Il Milan di Sacchi, el A.C. Milan de finales de los años 80 y principios de los 90

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Estratégicamente situada a las puertas de la Península Itálica, Milán y la región de Lombardía han sido el centro de constantes tensiones durante siglos. Los celtas, los romanos, los godos, los lombardos, los españoles y los austríacos han controlado la ciudad en alguna etapa de su historia. Una ciudad, Milán, que aún hoy es el centro de la economía y un importante polo cultural de Italia.

El A.C. Milan es uno de los dos grandes clubes de la ciudad de Milán. Solo abandonó la Serie A en dos ocasiones, en la temporada 79-80 y la 81-82, sorprendentemente cerca de su gran época dorada. Posee 18 títulos de liga, empatando en segundo lugar de la clasificación histórica de campeonatos con su gran rival, el Inter de Milán, y por detrás de la Juventus. El club tiene también 7 Copas de Italia, pero su gran torneo es el europeo. Y lo es gracias a uno de sus equipos más legendarios, aquel que en Italia aún es conocido como il Milan di Sacchi; también como gli Invincibili di Sacchi (los invencibles de Sacchi), dejando clara la categoría de una de las mejores plantillas de la historia del fútbol.

Aquel equipo, dirigido por el llamado Profeta de Fusignano, cambió el equilibrio del fútbol italiano y europeo. Su devoción por el calcio totale, el 4-4-2, la línea defensiva, la presión en todo el campo y las grandes estrellas en ataque, permitió a los rossoneri llegar a la cima del fútbol con una identidad de juego que creó escuela, sobre todo en Italia. Muchos intentaron emular al técnico de la Romaña, pero todos se quedaron en el intento de imitar su modelo. También sus grandes rivales nacionales, como el Inter de Orrico o la Juventus de Maifredi.

Pero, ¿cómo nace la revolución sacchiana? En primer lugar y por encima de todo, gracias al talento indiscutible de sus jugadores. El Milan que ganó 2 Copas de Europa y 2 Intercontinentales consecutivas (así como 2 Supercopas italianas y otras 2 europeas) tenía en sus filas un histórico trío de jugadores holandeses: Van Basten, Gullit y Rijkaard. Muchos han comparado el talento de los tres tulipanes con el de los suecos de los años 50, en el llamado Milán de los Gre-No-Li (Gunnar Gren, Gunnar Nordahl y Nils Liedholm). Pero lo cierto es que el trío de ases de los Países Bajos logró ir un paso más allá.

El cisne de Utrecht, Marco Van Basten, era uno de los mejores delanteros vistos en Italia hasta la fecha. Ganó tres balones de oro, pero una temprana lesión lo alejó de los terrenos de juego. Gullit representaba la «potencia al poder», como decían en Italia. Su espesa y larga cabellera, su imagen, es tan recordada como su derroche de energía sobre el campo. Rijkaard, por su parte, era el cerebro pensante. El guía que ayudaba a dar cada paso al resto del equipo.

Además, el nutrido grupo de italianos que les acompañaba sobre el campo (entonces sólo se permitían tres fichas extranjeras por equipo) no desmerecía. La defensa estaba encabezada por el capitán, Baresi, un hombre carismático en los vestuarios y metódico en lo táctico. A su lado, Tassotti y Maldini, mucho más que simples defensas. Donadoni y Ancellotti (verdaderos discípulos sacchianos, más tarde inquilinos de los banquillos más importantes del mundo, sobre todo en el segundo caso) eran la viva imagen de las cualidades del equipo: tenían una capacidad técnica por encima de la media, pero, sobre todo, una responsabilidad y una implicación con respecto a las indicaciones que llegaban del banquillo fuera de lo común.

Una de las grandes gestas recordadas por este A.C. Milan fue aniquilar al Real Madrid. En las semifinales de 1989, el Milan impuso su calcio en el Santiago Bernabéu (aunque con un igualado resultado de 1-1); sin embargo, en el partido de vuelta, San Siro dictó sentencia: 5-0 para los rossoneri. La final contra el Steaua de Bucarest no será recordada por el resultado (4-0), ni por el modesto adversario, sino por el público. Fue un verdadero éxodo de aficionados milanistas: 80.000 tifosi rossoneri aterrizaron en el Camp Nou, en lo que fue un verdadero movimiento masivo de la hinchada del Diàvolo (el Diablo es uno de los apodos del club).

Pero el equipo de Sacchi también sabía sufrir. En el frío de Tokyo y con toda una hinchada trasnochando para asistir a otra gesta de su gran equipo, el Milán ganó la final de la Copa Intercontinental al Nacional de Medellín, con gol de Evani en el minuto 119 de la prórroga. El año siguiente se coronó de nuevo como campeón del mundo con un contundente 4-0 contra el Olimpia de Asunción. Este Milan, el de Arrigo Sacchi, dominó el fútbol europeo de aquellos años con puño de hierro. No obstante, como a todos los equipos, al equipo imbatible un día se le apagó la luz. O quizá, mejor dicho, se apagó la luz del Vélodrome de Marsella y entonces, Adriano Galliani (uno de los directivos del club) decidió retirar el equipo del campo. Era el año 1991 y, tras aquella decisión tomada tras una interrupción momentánea de la electricidad del campo francés, el A.C. Milan perdió 3-0 en los despachos y quedó eliminado de la Copa de Europa. Un final amargo para un equipo eterno.

Tras el Milan de Sacchi el fútbol italiano nunca más volvería a ser lo mismo. Los resultados en aquellos años son espectaculares: el A.C. Milan, tras años de anonimato (e incluso el descenso del club) ganó un Scudetto, 2 Copas de Europa, 2 Copas Intercontinentales, 2 Supercopas de Europa y una Supercopa de Italia en cuatro años. Todos habían tenido que hincar la rodilla ante los invencibles de Sacchi.

Aquel Milan es considerado por muchos actores importantes del calcio como el equipo italiano más fuerte de todos los tiempos, junto con los más antiguos grande Torino y grande Inter. El Milan de Sacchi quedará siempre en la historia del fútbol italiano. Desde los años 90 hasta hoy, las innovaciones tácticas que introdujo han seguido siendo visibles en otros equipos italianos como por ejemplo el Milan de Carlo Ancelotti o la Roma de Luciano Spalletti, dos equipos entregados a la presión y los rápidos contraataques, aunque partiendo desde el 4-3-2-1 de Ancelotti, y el 4-2-3-1 de Spalletti.

La nueva filosofía del entrenador de Fusignano cambió profundamente la idea del fútbol en el país transalpino: los métodos modernos de entrenamiento, la visión del equipo como un organismo, la ayuda mutua de todos los futbolistas en el campo, la mentalidad ganadora… Es el legado del entrenador que más ha innovado en el fútbol italiano en las últimas décadas. El entrenador que fue capaz de poner nombre a un equipo campeón: il Milan di Sacchi, gli invincibili di Sacchi, uno de los equipos más recordados de la historia del fútbol:

Pentayus

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Editor-redactor del Blog El domingo a las cinco y editor-tertuliano del Podcast Lleno hasta la bandera
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