Marcus Garvey, Presidente Provisional de África

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La flota de barcos para retornar la diáspora africana estaba preparada. El grupo paramilitar entrenado y dispuesto, así como los Caballeros del Nilo, el duque de Nigeria, el de Uganda, el Cuerpo Motorizado Africano, la Orden de los Servicios Distinguidos de Etiopía, el Cuerpo Aéreo del Águila Negra y las enfermeras de la Cruz Negra Mundial. El objetivo estaba definido: desembarcar en un punto secreto de la costa liberiana y crear una gran república panafricanista que acogiera a todos los negros de occidente.

Corría el mes de agosto de 1920 y la Asociación Universal para el Desarrollo Negro y la Liga de Comunidades Africanas (Universal Negro Improvement Association and African Communities League, UNIA) acababan de establecer en el corazón de Harlem un gobierno en el exilio. Estaba presidido por Marcus Garvey, autoproclamado Su Excelencia, el Presidente de África. En el mástil de la entrada hondeaba una bandera roja, negra y verde. En aquel momento, la asociación afirmaba contar con cuatro millones de miembros, cifra asombrosa teniendo en cuenta que la creación de esta organización había tenido lugar apenas seis años antes en Kingston, Jamaica.

Marcus Garvey

Hombres libres

Con el fin de la guerra de secesión, en 1865, entró en vigor la ley de liberación de esclavos promulgada por Abraham Lincoln en la Proclamación de emancipación de 1863. Francia había abolido la esclavitud en 1848, el Reino Unido en 1834, el Imperio portugués resolvió la liberación en 1869 y España hizo lo mismo en 1886. Así que, a finales del siglo XIX, por primera vez desde que los portugueses iniciaron el comercio de humanos hacia América en 1441, todos los hombres de occidente podían ser considerados libres.

Pero la libertad no significaba, ni mucho menos, igualdad. La Iglesia católica mantenía una situación de patronazgo para con los libertos en las colonias del nuevo mundo, en las que su estatus solo había cambiado sobre el papel. En los territorios ingleses quedaron durante años ligados a su dueño a cambio de míseros sueldos a lo largo del llamado periodo de transición, y España, en sus territorios de ultramar, siguió distinguiendo las condiciones de ciudadano español, avecindado, ingenuo, manumitido o sirviente doméstico, igual que en el Imperio romano de Justiniano. Y es que, a pesar de la abolición generalizada, seguía habiendo muchas formas de someter sin cadenas a los libertos, a los libres de vientre y a sus descendientes. El pago de sueldos en especie, las trabas legales para la adquisición de propiedades, la negación de educación o las restricciones para circular por espacios públicos convertían a estos hombres en una especie de nuevos siervos de la tierra sometidos por nuevos señores feudales, principalmente grandes terratenientes, dueños de plantaciones y, cómo no, todos aquellos que habitaran en territorio perteneciente a la Iglesia. La segregación racial se presentó de diferentes modos dependiendo de la situación económica y cultural de las colonias, pero de una u otra manera existió en todas ellas.

La formación del hombre

Unia Flag

En el verano de 1914 Marcus Garvey viajaba en barco desde Southampton a Jamaica y entabló amistad con un antillano que regresaba a su hogar desde Basutoland, por aquel entonces colonia británica, en el actual Lesoto. Este le relató horribles y despreciables historias acerca de cómo los nativos africanos eran tratados en sus propias tierras. El testimonio le hizo reflexionar hondamente, hasta el punto de retirarle a su camarote durante el resto del trayecto. Venía tiempo cavilando una idea, a través de los años y los viajes, que llevó a efecto apenas desembarcó en el puerto de Kingston el 15 de julio. En solo cinco días organizó y fundó la Asociación Universal para el Desarrollo Negro y la Liga Imperial de las Comunidades Africanas. Su objetivo final era llevar a cabo un programa de unidad de toda la gente negra del mundo que estableciera un país y un gobierno absolutamente propio e independiente de metrópolis. Garvey, en su autobiografía, escribió: «Tal nombre pensé que albergaría el propósito de toda la humanidad negra. Así fue como para el mundo un nombre fue nacido, un movimiento creado y un hombre vino a ser conocido».

El «hombre» había nacido en Saint Ann´s Bay, en el norte de Jamaica, el 17 de agosto de 1887. Hijo de un albañil, fue el menor de once hermanos, de los cuales solo dos llegaron a la edad adulta. Dadas las circunstancias del momento, su entorno, aunque humilde, podía considerarse económicamente estable. El cabeza de familia era un hombre autodidacta que llegó a ser capataz de una constructora, diácono de la Iglesia metodista, abogado de aldea según el uso de la época (ayudaba a los analfabetos a redactar escritos públicos y resolver pleitos) y poseedor de una modesta biblioteca. Marcus Junior se contagió pronto de su amor por la lectura.

Marcus Garvey 2Mientras fue niño, nunca vio diferencia entre negros y blancos. Lindaba la casa en que se crió por un lado con el hogar de una familia blanca con cinco hijos, niñas y niños, y por el otro con la rectoría del ministro metodista Wesleyan, también blanco y con varios hijos, a cuya iglesia asistía los domingos. No hubo distinción de razas en las escuelas a que asistió, tampoco entre sus compañeros de juegos, hasta que cumplió trece años y el ministro comenzó a ver con malos ojos la estrecha relación que mantenía con su hija menor. Resolvió la situación enviando a la niña a estudiar a Edimburgo, no solo separando a los adolescentes físicamente sino prohibiéndoles también mantener cualquier tipo de contacto postal, viendo Marcus trazada, por primera vez en su vida, la línea del color.

A los diez años había entrado de aprendiz en una imprenta local y para cuando tenía catorce ya manejaba el oficio con solvencia. Hasta ese momento, jamás había escuchado la palabra negro (negroe), pero ya empezaba a darse cuenta de que los juegos infantiles habían quedado atrás, y con la madurez pudo comprobar cómo sus antiguas amistades blancas fingían desconocerle y esquivaban su mirada. Con veinte años era jefe encargado de una gran imprenta y se pudo permitir asistir a clases nocturnas y continuar su educación. Comenzó a mezclarse en la vida pública y a tomar interés por la política e historia de su país y mediante la lectura fue consciente de las injusticias cometidas contra su raza. Admiraba al editor del diario Jamaica Advocate, Robert Love, siendo sus escritos, en los que el periodista abogaba por la superación del hombre negro mediante la autoeducación, su primera influencia filosófica. Más tarde la lectura de los panafricanistas W. E. B. Dubois, Frederick Douglas y Booker T. Washington influiría hondamente en la definición de las ideas que le llevarán a comprometer su vida con la lucha negra.

Emigró a Costa Rica, donde consiguió empleo en la United Fruit Company, para comprobar las condiciones de ultraje y vejación a que los antillanos eran sometidos. Consiguió el puesto de editor en el periódico La Nación y más tarde en el panameño La Prensa, para continuar después su periplo laboral por diversos medios de Guatemala, Nicaragua, Ecuador, Chile y Perú. Finalmente, acabó en Inglaterra al cargo del Times and Orient Review. En todos esos lugares participó activamente en las luchas sindicales por igualar, a desempeño del mismo trabajo, los sueldos de blancos y negros. En octubre de 1913 escribió un artículo en que reclamaba un escenario anticolonialista que permitiera a los antillanos, liberados del yugo imperialista, formar naciones libres, escrito que le valió, ante la indignación de los londinenses y la presión de las autoridades locales, ser despedido fulminantemente. Fue ahí cuando se dio cuenta de que estaba en posición de hacer algo más por el avance de su pueblo. «Determiné que el hombre negro no continuaría para ser pateado por todas las otras razas y naciones del mundo, como lo vi en las Antillas, Sur y América Central y Europa, y como leí de América (EE. UU.). Mi joven y ambiciosa mente me llevó por vuelos de gran imaginación. Yo vi ante mí entonces, como lo veo ahora, un nuevo mundo de hombres negros, no peones, sirvientes, perros y esclavos, sino una nación de hombres fuertes causando su impresión y haciendo una nueva luz para alumbrar en la raza humana. No me quedaría más tiempo en Londres, mi cerebro se encendió, había un mundo para pensar, conquistar, y yo tenía que comenzar», relataba Garvey en sus memorias.

negroCoEn los inicios de la UNIA, muchos de sus amigos no entendían su postura. Podría haber sido un hombre próspero, un empresario moderadamente acaudalado, un negro-blanco jamaicano, pero en lugar de eso elegía el camino de la rebelión, de situarse contra el gobierno y enemistarse con los poderosos. No fue hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial que los hombres influyentes de su raza abrieron por fin los ojos y comenzaron a apoyar a la recién creada organización. Esto ocurrió cuando los británicos excluyeron, por simple razón racial, a los voluntarios antillanos que aspiraban a ser oficiales en el ejército, y sin pretenderlo costearon la mayor campaña publicitaria a favor del movimiento: consiguieron que casi la totalidad de los negros jamaiquinos, el setenta y dos por ciento de la población de la isla en aquel tiempo, simpatizara con la causa de Marcus y comprendiera la racionalidad de su programa, que se basaba en seis puntos básicos:

– Promover el espíritu de la raza, el orgullo y el amor por esta.

– Contribuir a la civilización de las tribus atrasadas de África.

– Establecer comisionados y agencias en los principales países del mundo, para proteger a todos los negros, independientemente de su nacionalidad.

– Fundar universidades, institutos y escuelas secundarias para mejorar la cultura y educación de los hombres de la raza negra.

– Efectuar un intercambio comercial e industrial entre negros a escala mundial.

– Retornar la diáspora africana.

Líder de una raza

BlackStarCo-opMarket

El término diáspora africana se utiliza para definir el éxodo forzado, en época esclavista, de millones de personas de origen africano hacia los territorios del nuevo mundo. Los lugares que más descendientes negros reunían a principios del siglo XX eran Brasil y Estados Unidos, así que divulgar el proyecto en estos territorios era fundamental para el propósito. Así fue cómo, el 23 de marzo de 1916, Garvey desembarca en Nueva York con la intención de establecer contacto con las organizaciones negras del país y tantear la posibilidad de crear secretarías de la UNIA bajo el amparo de las mismas. Viajó por treinta y ocho estados de decepción en decepción, encontrando líderes que vivían a cuerpo de rey pero que realmente no hacían nada por ayudar al negro pobre, carentes de discurso y programa. Así que resolvió regresar a la gran manzana, fundar la División de Nueva York de la Asociación Universal para el Desarrollo del Negro e instruir a los nuevos miembros en las metas y objetivos de la organización.

A los pocos meses, tenía todo dispuesto para regresar a Jamaica; pero en el seno de la asociación se gestó una rebelión. Algunos de los hombres que había formado como dirigentes querían transformar la organización en un partido político para luchar por el poder, alejándose de los ideales fundacionales del movimiento, así que Garvey se vio obligado a expulsar a estos miembros y a quedarse en Norteamérica para asegurar el buen camino de la nueva facción. Renunció a la presidencia de la sección jamaiquina y se convirtió en presidente del movimiento en Estados Unidos, destinando sus ahorros a crear el diario The Negro World, primera de un conglomerado de empresas dirigidas por negros y para negros. En 1919 ya había treinta secciones de la UMIA a lo largo de todo el país, momento en que se comenzó a ejecutar el proyecto Black Star Line.

black-star-line-adEn octubre de ese año compra el primer barco de lo que primero se llamará la Compañía Naviera de Vapor Africana y crea el Sindicato Político Universal de Negros para promover reformas en materia sanitaria, educativa y en el sistema de vivienda pública. Funda asimismo la Compañía de Entretenimiento Edelweiss, que formaba parte de la base organizativa de distintos programas culturales que abarcaban desde obras de teatro, hasta bailes y veladas de boxeo. Comenzaba así la creación de un complejo entramado de empresas negras que se basaba en lo que se llamó capitalismo negro, cuyo objetivo era obtener prosperidad a través del capitalismo como hacen los blancos, pero no aspirando a la equidad social entre razas, sino obteniendo poder financiero en beneficio propio.

En diciembre sufre un atentado. El gabinete de  prensa de la UNIA informa que Garvey recibe cuatro impactos de bala, uno de ellos en la cabeza, de los que se recupera milagrosamente y que no le dejan secuelas físicas. Fue parte de una maniobra publicitaria, ya que en realidad una única bala le rozó la pierna derecha. Este asesinato frustrado le lanzará a la fama y le envolverá de un halo de inmortalidad e infalibilidad. Tras el Congreso Internacional de la Diáspora Africana celebrado en el Madison Square Garden en agosto de 1920, en el que más de veinticinco mil delegados venidos de todas partes del mundo asisten a su discurso inaugural, la UNIA conseguirá alcanzar los cuatro millones de miembros en Estados Unidos. Fueron sus seguidores los que le convirtieron, en ese momento y como él mismo se había autodefinido, en «Líder de Una Raza», al ser instituido Primer Presidente Provisional de África. Pronto consolidó los colores de la bandera panafricanista oficial, rojo, verde y negro, y presentó ante el mundo la Declaración universal de derechos del hombre negro.

El Plan Liberiano

Enviados a Liberia

Para 1922 la Corporación Negra de Industrias ideada por Garvey contaba con una cadena de tiendas cooperativas de alimentos, restaurantes, lavanderías a vapor, sastrerías, fábricas textiles e incluso una editorial. La Compañía Naviera ya tenía seis barcos y pasó a llamarse Black Star Line. Transportaba productos entre África, Caribe y Norteamérica, y ofrecía pasaje gratuito a todo aquel que deseara repatriarse al continente negro acogiéndose al Plan Liberiano de la UNIA o, como la prensa internacional bautizó, el «Movimiento de retorno a África». Mediante negociaciones con Charles Dunbar Burguess King,  presidente de Liberia, se obtuvo la concesión de quinientas hectáreas de territorio a las que llegaron un equipo de técnicos de la UNIA formado por ingenieros mecánicos, civiles y de minas, junto con tres millones de dólares de la época para invertir en infraestructuras; de este modo miles de hombres podrían establecerse en el país. No era esta la primera experiencia de este tipo: en 1894 la Sociedad para la Migración Africana, dirigida por antiguos sudistas blancos, fletó un barco con varios centenares de libertos que malvivían en Londres hacia Sierra Leona, colonia británica donde perecieron a los pocos meses víctimas del cólera y el hambre. En esta ocasión iban preparados para afrontar estas adversidades, pero no contaron con que el Estado soberano de Liberia era en realidad un territorio económicamente sometido por las potencias europeas y Estados Unidos, hostiles al movimiento de Garvey. Occidente no dejó de ejercer presión sobre King hasta que la delegación fue expulsada, las tierras devueltas al estado, y el dinero robado. Sería este el primero de una serie de sabotajes y ataques públicos en contra del líder jamaiquino, que se intensificarían hasta terminar manchando su reputación y desacreditándole.

La alianza con el Klan

Ku Klux Klan

En junio de 1922 Garvey se entrevista con Edward Young Clarke. El encuentro se realiza de forma secreta en un motel a las afueras de Atlanta. Clarke, Imperial Wizard pro tempore del Ku Klux Klan desde 1915, también era un hombre formado entre imprentas. Su padre, coronel sudista, fue el propietario del diario The Atlanta Constitucion y su hijo siguió sus pasos en el mundo gráfico al frente de las editoriales Southern Publicity Association y Monarch Publishing. Desde su punto de vista, Garvey era considerado un Moisés que resolvería el «problema negro» devolviendo a toda una raza a la tierra de la que procedían y de la que nunca debieron haber partido. Ambos creían en el supremacismo, aunque con sujeto diferente, y encontraron muchos puntos en común. «Estaba hablando a un brutal hombre blanco y él, a su vez, le hablaba a un brutal hombre negro». El líder del poder blanco y el Presidente de África dialogaban frente a frente: Garvey se había vuelto un convencido de la necesidad de preservar la pureza de raza entre los suyos, afirmando aspirar a «la perpetuación de una raza negra pura, como todos los blancos que se respetan entre sí creen en una raza blanca pura», y afirmaba que la suya era superior física e intelectualmente, pues «a pesar de todas las penosas condiciones de vida en esclavitud y la negación de educación, los suyos se levantaban siempre más fuertes, y aquellos que conseguían arrebatar el conocimiento al hombre blanco se volvían más ilustrados que estos, que permanecían por generaciones estancados culturalmente, débiles e ignorantes». Ambos salieron satisfechos con el acuerdo logrado. Clarke convino que el Ku Klux Klan compraría cientos de acciones de las empresas de Garvey, a condición de que este trabajara para debilitar a la NAACP (siglas en inglés de la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color), que ganaba fuerza en el sur del país y amenazaba con conseguir sus «descabelladas» pretensiones de igualdad de derechos civiles entre negros y blancos.

Pronto hubo filtraciones interesadas sobre el encuentro entre los dos líderes, rumores acerca de prometidos favores mutuos y sobre una posible financiación oculta. Garvey tuvo que comparecer públicamente por todas ellas. En la conferencia que se vio obligado a dar el 9 de julio, no supo explicar por qué acordó luchar contra aquellos compañeros que pretendían mejorar las condiciones de vida de los afroamericanos, ni mucho menos por qué se había asociado con una organización enemiga que durante décadas había golpeado, robado, violado y asesinado a los mismos que decía querer liberar. Admitió su admiración, ante el desconcierto y la repulsa de los asistentes, por el Klan y por cómo reconocían abiertamente que la convivencia entre razas era algo antinatural. Tampoco convenció al relatar su teoría de que la autopreservación de razas era la primera ley inherente a todo ser humano, y que la mestización e integración en la sociedad americana sería el fin del hombre negro. Sentenció tal vez con poca fortuna: «Considero al Ku Klux Klan, a los clubs anglosajones y a las sociedades blancas norteamericanas, en cuanto al negro concierne, como mejores amigos de nuestra raza que todos los grupos blancos hipócritas juntos». Independientemente de estos sucesos, parece que el acuerdo nunca se materializó y solo sirvió, si acaso, para perjudicar a los dos dirigentes. Al poco tiempo, Clarke fue encarcelado por solicitar los servicios sexuales de una menor y expulsado del Klan, y la UNIA comenzó a consumirse por las disputas intestinas entre partidarios y detractores de su presidente, al que aguardaba un golpe de desprestigio final del que nunca se recuperaría.

El ocaso de un líder

Jamaica Marcus Garvey

Las críticas contra Garvey se hacen cada vez más frecuentes y se escuchan más alto. W. E. B. Dubois, presidente de la NAACP, le acusa de ser hostil a las demás razas y de discriminar a los mestizos definiendo su carácter como «dictatorial, dominante y propio de un loco paranoico» y su antiguo mentor, el magnate egipcio Dusé Mohammed Alí (de quien Cassius Clay tomará el nombre), se desmarcó de la UNIA declarando que «su líder era un tirano con complejo de Napoleón». Algo de verdad debía haber en esta última afirmación, pues la Legión Africana llevaba meses entrenándose militarmente y, en agosto de 1922, coincidiendo con el congreso anual, Marcus desfila por Harlem montado en un carruaje, vestido de mariscal francés, y rodeado por su guardia de corps. No era más que una puesta en escena para reivindicar su poderío y su condición de comandante en jefe de todos los ejércitos negros, pero para los detractores de sus ideas y para los seguidores menos radicales, esta suntuosidad al más puro estilo de Mussolini hizo saltar las dudas sobre la estabilidad de su salud mental y las verdaderas pretensiones de sus actos.

declaration-of-rightsEn octubre de 1923, dicen que por orden de J. E. Hoover (que entonces ya encabezaba el departamento de justicia), es acusado formalmente de vender acciones de la Black Star Line a través de un folleto en el que afirman ser titulares de un barco que en realidad no pertenecía a la naviera. El posterior juicio causa expectación entre la sociedad neoyorquina de los años veinte y es ampliamente seguido por los medios de la época. Tras escuchar los alegatos finales, el jurado tardó seis horas en dictar sentencia, condenando a Garvey a cinco años de presidio por fraude accionarial, la pena máxima establecida para ese delito. Como consecuencia de ello, las acciones del entramado empresarial caen en picado y entra en quiebra. Arruinado, inicia una campaña de recaudación de fondos para costear su apelación, y sale en libertad bajo fianza de quince mil dólares, que perderá al ser rechazado el recurso e ingresar, definitivamente, en el penal de Atlanta. La organización que tanto esfuerzo le había costado levantar entraba así en decadencia, arrastrando a sus líderes: Fred E. Toole, director financiero, fue encarcelado por fraude fiscal en relación al desplome accionarial de la Black Star Line; la Tiger Division de Chicago y el Garvey Club neoyorquino mantuvieron enfrentamientos armados por disputas ideológicas que se saldaron con varios muertos; y la lideresa de la sección de Miami, Laura Koffey, fue asesinada por motivos desconocidos por dos pistoleros de la Legión Africana. Como golpe final, G. O. Marke, Gran Potentado de Sierra Leona, exige judicialmente la devolución de unos préstamos que el país había concedido a la Negro Corporation, siendo subastadas las últimas propiedades que esta conservaba.

En 1927 y como maniobra para aplacar la tensión racial que iba en aumento en Estados Unidos, el presidente Calvin Coolidge indulta a Marcus bajo la condición de ser deportado a Jamaica y no volver a pisar tierra norteamericana. Ya en Kingston, decidido a reflotar el proyecto al que había dedicado su vida pero abrumado por las deudas que arrastra, decide disolver la UNIA y refundar la organización bajo el nombre de Parent Body of the Universal Negro Improvement Asociation. Con la finalidad de recaudar fondos, realiza un viaje por Europa que le llevará por Londres, París y Ginebra. Al regresar al Caribe, y a pesar de que en innumerables ocasiones se había prometido a sí mismo nunca participar de políticas locales que lo desviaran de la universalidad de su proyecto, funda en 1929 el People´s Political Party (PPP), el primer partido moderno de Jamaica. En las primeras elecciones en que participa consigue un asiento en la cámara de Gobierno de Kingston, pero lo perderá al poco tiempo, al ser condenado a tres meses de prisión por injurias y desacato a un tribunal.

Al serle negada la posibilidad de participar políticamente en Jamaica, en 1935 obtiene pasaporte inglés y emigra a Londres, donde intenta trasladar el cuartel general de la nueva UNIA, pero sus esfuerzos no producen los frutos esperados y para subsistir se ve obligado a emplearse como periodista en la revista The Blackman. Aquí prestará servicios hasta que un 10 de junio de 1940, a los cincuenta y dos años, fallece repentinamente a causa de un accidente cardiovascular. En 1964 el gobierno de Jamaica, dos años antes independizada del Reino Unido, repatría sus restos mortales para ser honrados en una ceremonia de Estado, y nombra a Marcus Mosiah Garvey primer Héroe Nacional de Jamaica.

MemorialA pesar de sus épocas oscuras y de que jamás durante su vida pisó tierra africana, hoy en día sigue siendo enaltecido como precursor del movimiento de concienciación panafricano en el que más tarde se inspirarían otros grandes líderes de la lucha como Martin Luther King, Malcom X o Nelson Mandela. Para la religión rastafari es, además, considerado el tercer miembro de una particular santa trinidad, reencarnación de Juan el Bautista, símbolo de la devolución de la dignidad al hombre negro y profeta de la llegada del mesías que encarnó Ras Tafari Makonnen, el último Emperador de Etiopía.

Presidente Provisional de África, Comandante en jefe de todos los Ejércitos Africanos, el Moisés Negro, el Profeta, el Visionario, concluía su autobiografía con la siguiente reflexión, hablando del futuro que le aguardaba a su raza: «Cualquier vana asunción de parte del negro para imaginar que un miembro de nuestra raza podrá ser algún día presidente de la Nación, gobernador del Estado o alcalde de la ciudad en los países del hombre blanco, sería como esperar que el diablo y sus ángeles caídos entremetieran su residencia en el reino de los cielos y dirigieran los asuntos del paraíso». Tal vez el líder se había equivocado al considerar tal posibilidad una utopía, o tal vez fueran sus actos e inspiración, los del simple «hombre», los que propiciaron tal cambio en el destino de toda su diáspora, aún por alcanzar.

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