Mariano Ozores: mucho más que risas

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Con el reciente Goya honorifico otorgado a Mariano Ozores, se hizo finalmente  justicia con la figura de un director casi siempre maltratado, principalmente por la crítica, pero también por la industria, y que a pesar de todo acumuló noventa y seis películas sobre sus espaldas. No obstante, no todo en su carrera fue humor blanco, como el de sus películas con Paco Martinez Soria, o despelotado, como el que siempre se recuerda, junto a Pajares y Esteso. Hubo cosas muy interesantes y que poca gente conoce.

El atrevimiento de los grandes

Antes de meternos de lleno en faena, debemos dar un pequeño apunte: grandes directores de todos los tiempos han hecho remakes de sus propias películas. Es el caso de Hitchcock con El hombre que sabía demasiado o Haneke con Funny Games. Mariano Ozores tuvo sus propios remakes, muchos, algunos de los cuales llegaban incluso a superar a su original. Es, por ejemplo, el caso de Operación secretaria, protagonizada por José Luis López Vázquez y Gracita Morales, que en su remake contó con Alfredo Landa y Lina Morgan, para pasar de ser una buena comedia a una historia desopilante. También tendría su remake Crónica de nueve meses (1967), con El pan debajo del brazo (1984), para reflejar el cambio de la sociedad y las transformaciones producidas por la inclusión de la mujer en la misma, de un modo más evidente y marcado que en otras ocasiones.

El liguero magicoPor otro lado, Mariano Ozores siempre supo ir adaptándose a las modas sociales o políticas y a lo que el público exigía en cada momento, por lo que no es de extrañar que incluso tuviese sus acercamientos al género de espionaje, con las películas Operacíon Mata Hari y Operación Cabaretera, o, más adelante, en Qué tía la C.I.A. También mostró en muchas ocasiones su amor por el cine de John Ford, especialmente en el caso de la Inolvidable Al este del oeste, película en la que incluso podemos ver referencias casi idénticas a ciertas escenas de Dos cabalgan juntos y Centauros del desierto. Tocó el cine político en Capullito de alhelí, que recreaba el famoso 23-F desde la perspectiva de una pareja de homosexuales; y, por tocar, tocó hasta el Fantaterror de manera fallida en Brujas mágicas, pero de forma inolvidable en El liguero mágico, película en la que incluso se utilizó el mismo maquillaje de lobo que usaba Paul Naschy en sus celebérrimas películas encarnando al licántropo.

Pero como todavía habría multitud de detalles y curiosidades que desgranar de la vasta filmografía de este director, nos vamos a centrar en las que posiblemente son sus cuatro producciones menos convencionales.

La hora incognita poster

La amenaza atómica: La hora incógnita

Comenzamos con La hora incógnita (1963), que fue su séptima película y sin duda la más ambiciosa de todas las producidas hasta entonces, ya que incluso estaba producida por la propia familia Ozores, que arriesgó (y perdió) con un producto cinematográficamente más que correcto. Sin embargo, la cinta resultó un fracaso comercial que obligó al clan a echar el cierre de su productora, escapando  para siempre de lo que «no demandase el público». A pesar de todo, la película es un drama que nos habla sobre la inminente caída de una bomba atómica en una pequeña ciudad que se creía evacuada, pero en la que todavía se encontraban trece personas que nos mostrarán todos sus temores y miserias, para decidir si merece la pena  intentar sobrevivir. Con el paso del tiempo, la película ha ido consiguiendo convertirse poco a poco en un film de culto.

Morir en España poster

Un documental propagandístico… para ir tirando

Tras ese pequeño fracaso, Mariano Ozores decidió aceptar un encargo bastante peculiar: realizar un documental profranquista, que se titularía Morir en España (1964) y que surgió como réplica a Morir en Madrid, filmado un año antes en España por Frédéric Rossif y la productora Nicole Stéphane tras conseguir la autorización de Gabriel Arias Salgado. El por entonces Ministro de Información General había concedido permiso para el rodaje de un documental que, según le dijeron, hablaría positivamente sobre el gobierno de Franco, pero el resultado final ponía a parir al Régimen y mostraba cosas que no solamente jamás se hubiesen permitido difundir en aquel momento. Dicho documental permaneció durante mucho tiempo censurado hasta que finalmente y de aquella manera pudo estrenarse en 1978. Sin embargo, mientras tanto Mariano Ozores  se encargó de hacer el documental que Franco hubiese querido, aunque los resultados no fuesen ni muchísimo menos los deseados.

El rollo de septiembre poster

El Porky´s patrio , las visiones del ocaso

Tras haber pasado por distintos periodos de transición (casi al mismo ritmo que el país), el cine de Mariano Ozores quería seguir manteniendo interesado al público y, tras la época de grandes éxitos, en conjunto y en solitario, de Pajares y Esteso, era el momento de  buscar algo nuevo. Así que surgió El rollo de septiembre (1985).

Actores del rollo de septiembreInspirándose de forma evidente en películas como Desmadre a la americana (1978) o Porky´s (1982), se nos intentó mostrar la versión cañí de aquellas historias de colegios y universidades que tan lejos nos quedaban. Para acercarlas, entre los profesores y los padres nos encontraríamos con José Luis López Vázquez, Antonio Ozores o Juanito Navarro y, entre los alumnos, con  gente como un jovencísimo Gabino Diego o El Piraña de Verano azul. Lógicamente, la película funcionó regular a pesar de haberse convertido en otro pequeño título de culto, esta vez para los coleccionistas, al ser una de las primeras cintas que comienzan a mostrar el principio del fin de la carrera cinematográfica de este director.

Y es que, como antes habíamos mencionado, los tiempos habían ido cambiando y el vídeo había impuesto su ley, por lo que Mariano Ozores se vio de nuevo en la obligación de volver a adaptarse, aunque en esta ocasión lo hizo de un modo del que no pudo recuperarse: las producciones para cine de Mariano Ozores nunca fueron excesivamente costosas, pero lo rentable en aquel momento era el vídeo, así que las producciones pasaron a ser casi miserables, algo que se puede mantener mientras tengas buenas historias que contar, pero que resulta absolutamente insostenible si no hay ni historia, ni medios… ni ganas.

La publicidad encubierta de Mariano OzoresEn esta triste época del destierro a los videoclubs, Mariano Ozores lo intentó todo: desde adaptar de la peor forma posible una sensacional obra de teatro como Reír más es imposible; a seguir contando con algunos de sus fetiches, Antonio Ozores y Juanito Navarro, en Esto sí se hace (1987); pasando por otros remakes de sus grandes éxitos, como Ya no va más (1988) que nos remontaba a Los bingueros, con Antonio Ozores, Rafael Merino y un casino en lugar de Pajares y Esteso y el bingo. Una publicidad encubierta tan recurrente como casposa y molesta. Ya que como ahora podemos observar de manera habitual y medianamente disimulada en teleseries, cuando por ejemplo una familia desayuna mostrándonos las marcas de los productos que consumen, en estas películas la necesidad de ingresos de donde fuese llegaba a hacer que se modificasen las escenas sin adaptarlas al guión, llegando a darnos imágenes dantescas, para encontrarnos a personajes cortando barras de chorizo en su cocina bajo el cartel de la marca correspondiente y demás sutilezas

Veredicto implacable

Fuera de escena, a bofetadas

Pero sin duda la producción más extraña de esta etapa y posiblemente de toda la carrera del director, fue un encargo tan peculiar como irrenunciable, como condición para que le siguiesen produciendo películas y era…  una película de karate. Para explicar bien este tema habría que tener en cuenta que la mayor parte de las películas de la era del vídeo del director habían sido producidas por Carlos Cascales, que disponía de guión y actores para hacer una película de karate,pero no tenía director, por lo que impuso la dirección de Mariano Ozores, porque o la dirigía o no le produciría más películas, así que el bueno de Mariano no tuvo mucha elección…hizo lo que pudo

Veredicto implacable fotogramaVeredicto implacable (1987) es una película hecha con la plantilla predeterminada de las decenas de películas de artes marciales que llegaban a las estanterías de los videoclubs. Una película que contaba con la baza de disponer de  verdaderos campeones nacionales de karate y kung-fu, como José Manuel Egea, que llegaría incluso a ser campeón del mundo. Las escenas de lucha tienen, por tanto, un realismo superior a la media, aunque misteriosamente escasean para lo que cabría esperar en una película de karate, y el nivel interpretativo deja bastante que desear. Pero no tanto, en cualquier caso, como un guion que roza lo hilarante y que sin duda consigue que la película merezca la pena, aunque solo sea porque hay cosas que hay que ver para creer.

Esta época fue muy irregular y, aunque hubo pequeñas producciones salvables, la mayor parte de ellas causaban auténtica vergüenza ajena. No obstante, Mariano conseguiría volver a producir para el cine, obteniendo un pequeño éxito de despedida como Disparate nacional (1990), que fue el último estertor de un humor con chispa y sátira suficiente para ser recordado con cierto cariño. Tras esta película, llegarían dos series de televisión y dos fallidos intentos más por aprovechar el tirón de Disparate nacional: Jet Marbella Set (1991) y Pelotazo nacional (1993), que olvidaban la transición del humor del director a la nueva década y retomaba lo chusco y casposo de su peor época del vídeo, relegándole a un ostracismo del que hasta el reciente y merecidísimo Goya honorifico no había salido.

Disparate nacionalDesde niño, he admirado y disfrutado sus películas al máximo. Me han acompañado incluso en los peores momentos y siempre han sido capaces de sacarme una sonrisa imposible. Por eso me veía en la obligación de escribir unas líneas sobre este director que, aunque a muchos les pese, llegó a convertirse  por méritos propios en uno de los más importantes de nuestro cine. A pesar de no estar especialmente dotado ni para la dirección, ni para la escritura de sus guiones, su capacidad de adaptarse a las modas y su indudable éxito entre el público demuestran su inteligencia y merecen todo el respeto del mundo. Simplemente, ¡gracias, Mariano!

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