El seriéfilo: julio de 2017

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Hace años el verano seriéfilo era un inmenso desierto, un páramo en el que pocas cadenas se atrevían a programar grandes lanzamientos por miedo a que la falta de repercusión mediática las engullese y las hiciese desaparecer para siempre. Este mantra saltó por los aires cuando Netflix, precisamente aprovechando esa ausencia de estrenos triple A, bombardeó publicitando una serie que a la postre sería la revelación del año 2016: Stranger Things. Es cierto que unos meses antes, a finales de mayo, se agolparon unos estrenos interesantes, como Preacher (AMC), que a pesar de no estrenarse en pleno verano, sí que nos acompañaría hasta mediados de esta época estival; sin embargo, la irrupción a mediados de julio del petardazo del canal online de referencia mandaba un claro mensaje: la gente se lleva sus dispositivos móviles a la playa y no le hace ascos a una buena serie. Sea por este u otro motivo, en julio se han visto buenas series. Vamos a ello.

Las veteranas del verano siguen a su rollo: rayando a un magnifico nivel. A destacar los dos primeros capítulos de la antes mencionada Preacher (AMC), la cual regresa como un torbellino de acción y sangre, retomando la historia que nos había dejado boquiabiertos al finalizar la primera temporada. Haciendo menos ruido pero siendo igual de absorbente, Power (Starz) regresa con una cuarta temporada que confirma el buen estado de una serie muy poco reconocida por la crítica; porque aunque es cierto que no destaca en nada particularmente, la trama fluye de forma natural y siempre apetece ver un episodio más. Como puntos menos buenos encontramos la parte de 50 Cent y el hijo de Ghost, quienes cuando comparten pantalla hacen agua por todas partes (no sé cuál es peor actor de los dos), así como la interpretación de Lela Loren (en el papel de Ángela Valdés), que se ha vuelto bastante cansina al carecer de más registros que una perpetua cara de pena. No obstante, ambos puntos negros no afectan al devenir general de la serie, la cual a pesar de llevar cuatro años en antena no muestra síntomas de cansancio y se antoja un producto perfecto para el verano. No me digáis luego que no os la he recomendado…varias veces.

Uno de los títulos más destacados que he visto este mes ha sido Handmaid’s Tale (Hulu), grata sorpresa protagonizada por Elisabeth Moss (conocida sobre todo por su papel en Mad Men (AMC), y que en el 2013 hizo una mini serie, Top of the Lake (BBC Two), que no llamó mucho la atención pero que está bastante bien y tendrá una segunda temporada de mano de SundanceTV). La historia nos lleva a un futuro distópico donde la natalidad mundial ha descendido hasta casi desaparecer. Después de una guerra civil, en Estados Unidos llega al poder un gobierno de fanáticos religiosos que mantiene el orden mediante el uso de la fuerza, estableciendo un régimen teocrático en torno a La Biblia en el que las mujeres son anuladas como personas y no se les permite ni siquiera leer. El problema de la infertilidad lo solventan juntando y reeducando al reducido grupo de mujeres que aún son fértiles, a las que llaman «handmaids», las cuales son enviadas a las casas de los miembros de la élite política para que tengan sus hijos. Bajo esta premisa se nos presenta una historia dura y difícil de ver por su crudeza, pero que deja entrever muchos de los males que ya son visibles en nuestros días por la radicalización de las posturas que trae consigo una sociedad cada vez más polarizada.

Otra serie que tenía pendiente y que no he podido desempolvar hasta ahora es Sneaky Pete (Amazon), que nos lleva al mundo de las estafas de alto nivel. En ella, un timador (Giovanni Ribisi) se hace pasar por su excompañero de celda para seguir huyendo de un mafioso al que quería timar. La constante tensión a la que se ve sometido para evitar que su nueva «familia» descubra que no es quien dice ser, a la vez que intenta reunir una gran cantidad de dinero para saldar sus deudas y salvar así a su hermano, ponen a prueba las habilidades de un Ribisi que es quien lleva el peso de toda la historia; es precisamente este frágil equilibrio de una mentira tras otra el que mantiene el ritmo de toda la trama. Sin embargo, y pese a ser una serie notable, Sneaky Pete carga con la maldición de Amazon: la de facturar productos de calidad pero a los que les sigue faltando dar con la tecle que revolucione el mercado, como sí hace Netflix, HBO, Showtime o AMC.

Como cada mes, no podía faltar la aportación de Netflix: en este caso se nos presenta Ozark, que sin ser Stranger Things (que estrena su segunda temporada a finales de Octubre) es una gran serie aunque no para todos los públicos. Y es que esa es la principal diferencia entre un buen título, una serie de culto y un éxito comercial: la cantidad de público que puedes captar. En este caso, Ozark nos habla sobre un padre de familia que se dedica a blanquear dinero para un cártel de la droga mexicano y que, por un desliz de su socio, se ve obligado a blanquear millones de dólares en un tiempo récord si no quiere que maten a su familia. La premisa es interesante, pero atrapará la atención de menos gente que una historia de un grupo de adolescentes entrañables que nos retrotraen a nuestra infancia ochentera. Si una es mejor que otra, eso ya no lo sé, pero tengo que decir que esta Ozark también me la ventilé en dos días, por lo que algo bueno tendrá. El comentario malintencionado del mes es saber si Netflix se ha guardado Stranger Things hasta Octubre por una decisión de producción sincera, o para no tener que medirse con la esperada séptima temporada de Juego de tronos (HBO), la cual copará el verano hasta finales de agosto centrando todos los focos seriéfilos. Nunca lo sabremos.

Por su parte, desde Inglaterra nos llegan para estas tardes de verano dos mini-series especialidad de la casa: Fearless (ITV) y Riviera (Sky Atlantic). La primera es un thriller frenético de seis capítulos, en el que una abogada de derechos humanos acepta retomar la defensa de un hombre acusado del asesinato de una adolescente catorce años antes, lo cual conllevará presiones tanto por parte de la comunidad como de la prensa e incluso de las autoridades, quienes tienen más que esconder de lo que parece: se trata de una historia muy entretenida llena de suspense, con giros y sorpresas que, debido a su corta duración, es perfecta para estas vacaciones. Un poco más larga (diez capítulos) es Riviera, serie ambientada en la costa azul francesa: moviéndonos entre las lujosas villas y yates de la jet-set, encontramos otro thriller en el que, tras la muerte de un rico magnate, su mujer descubrirá que este mantenía otra vida paralela llena de peligros, mentiras e intriga; también muy entretenida y perfecta para esta época del año.

El punto gamberro del mes lo pone la nueva macarrada de SyFy: Blood Drive, o lo que viene siendo la historia de una alocada carrera de coches a través de parajes post-apocalípticos de unos EE.UU. arrasados. La carrera cuenta con dos sorprendentes (y violentas) peculiaridades: los coches son alimentados con sangre humana y el último en atravesar la meta… muere. La estética y el tono de Blood Drive recuerdan poderosamente a mi mitificada Z Nation, con lo que a mí me está encantando, aunque es probable que no  sea un título para todos los públicos (y menos para estómagos sensibles que no puedan con casquería y desmembramientos varios).

Y ya para acabar, una serie veraniega a más no poder: la intrascendente Wrecked (TBS), parodia libre y en clave absurda de Lost (ABC), la cual recuerda a otras comedias de la cadena como Angie Tribeca: capítulos de veinte minutos de un humor olvidable, ligero e intrascendente, que pueden servir para esos ratos en los que el bullicio y las constantes interrupciones playeras no nos permitan mantener la concentración con una propuesta más densa.

Poco más que destacar de este caluroso Julio. Hasta el próximo mes, en el que además ya sabéis que el «winter is coming»… por mi parte solo esperar que sea verdad… ¡porque me estoy achicharrando de calor!

El seriéfilo

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Desde hace mucho, mucho tiempo, en un sofá muy lejano, vive enterrado bajo una montaña de DVDs un ermitaño que se alimenta de todas las series que caen en sus manos: americanas, inglesas, buenas, malas… Nada es suficiente para saciar su hambre voraz de ficción televisiva. Es el Seriéfilo, y través de La Soga se comunicará con el mundo.
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