Juez Dredd y la pantalla (I): cuando Sylvester Stallone se disfrazó

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El Juez Dredd es, a día de hoy, una de las figuras más importantes de la cultura popular británica. Una personificación de la ley en un mundo que recuerda demasiado al que Thatcher y compañía trataron de construir en las islas desde finales de los años setenta. Una parodia que habla de la realidad sin tomársela en serio porque así duele menos, aunque se digan las mismas verdades. Y un producto de su época que llegó demasiado tarde al cine.

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El futuro de Juez Dredd podría considerarse, seguramente, el sueño húmedo de un fascista de la vieja escuela. Tras unas guerras nucleares terribles, la humanidad ha quedado confinada a las megaciudades: unas urbes sin aparente fin, llenas de toda la escoria que puede esperarse de las grandes ciudades a una escala casi inconcebible. Pero por suerte para Megacity Uno, donde la acción tiene lugar, los jueces son los encargados de mantener el orden. Estos son a la vez juez, jurado y verdugo, policías omnipotentes que juzgan y castigan al criminal al mismo tiempo que lo detienen.

Y entre ellos destaca por méritos propios un superhombre, el Juez Dredd, fruto de un programa de clonación, el sirviente perfecto de la ley, a la que nunca traicionará. Violento y falto de compasión, sería el policía ideal desde la óptica de los conservadores británicos, los mismos que querían establecer campos de concentración para desviados sexuales.

La creación de Dredd tuvo lugar en 1976, con James Callaghan en el gobierno de las islas, aunque los laboristas estaban en minoría en la Cámara de los Comunes. A pesar de que el triunfo conservador aún tardaría tres años en llegar, la sociedad británica estaba ya sumergida en un periodo convulso que veía cómo los partidarios del Frente Nacional no dejaban de crecer en número y que terminaría dando el poder a Margaret Thatcher.

Para 1977, el año de la explosión punk en las islas, Juez Dredd se convirtió de la mano de The Robot Wars en el personaje más popular de la mítica revista 2000 AD. En otro ecosistema seguramente hubiese sido aquel el momento adecuado para que hubiésemos visto la primera adaptación cinematográfica del personaje. Por desgracia la industria británica no estaba preparada, ni lo estaría durante muchos años, para enfrentarse a la posible adaptación de una locura futurista como la narrada en el cómic.

Construyendo al Juez Dredd de Hollywood

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Varios diseños desechados de Gianni Versace para Juez Dredd

En Hollywood, sin embargo, debieron pensar que la ciencia ficción con un toque paródico podía funcionar allá por mediados de los años noventa. Así que se pusieron manos a la obra y adquirieron una historia escrita por Michael De Luca y que sería tratada por William Wisher Jr. y Steven E. de Souza.

Quizá merezca la pena pararse un poco en la figura de De Luca, guionista y productor de carrera difícilmente comprensible. Al mando de los guiones tiene una carrera muy limitada pero que contiene un clásico del cine de género como En la boca del miedo (In the Mouth of Madness, 1994), una película alimenticia como Pesadilla final: La muerte de Freddy (Freddy’s Dead: The Final Nightmare, 1991) y su particular aportación al universo de Juez Dredd. Sin embargo en labores de producción llegó a ser el encargado de toda la New Line Cinema y aún a día de hoy sigue en activo y presente en todo tipo de cintas. Un hombre que lo mismo produce Dark City (Dark City, 1998) que Ghost Rider. El motorista fantasma (Ghost Rider, 2007) o Capitán Phillips (Captain Phillips, 2013). Una figura muy importante del cine norteamericano actual que entonces era un principiante algo perdido.

Como suele suceder en la meca del cine, desde que se tiene una idea hasta que esta se plasma en la pantalla pasan muchas cosas. Una de las más importantes es el casting, sobre todo si hablamos de una gran producción de acción en los noventa. De hecho el primer candidato para ponerse en la piel de Dredd no fue otro que Arnold Schwartzenegger, aunque el papel acabase en manos de su principal rival en la taquilla. Estamos hablando, por supuesto, de Sylvester Stallone.

Juez Dredd 04El actor neoyorquino había conseguido entonces regresar al éxito tras un más que lamentable intento de imitar al austriaco en un par de cintas de humor sin ninguna gracia. Oscar (Oscar, 1990) y ¡Alto!, o mi madre dispara (Stop! Or My Mom Will Shoot, 1992) habían estado a punto de sepultar su carrera definitivamente. Pero nunca debemos dar por derrotado al semental italiano. Máximo riesgo (Cliffhanger, 1993), Demolition Man (Demolition Man, 1993) y El especialista (The Specialist, 1994) le volvieron a llevar al estrellato y le entregaron todo el poder necesario para poner en funcionamiento la película de Juez Dredd.

Es vox pópuli la tendencia de algunos actores a tratar de influenciar al máximo las películas en las que trabajan. De hecho muy a menudo estas se convierten en suyas más que en propias de sus directores o guionistas, mutando poco a poco para adecuarse a un personaje más grande que el propio cine y que se considera el verdadero reclamo del espectador. Ese poder pecuniario, derivado de que a la mayor parte de los espectadores les dará igual de qué vaya la película mientras aparezca su actor fetiche, termina derivando en un poder creativo difícilmente soportable por la mayor parte de las cintas.

Juez Dredd, de hecho, no sería precisamente una excepción. Su estrella aquí hizo un trabajo muy notable de control que la fue transformando hasta que terminó siendo una película de Stallone y no una de Juez Dredd. Esto es un tema siempre peliagudo para el aficionado a la obra original. En principio una adaptación no tendría que ser fiel para dar lugar a un buen largometraje, pero es cierto que si no vas a hacer una película de Juez Dredd… ¿para qué compras los derechos en primer lugar?

Juez Dredd 06De hecho, cuando se inició la producción se anunció a bombo y platillo que John Wagner y Carlos Ezquerra (los creadores originales del personaje) estarían involucrados en la misma como asesores. Años más tarde, Wagner explicó cómo los productores no parecían querer escucharlos demasiado y que, además, parecían tener la idea de que debían aconsejarlos sin cobrar. Cuando en Hollywood pretenden que des tus indicaciones y los ayudes gratuitamente, lo más probable es que no te vayan a hacer ni caso, y así fue. De modo que rápidamente los dos creadores se desvincularon casi totalmente del proyecto.

Por su parte el director, Danny Cannon, fue una de esas estrellas fugaces que se hundieron con todo el equipo por una película mal elegida. Muchos veían en él una apuesta de futuro interesante tras haber dirigido The Young Americans (The Young Americans, 1993), pero su carrera ha acabado en el mundo televisivo, donde actualmente ejerce de productor ejecutivo y principal director en la muy sosa Gotham.

Así pues, tenemos un proyecto que contaba con una historia original perpetrada por un guionista poco experimentado, una estrella rutilante que quería controlar toda la producción, unos creadores originales marginados y un director casi debutante. Todos los ingredientes para el desastre estaban presentes y el resultado no decepcionó. Baste señalar que hasta hubo problemas en la banda sonora, cuya composición pasó por las manos de David Arnold y Jerry Goldsmith antes de acabar en las de Alan Silvestri. La obligatoria canción tampoco fue un aspecto menos accidentado con los Manic Street Preachers abandonando la banda sonora por la desaparición de Richey Edwards y siendo sustituidos por The Cure. Su tema Dredd’s Song debe ser, ciertamente, lo mejor de la película.

Reconozcámoslo, a ratos parece que la producción estaba maldita.

Stallone como Dredd

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Y sin embargo hasta aproximadamente el minuto veinte de la cinta, uno no acaba de imaginarse el desastre que terminará mostrándose ante sus ojos. Stallone puede dar el pego pese a que el uniforme diseñado por Gianni Versace se parezca en exceso a una malla de ballet en lugar de a una supuesta armadura de kevlar. La lucha entre bandas en un par de manzanas de Megacity Uno es un tema clásico del personaje. De acuerdo, Roy Schneider ya está suelto y haciendo de las suyas como ese clásico secundario cómico al que uno querría matar, pero hasta es posible pasarlo por encima unos minutos y cruzar los dedos esperando una pronta desaparición.

Pero en cuanto el Juez Dredd se quita el casco todo se derrumba. No nos equivoquemos, esto no es una pataleta de fan ni mucho menos, sino la constatación de una realidad. Desde ese mismo instante la película se convierte en un vehículo más para el lucimiento de un Sylvester Stallone que en esta época no parecía siquiera capaz de concebir la más mínima profundidad en su actuación más allá de cuán fuerte pudiese gritar o cuánto pudiese gesticular. Poco a poco nos alejamos del mundo de Dredd, que visualmente estaba bastante conseguido, para ir adentrándonos en una sucesión de set pieces bastante pobres y plagadas de interiores supuestamente futuristas y de desiertos postapocalípticos que tristemente terminan siendo poco estimulantes en cuanto la cámara se acerca.

Juez Dredd 09No haremos sangre en esta ocasión a cuento de la estúpida y vacua subtrama sentimental, que no se ve ayudada por la evidente falta de química entre Diane Lane y Sly. En su lugar, merece la pena pararse a observar cómo a lo largo de la película se produce algo muy común en algunas producciones hollywoodienses y que podríamos definir como una cita compulsiva del material original. Me explico: en lugar de construir una cinta fiel a la fuente, lo que se hace es dejar caer cuantas referencias se pueda, a menudo de manera textual, de modo totalmente descontextualizado.

En el caso de Juez Dredd nos encontramos con una historia que mezcla de manera generosa parte de la trama de The Day the Law Died con un inicio sacado de Block Wars, la presencia de la familia Angel presentada por primera vez en The Judge Child y elementos sacados de The Return of Rico. Por si tan aleatorio cúmulo de referencias fuese poco, se decidió que incluir a un ABC Warrior (un robot guerrero procedente de otra longeva serie de cómics de 2000 AD) sería una buena idea. A pesar de que la presencia de Hammerstein sea curiosa al producirse el mismo año que este apareció por primera y única vez en un cómic de Juez Dredd, lo cierto es que para el aficionado medio solamente va a causar confusión.

La víctima principal de esa acumulación de material externo, sin embargo, no será tanto el espectador como la propia película. Hay que admitir que aquel que no sepa nada de la historia de Juez Dredd no va a sorprenderse si aparece de repente un robot gigante (otra cosa es lo de que semejante máquina de guerra esté tirada en una esquina y baste apretar un cable para que vuelva a estar totalmente operativa) debido a que bastante tiene con aceptar el resto de los ingredientes usados. Sin embargo, el guion se ve atenazado por la necesidad de incluir esas citas para, supuestamente, contentar al fan y no tiene tiempo para desarrollar lo que nos muestra.

La sucesión de peripecias sufridas por el Juez Dredd se convierten, así, en meras escenas de acción que se suceden ante nuestros ojos para acabar culminando en un gran final construido a toda velocidad y sin ningún tipo de respeto por la inteligencia del espectador (la introducción del personaje interpretado por Joan Chen bien entrado el último tercio de la película para tener una chica con la que enfrentar a la Juez Hershey es de premio) que desembocará en el final más tópico y predecible que podamos imaginarnos.

La derrota del Juez Dredd

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Juez Dredd fue un fracaso de público y crítica. A pesar de que a nivel mundial recuperó la inversión, de todos es sabido que los estudios americanos miden el éxito comercial de una película por la taquilla conseguida en los Estados Unidos. Pues bien, allí la película recaudó algo menos de treinta y cinco millones de dólares sobre un altísimo, para la época, presupuesto de noventa. En la crítica no le fue mejor, y de hecho el mayor logro de la película fue no ser nominada al Razzie a peor película.

En realidad podría verse esta producción como un claro reflejo del momento en el que fue rodada. Juez Dredd podría haber sido, en realidad, cualquier otro proyecto de Sylvester Stallone de la época, incluso una segunda parte de la mucho más divertida Demolition Man. Sin embargo, los derechos del Juez Dredd debían de estar rodando entre productores en aquel momento y a alguien le pareció que añadir el nombre del bueno de Dredd a la cinta solo podría traer beneficios en la taquilla.

Esta práctica, que no por habitual es menos dolorosa, ha sido siempre aprovechada en todos los campos culturales para ganar una mayor exposición. Los pastiches que solamente buscan poner el nombre de un personaje famoso para ganarse unos lectores, las películas de explotation que fingen ser continuación de un exitoso film… todo un trabajo que es orquestado desde el más alto nivel y que parece buscar que el consumidor de cultura popular termine sin poder fiarse de nada ni nadie.

Para resumir, nadie mejor que John Wagner, el creador del personaje. En una entrevista concedida a la revista Empire este no dudó en decir al respecto de la película de Stallone lo siguiente: «Eso fue lo que me molestó tanto sobre la primera película: la historia no tenía nada que ver con Juez Dredd, y Juez Dredd no era realmente Juez Dredd».

Ismael Rodríguez Gómez

Ismael Rodríguez Gómez

Lovecraftiano con solera y sherlockiano tardío. Veo demasiadas películas.

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