Periodistas políticos: más allá de las puertas giratorias – 26 de abril de 2017

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El Departamento de Estado de Donald Trump tiene nueva portavoz. Se llama Heather Nauert y viene de la televisión Fox, la gran cadena de la derecha de Estados Unidos. Nauert será la encargada de informar o intoxicar a los periodistas que cubren la política imperial. Será la melena rubia Illinois que amenazará a otros países y celebrará cambios de gobierno al gusto. En la tele presentaba Fox and Friends. Sus últimos tuits celebran una matanza de los Rangers en Afganistán, las heroicidades de un veterano con pierna biónica y el poder de fuego de la marina estadounidense. Heather no salta del periodismo a la política. Solo cambia el micrófono de la propaganda.

El periodismo nació con el poder político y las puertas que comunican los pasillos del palacio presidencial con la redacción se transitan con promiscuidad. En Europa es común. El presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, fue periodista, controlador aéreo, monosabio de Berlusconi y ahora antipopulista convencido. Más: el canciller de Austria, el primer ministro de Italia, el de Malta o el presidente de Portugal han ejercido el noble oficio. También Carles Puigdemont. Pero es en Iberoamérica donde el cambio de roles alcanza cotas homéricas: Uruguay, Colombia o Brasil han tenido presidentes periodistas. O, todavía mejor, dueños de medios de comunicación.

Los magnates de los medios también pueden mandar sin pasar por las urnas o el golpe de Estado. Agustín Edwards, factotum del grupo Mercurio en Chile, vivió para contar la llegada de Allende al poder y, sobre todo, su caída en desgracia a manos de aquellos milicos de Pinochet que apoyaba el Departamento de Estado de los Estados Unidos y el propio Edwards. En su número 42.275, el que el diario El Mercurio le dedica a su egregia figura, no aparece la sangre del Golpe, ni los nombres de los desaparecidos de la dictadura. Ese mal gusto sería cosa de políticos. O en este caso de militares. El periódico fija y da esplendor a verdades publicadas, aunque sean burdas mentiras.

Estados Unidos mintió para invadir Irak y en los próximos meses usará el mismo truco para justificar las guerras que el presidente decida mientras devora tartas de chocolate. La historia no es antídoto porque la propaganda siempre tiene a mano rubias, morenos, chicos y chicas de oro adorables como las sirenas. Contra su hechizo, uno se puede tapar los oídos con cera como Ulises. O hacer, por ejemplo, como supervivientes como el brasileño Mino Carta, que a los ochenta sigue fiscalizando al poder con hechos y conciencia crítica. El viernes hará huelga contra Temer y su gobierno golpista. Porque es reportero y no rapsoda. Ni sueña con ser un hombre del presidente.


Notas de Extramuros es una columna informativa de Siglo 21, en Radio 3. Puedes escucharla en el siguiente audio y acceder al programa pulsando aquí. También puedes revisar todas las Notas de Extramuros en este tumblr.

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