigación, brotarán temas como el racismo, la homosexualidad, la familia, la lealtad, la discriminación o la justicia, con sus correspondientes claroscuros. Falla, quizás por inexperiencia, en el desarrollo de personajes, con cambios demasiado bruscos que no quedan muy bien explicados a pesar de que la serie se centra precisamente en eso: en cómo reaccionan las personas a situaciones extremas que les sacan fuera de su zona de confort. A este fallo contribuyen la cantidad de personajes protagonistas el gran número de temas que la producción quiere denunciar, tan excesivo que no acaba de profundizar en nada. Sin embargo, es una serie notable que gustará a los seguidores del buen cine policiaco y que abre una vía desconocida en Netflix hasta el momento y que puede aportar grandes alegrías a sus seguidores.

Siendo importantes las novedades del mes de marzo, más peso tienen aquellas veteranas que, con más de cien capítulos a sus espaldas, se mantienen en primera línea de parrilla. Pero, al igual que Julio César en los idus de marzo, puede que su soberbia les pase factura. Aunque se les avisa de que van a la deriva, no quieren o pueden enderezar el rumbo. Julio César fue advertido de la traición pero desestimó el peligro; el resultado fue su muerte.

La serie que mejor representa este grupo es The Walking Dead (AMC), ahondando cada vez más en la espectacularidad por encima de la historia, aunque, a pesar de ello, incrementa con cada temporada la base de sus fans. Serie de gran presupuesto pero hueca, mantiene su interés a base de pequeños hitos esparcidos a lo largo de extensas temporadas intentando arrojar algo de consistencia al conjunto. El inicio de la mid season trajo la muerte de un personaje importante que aportó carnaza suficiente para que se hable de ella, pero el resto sigue naufragando a la deriva: se quiere estirar el conflicto entre Rick y Negan hasta límites insospechados, dando como resultado algunas situaciones absurdas; muy espectaculares y con cientos de zombis, pero absurdas. Va a ser esta desidia, este deambular hacia ninguna parte, la que acabe por matar la curiosidad y el interés y, por tanto, la serie.

La que sigue exprimiendo limones y no parece tener fin es This is Us (NBC), que en esta segunda temporada mantiene el tono y la calidad de su inicio. Por fin se desvela el macguffin de la primera temporada, ese evento del que nadie quería hablar y que parecía suponer el final de serie. Sin embargo, a pesar de la revelación, todo sigue avanzando en la misma dirección a base de buen rollo y toneladas de azúcar que harán llorar y emocionarse a cualquiera que ose adentrarse en la vida de la familia Pearson.

Gotham (FOX) es otra serie que comienza a mostrar síntomas de agotamiento después de cuatro temporadas con altibajos, pero entretenidas, acomodándose en el papel de serie menor de superhéroes. Tiene, además, un serio problema: cada vez que el protagonismo recae en Bruce Wayne el interés decae hasta límites insospechados. Los personajes más importantes se han estancado y todas las tramas giran en torno a cuatro o cinco protagonistas, lo que acaba dando una sensación de endogamia seriéfila. Debería renovarse, sobre todo sus villanos, si quiere mantenerse a flote.

Para finalizar quiero comentar algo sobre la comedia surrealista The Last Man on Earth (FOX), que sigue ahondando en la locura de un pequeño pero entrañable grupo de supervivientes que se enfrenta a situaciones cada vez más inverosímiles a las que los protagonistas reaccionan de forma cada vez más absurda. El resultado es una comedia que todavía mantiene su frescura y nuestra expectación, aunque solo sea por ver hasta dónde pueden llegar los guionistas sacando jugo a una idea que parecía no tener recorrido más allá de un par de temporadas.

Poco que objetar, por tanto, a este mes donde las series se van posicionando para terminar sus días antes de que el verano llame a su puerta. Eso sí, aún quedan unas cuantas regazadas que se tienen que unir a la fiesta, empezando por la vuelta de The Handmaid’s Tale (Hulu) y de Westworld (HBO). Casi nada. Pero todo esto vendrá con las nuevas lluvias, en abril.

El seriéfilo

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Desde hace mucho, mucho tiempo, en un sofá muy lejano, vive enterrado bajo una montaña de DVDs un ermitaño que se alimenta de todas las series que caen en sus manos: americanas, inglesas, buenas, malas… Nada es suficiente para saciar su hambre voraz de ficción televisiva. Es el Seriéfilo, y través de La Soga se comunicará con el mundo.
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