Jose Javier González: «No expondría lo perfecto»

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Cuando uno pasa el tiempo suficiente junto a Jose Javier González empieza a tomar consciencia de objeto y siente cómo empieza a formar parte de un microcosmos en constante recreación y entiende la mirada de quien contempla la realidad como la ficción que es. Su minuciosidad, aquella que le otorga premios, colaboraciones y un lugar en destacadas salas de nuestro país, nos habla de quien permanece en estado de alerta continua. Su poesía (cercana, sugerente, concisa) actúa como la certera glosa que oculta en cada una de sus imágenes: ese otro yo, el que aguarda en la sombra, el que siempre está presente.

Jose Javier Gonzalez

¿La fotografía lleva inherente un compromiso con la sociedad?

Aunque algunas veces sea de manera inconsciente creo que sí, pero cuando tienes que analizar una acción fotográfica resulta inevitable que se aprecie ese compromiso. Una muy buena opción para expresarlo mejor (que en la actualidad está teniendo auge y éxito por la reconocida calidad de los fotógrafos y editores españoles, como es el caso de Gonzalo Golpe) es la del fotolibro, medio donde es más fácil combinar la expresión escrita (aunque pueda ser meramente conceptual) con la imagen. En mi caso lo he aplicado en mis exposiciones y series evitando estéticas aisladas de la realidad, tratando de hacerlo con realidades paralelas al evitar cánones del momento, puede que más clásicos de lo que quisiera pero no a la moda.

¿La imagen llega o se busca?

A veces llega, pero normalmente la buscas y no siempre la encuentras, bien sea porque es el resultado de la planificación de un trabajo sobre un determinado tema o porque en un recorrido ciudadano aparece. Cuando llega hay fotógrafos que tienen la suerte de estar en el momento justo, pero es muy difícil saber aprovecharlo. El resultado de la búsqueda aparece porque tu mirada está en ello, parece que pasa por encima de las cosas pero a menudo retrocede sobre tus pasos para disparar, porque en el archivo visual inmediato quedó algo que resiste al olvido. Evidentemente a eso se llega a base de equivocarse y de educar la mirada, aunque tal vez ya esté educada desde siempre, porque esa mirada sea tu particular estilo. Hay que ser capaz de no reproducir lo que otros ya han hecho y evitar que tus imágenes se asocien a ellos. Sucede cuando alguien te dice que una determinada imagen le recuerda a otro fotógrafo o a un estilo gráfico periodístico en particular, sin embargo es una satisfacción cuando es al contrario, pues saben que tal imagen es tuya porque tu estilo es reconocible.

Òxido, agosto 2007

Òxido, agosto 2007

Has conseguido el Premio del Público en el concurso Tu entorno, PhotoEspaña y La Fábrica editorial, junto con finalistas en el Ciudad de Huesca, Cercanías Madrid, Fujitsu y Las Rozas. ¿Qué proporciona un certamen para la vida de un fotógrafo?

Al comienzo parece que te vaya la vida en ello, hasta que descubres que es lo de menos, que lo verdaderamente importante es tu satisfacción con el trabajo hecho. Hay muchos certámenes que se convocan bajo un lema en particular y luego no entiendes por qué las imágenes premiadas no se ajustan al lema. Otras veces parece que prima el uso y abuso de Photoshop, ya que por desgracia hoy en día para mucha gente no parece que tu imagen sea buena si no aparenta eso. Por último, en un paralelismo con los certámenes de poesía, parece haber especialistas en concursos de fotografía. Sin duda ganar el premio de Pilar Citoler (es un ejemplo) te daría un prestigio, pero creo que es difícil colocar tu foto en esos lugares sin ser conocido y sin un historial a tu espalda. Lo mismo que sucede con muchos premios de poesía.

Dentro de tus múltiples exposiciones (Galería Montsequi, Marseille, Sala XIII, PhotoEspaña y Fundación Canal, etc.) hemos podido ver una obra que has comenzado a mostrar públicamente a partir de 2005. ¿Por qué en ese momento y no antes?

Uno hace su trabajo a lo largo del tiempo y asume que tiene una estética y una manera de hacer las cosas, aunque lo que le consume las jornadas es la profesión con fines alimenticios que ejerce. Con los años vienen los desengaños y la toma de conciencia ante el paso del tiempo. En mi caso tuve la suerte de ser animado por Esther Muntañola, una excelente pintora y poeta, que me hizo creer en mí mismo y en la posibilidad de compartir mi trabajo (foto, poesía). Esos momentos son los que te pueden cambiar la vida, si alguien es para ti una seria referencia artística, te empuja a ello y además te muestra su admiración, nunca se lo agradeces lo suficiente.

Una imagen que nunca expondrías.

Todas son susceptibles de ser expuestas. Cuando comento con alguien que comienza y pregunta en las redes sociales, intento animar a que no desechen experimentar, sea con encuadres, enfoques y desenfoques, temas, etc., porque hay personas que aún se creen obligadas a obtener la foto perfecta, entendiéndolo como bonita, encuadrada y con las medidas estándar. Tal vez por ser bastante miope tengo afición por el desenfoque y la nebulosa… No expondría lo perfecto, y hay tanto de eso…

Reme

Reme, mayo 2011

Lo mejor y lo peor de tu trabajo.

Si te refieres puramente a lo que hay antes o después del disparo… para mí lo mejor es la parte previa y el propio trance del disparo. La planificación y elección del tema te llevan a pensar y a desarrollar la creación de la fotografía propiamente dicha, aunque cuando te metes en harina y estás trabajando con la cámara puedes llegar a un momento de clímax muy satisfactorio («el trance es lo que cuenta, no el resultado» decía García-Alix) si consigues lo que pretendías o si, en el caso de personas, la respuesta del modelo sintoniza contigo y consigue ir en la línea deseada o incluso enriquecerla.

Lo que menos me gusta es cuando la imagen conseguida hay que trabajarla en exceso en el laboratorio, o sea, la postproducción, y no digamos la fase de impresión, pruebas y últimos ajustes, la odio. Lleva demasiado tiempo e interrumpe el ritmo creativo. La verdad es que en esta fase puedes llevarte gratas sorpresas porque descubres mejoras o aspectos que pudieron pasar desapercibidos, en particular cuando no realizas fotografía de estudio.

Hay una relación entre tu poesía y tu fotografía, con un gusto por la sencillez y la concentración. ¿La poesía completa esa parte del retrato en la que no estás presente?

Sí y no, me gusta hacer poemas que son como imágenes, pero he notado que estos poemas no se suelen considerar igual que otros menos «gráficos», se tiende a valorarlos únicamente como tales imágenes. Sin embargo con los poemas que no configuran de inmediato una imagen en la mente del lector es difícil crear situaciones fotográficas que reproduzcan los ambientes que describe esa poesía y que transmitan su equivalencia. Sin embargo, cuando lo consigues, la recompensa es mayor, y más si tu estilo no es barroco sino sencillo y concentrado, como dices. Hay retratos que hablan y explican tal cantidad y complejidad de vivencias que harían falta más de mil palabras para hacer la transcripción. Otras veces un poema necesitaría una secuencia de imágenes para que el resultado fuera equivalente, o un vídeo… pero eso son palabras mayores.

La fotografía, como yo la entiendo, puede ser una forma de poesía y, como en ella, no cuento con expresar mis sentimientos abiertamente sin dejar un margen a la aportación del lector-espectador.

Cosas

Cosas, noviembre 2014

En tu poema La colina de las mimosas podemos leer: «Gotea el silencio. / En la ligera oscuridad de nuevo caen torres (…) / Así se desvanecen los sueños». ¿El fotógrafo o el poeta es más consciente de la mortalidad?

La poesía permite una cirugía más fina y profunda, del derecho y del revés, de la vida que es la muerte continua. En la fotografía se deja más campo para operar al espectador, más libertad para que, en definitiva, sea él mismo quien se autoinfrinja ese daño que le haga sangrar, aunque bien es verdad que hay imágenes que te hielan la sangre por sí solas. Siempre dependerá de las experiencias vitales del espectador y de qué nivel parta ante la imagen que observa. El fotógrafo lo siente cuando dispara, pero lo siente en sí mismo y la imagen puede que no llegue a transmitir (o no deba) esa particular adaptación-personalización de la emoción en beneficio de la deseada aportación del espectador. Como fotógrafo, soy muy curioso del efecto de mis imágenes en las emociones del espectador, siempre que él lo quiera expresar. Me permite comparar con mi propia experiencia del acto fotográfico y descubrir nuevas vías que me puedan dirigir en sucesivas experiencias.

Para mí es difícil separar la mirada poética de la mirada fotográfica, de hecho casi todas mis series llevan asociada una cierta poesía propia o referenciada, como es el caso de la última llamada «Cosas»: «Lo que dejan de hacer / si la mano no está, / las Cosas callan, cesan».

¿Qué nos debería quitar el sueño?

El conformismo y la falta o disminución del espíritu crítico en todos los órdenes de la vida, no solo en el arte y en la fotografía. La consecuencia de ello la estamos sufriendo a diario en cuanto al tipo y cantidad de propuestas culturales que llegan al ciudadano. Realmente es un problema de educación, si tenemos en cuenta cómo la gestionan los políticos, pasa lo que pasa. En el fondo, esa gestión fomenta el adocenamiento, o sea, la falta de crítica, la afición por la comodidad, lo bello y bonito, lo fácil, el continuismo en definitiva… el no salirse de la linde, y ahí es donde hay que poner la atención para facilitar, que no subvencionar, la exposición pública de las nuevas tendencias y formas de expresión artística, sea teatro, cine, fotografía, pintura, música contemporánea, etc.… no todo va a ser monólogos graciosos, grandes musicales y reposiciones de óperas de toda la vida.

Existe rechazo hacia la distorsión por lo que conlleva de ruptura con el canon establecido por y para la mayoría. Hay recelo a asumir que un desencuadre sugiera la existencia de acción adjunta, de participación en el entorno cercano. Ambas técnicas cumplen perfectamente con su cometido a la hora de estimular al espectador, pero es él quien debe poner de su parte para que esa ayuda externa no se vea como marginal o simplemente provocadora, sino como excitante de su imaginación, como llave para cruzar el umbral cotidiano, anodino y recatado y, así, ayudar a lograr, poco a poco, un ensanchamiento de miras que no viene nada mal en estos días.

Final

Final, agosto 2012

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Twitter: @nestorvillazon

1 comentario

  1. sagobo@telefonica.net on

    Llevo siguiendo a Javier desde hace mucho tiempo. Me gusta su interes por el objeto, la persona y el concepto. Es un apasionado de lo que hace y asi lo demuestra con sus trabajos. Adelante, hay mucho que escribir y describir ahi fuera

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