Robert Johnson, abuelo del ‘rock and roll’

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Dice la leyenda que allá por 1910 una hija de antiguos esclavos nacida en el estado de Mississippi fue seducida por un vagabundo llamado Johnson. Fruto del adulterio nacería Robert Leroy, quien hasta el fallecimiento de su padrastro no conocería la verdad sobre su origen y que, desde entonces, adoptaría el apellido de su verdadero padre.

Ilustración por Carlos Rivaherrera

Ilustración de Carlos Rivaherrera

Creció escuchando a los músicos del delta del sur interpretar  los ritmos asincopados derivados de las canciones espirituales que sonaban durante los servicios baptistas. Comenzó a tocar primero el arpa para más tarde decidirse por la guitarra, empapado ya por los armónicos sonidos de los espíritus y diablos azules, los depresivos compases de los que el blues toma su nombre. Nunca le acompañó la suerte. Con dieciocho años su esposa falleció durante el parto junto al primer hijo de ambos y Johnson, a quien nada ya retenía, partió con su desvencijada guitarra en busca del padre que nunca conoció. Viajó por todo el sur de los Estados Unidos siguiendo las vías ferroviarias, actuando en las poblaciones que encontraba a su paso a cambio de techo, comida y moonshine. Dicen quienes tuvieron la oportunidad de escucharle en esta primera etapa que era un músico mediocre, un vagabundo del que nada se podía destacar salvo, tal vez, un relativo éxito con las mujeres.

Todo cambia un día cualquiera. Robert Johnson regresa a su ciudad natal y poco tiempo después contrae matrimonio con una adinerada viuda. Sigue actuando, ya económicamente desahogado, y comienza a tener cierta notoriedad. En una ocasión toca ante Son House, otro padre del blues, que ya le había escuchado anteriormente y de quien apenas había recibido atención. Como el mismo House relataría años más tarde, se quedó boquiabierto: una extraña aura envolvía a aquel joven bluesman. Había pasado, como por arte de magia, de ser un intérprete cualquiera a poseer una ejecución perfecta, una técnica exquisita y un estilo propio nunca antes contemplado e imposible de igualar. Y ahí nace el mito del Rey del Delta Blues.

Cuentan que después de perseguir a su padre durante años recibió un recado suyo. Le citaba en un cruce de caminos junto a un viejo cementerio. Años más tarde dijeron que este encuentro ocurrió allí donde se encuentran las autopistas 61 y 49, pero lo cierto es que en las cercanías nunca existió ningún camposanto. Nunca conoceremos el lugar exacto.

Esperó durante horas apoyado contra una valla, ensayando sus ritmos hasta que le envolvió la oscuridad. A medianoche escuchó un sonido punzante que respondía a su compás cuatro por cuatro, y vio que de pie sobre las lápidas avanzaba hacia él un hombre negro,  tan negro que parecía azul, a la luz de la luna y portando una guitarra. Este, sin presentarse, tomó su instrumento y le ofreció un sencillo pacto. Le transmitiría su técnica, el dominio absoluto de los trastes, a cambio de su alma. Para sellar el trato solo debería deslizar las manos sobre el mástil que ya le devolvía. Cada vez que lo hiciera renovaría su contrato.

Robert Johnson 3Esta es la leyenda nunca confirmada, alimentada por el propio Johnson y su carácter taciturno; su puesta en escena entre penumbras y mirando hacia la pared; su fobia a ser fotografiado; las recurrentes referencias al maligno en varias composiciones y su impropio y endiablado virtuosismo.

Fue precursor de la técnica conocida como slide, en la cual se puntea una nota para después deslizar el dedo a otra posición dentro de un cuello de botella o tubo de acero, y protagonista de la evolución del blues de preguerra incorporando nuevas figuras musicales al estilo como contrapuntos y glissandos. Junto a su guitarra, siempre, una voz que cambiaba de tonalidad y textura a voluntad. Tan solo dejó registradas veintinueve canciones, grabadas en dos sesiones. Esos viejos sonidos y tres fotografías son la única prueba de que este artista existió realmente. Pero su influencia fue notable no solo entre sus contemporáneos sino también entre grandes músicos posteriores que han expresado su admiración por el Rey del Delta Blues y versionado algunos de sus temas. Peter Green, Eric Clapton, Jimi Hendrix o Jimmy Page son solo algunos de ellos.

Robert Leroy Johnson falleció el dieciséis de agosto de 1938, supuestamente envenenado. Fue el primero de la lista de grandes artistas que fallecerían a los veintisiete años entre los que se incluyen Brian Jones, Jimi Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison, Kurt Cobain y más recientemente Amy Winehouse. Considerado el abuelo del rock and roll, merece ser recordado como uno de los mejores guitarristas de la historia y un adelantado a su tiempo.

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3 comentarios

  1. Me ha gustado mucho este artículo, corto y conciso. Me habría gustado también que hubierais sido un poco más extensos en cuanto al legado musical, a porqué tengo que considerlo abuelo del rock. De todas formas ha sido un interesante descubrimiento, como decía la anterior crítica. Gracias igual, no estuvo mal.

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