Intelectuales franceses en el punto de mira de la CIA – 3 de mayo de 2017

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La CIA no siempre contradice su nombre. La Agencia Central de Inteligencia también espía a la ídem, como revela un documento ahora desclasificado. Es de 1985 y se titula Francia: la deserción de los intelectuales izquierdistas. En veinticinco páginas analiza el ambiente del pensamiento en un país donde la izquierda ostentaba entonces la hegemonía de las ideas, y era gobernado por el socialista Mitterrand. Para alegría de los agentes, los sabios de café ya no eran pro-soviet. Y la nueva generación era anticomunista y liberal. Los nombres de los buenos nuevos filósofos todavía escriben hoy en Le Monde. O en El País: Francia es buen faro para pueblos menos iluminados.

Bernard Henri-Levy era uno de estos nuevos filósofos amados por el espionaje de Estados Unidos. BHL es un dandi y un pensador de acción. Camisa blanca cuello mao desabotonada hasta el esternón, bronceado costa azul y gafas de sol: así luce hasta en su photobook por las playas de Libia, a donde se desplazó en vanguardia de la guerra para pedir bombas contra Gadafi. No se le ha vuelto a ver por allí. En Siria no consiguió repetir hazaña; pero suyas fueran las primeras lágrimas por los niños de Alepo. La CIA veía una promesa en BHL en 1985 y acertó. Donde el filósofo pone la palabra, la OTAN lanza un misil. Es la solución a la vieja contradicción entre teoría y práctica.

BHL es uno de los intelectuales que apoya a Emmanuel Macron, tal vez atraído porque el candidato, además de banquero Rothschild, es licenciado en filosofía. Lo que no se sabe es si Henri-Levy acudió a las cenas que Macron organizaba para preparar su candidatura. Sí que pasaron por ellas políticos, empresarios, periodistas y artistas. Y tal vez algún agente de la CIA, feliz de cambiar los nicotínicos cafés de Saint-Germain por un ático acristalado con vistas al Sena. Macron es discípulo de Paul Ricoeur, aquel que dijo que Marx, Nietzsche y Freud eran los maestros de la sospecha: los que señalaron que lo que pensamos de nosotros mismos es, por lo general, falso.

La verdad fue un concepto que los filósofos postmodernos franceses sepultaron a finales de los años ochenta. Seguramente les parecía seca, recia y apaisanada, como el marxismo, la URSS y el color rojo, en general. Sus teorías de que la historia no eran más que relatos y de que no había clases sino individuos consumidores fueron abrazadas con entusiasmo en los campus de Estados Unidos. La French Theory olía a victoria al término de la Guerra Fría cultural que ganó la CIA y de la que es hijo Macron. Pragmático. Ni de izquierdas ni de derechas. De ideología «energética», como el subidón de una buena raya de acciones. Quién dijo que los intelectuales no pueden hacer política.


Notas de Extramuros es una columna informativa de Siglo 21, en Radio 3. Puedes escucharla en el siguiente audio y acceder al programa pulsando aquí. También puedes revisar todas las Notas de Extramuros en este tumblr.

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