El seriéfilo: noviembre de 2017

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Por la ventana se cuelan luces de colores que iluminan la noche, melodías de villancicos frustrantemente pegadizas que te taladran el cerebro, aromas dulzones de mazapanes, turrones y bolitas de chocolate que impregnan tus fosas nasales… todo señales inequívocas de que, finalmente, ha llegado el parón navideño: esos quince días de paz y tranquilidad en los que vas a poder ponerte al día de las trescientas cuarenta y nueve series que arrastras desde el año 2010. Aliviado, miras el calendario del móvil y… ¡¿Pero qué invento es este?! ¡Si todavía estamos a mediados de noviembre! Pues sí, chaval, tu gozo en un pozo. No solo vas a tener que seguir viendo series a todo trapo para no rezagarte un mes antes del parón, sino que además tendrás que hacerlo con todos tus sentidos embadurnados con el odioso espíritu navideño que tanto detestas. Moraleja: si no quieres que te vuelva a pasar algo así, sal más a la calle, relaciónate. Hasta entonces… al lío: ¡las series!

Empezamos reflexionando acerca de lo que yo llamo la súper-burbuja: dícese de la excesiva proliferación de material audiovisual referente a superhéroes. La súper-burbuja sigue creciendo, tanto en el cine como en la televisión. Haciendo recuento, al estreno de El Castigador y de Runaways (Hulu), hay que añadir The Gifted (FOX), estrenada el mes pasado e Inhumans (ABC), que se estrenó en Septiembre. Más de una serie de superhéroes por mes, lo que no está mal. Antes de nada, quiero aclarar que veo con buenos ojos que el mundo de los cómics se haya puesto de moda en la televisión; mejor esto que vivir en el olvido más absoluto como ocurría hace apenas unos años. Pero también es cierto que debido a esta gran proliferación de títulos, la calidad de los mismas es muy variable y siempre da pena ver cómo una adaptación mal hecha masacra la obra original. Por suerte, este no es el caso de El Castigador, gran adaptación de Netflix que nos devuelve a esos brillantes comienzos que nos brindaron con Daredevil y Jessica Jones.

Reconozco que las últimas adaptaciones de Iron Fist y The Defenders me hicieron dudar, pero siempre tuve la esperanza de que el Frank Castle que aparecía en la segunda temporada de Daredevil se pudiese trasladar sin grandes cambios a su propia serie. Y, en esta ocasión, Netflix no ha defraudado: vuelve a mostrar una historia madura a través de un personaje oscuro y un mundo decadente. El Castigador no es un superhéroe al uso, principalmente, porque no tiene ningún superpoder más allá de su fuerte determinación, y porque en él se desdibujan las líneas entre lo moralmente correcto e incorrecto. Si bien los superhéroes, digámoslo así, mainstream (Spider-Man, Capitán América, Batman…), tienen la premisa inviolable de no matar, hecho que permite al espectador o lector diferenciar claramente el bien del mal (los dilemas morales que le pueden surgir al héroe siempre se decantan por el lado del no matarás), el Castigador entiende que la única forma de erradicar el crimen es masacrando a todo villano que se ponga en su camino. La violencia extrema en esta serie es capital para entender al personaje; de hecho, Frank Castle era un militar y toda la trama gira en torno al ámbito castrense. Lo que hace especial a nuestro héroe es que la narrativa en ningún momento oculta que el personaje está trastornado, como le intentan hacer ver en múltiples ocasiones sus colaboradores más allegados ante la brutalidad y ensañamiento que muestra con los villanos. A diferencia de los protagonistas fascistoides de las películas de acción de los años setenta y ochenta, como el Harry el Sucio Callahan de Clint Eastwood, o el Marion Cobra Cobretti de Sylvester Stallone, justicieros de gatillo fácil y verborrea molona, Frank Castle se nos muestra como un producto dañado de la guerra, un psicópata que mientras luchaba en guerras fuera de suelo americano era aclamado como héroe y se le cargaba de medallas, pero que, cuando lleva su guerra dentro del país, es tratado como a un perturbado peligroso. La serie rezuma pesimismo y critica de forma abierta al sistema: la corrupción está instalada en lo más alto de las instituciones, que no dudan en emplear su poder e influencia para lograr sus fines, aunque ello conlleve la muerte de inocentes. La cita de El Diablo y Dios de Jean Paul Sartre, «cuando los ricos se hacen la guerra son los pobres los que mueren», resume a la perfección todo el trasfondo de la historia de venganza del Castigador contra el sistema. En conclusión, la elección del nuevo personaje de Netflix ha sido perfecta para que el canal recuperar el pulso de las series adultas basadas en superhéroes, y además, han despachado la que es, sin duda, uno de los mejores títulos del año sin matices de subgénero.

El caso de The Gifted (FOX) es diferente: también puede considerársele como una buena serie, pero esta vez sí, enmarcándola dentro del subgénero de los superhéroes. No es un producto recomendado a profanos del mundillo. La serie nos lleva a un escenario en el que los X-Men se han ido y las autoridades han comenzado una dura ofensiva para acabar con todos los mutantes. En este contexto, un fiscal especialista en encarcelarlos descubre que sus hijos son mutantes también, y decide huir y buscar ayuda en la comunidad mutante subterránea que vive en las sombras para evitar ser capturada. Los mutantes siempre han sido un vehículo perfecto para tratar temas como la exclusión social, la xenofobia, el racismo, las inseguridades provocadas por sentirse distinto, las frustraciones, el odio, la ira… quizás por eso funcionan tan bien todas sus series, al ser capaces de entrelazar acción con cuestiones más profundas que nos atañen a todos y que se pueden extrapolar fácilmente a la realidad que vivimos.

Viendo que me está quedado un mes demasiado lúgubre y pesimista, voy a intentar contrarrestarlo comentando algunas de las comedias más destacables de las estrenadas en estas fechas. Nunca he sido un gran fan de Star Trek, por eso me invadió la pereza cuando se estrenó Star Trek: Discovery (CBS); y para no sentirme tan culpable me puse con su némesis, The Orville (FOX), una comedia futurista que parodia el mundo de la mítica saga galáctica. Sin esperar nada de ella, me ha sorprendido como una comedia ligera de humor blanco y con cierta carga moralizante que en ningún caso se hace pesada. Más humor para todos los públicos nos ofrece Ghosted (FOX), típica comedia del tipo buddy movie, en la que los protagonistas son un ex policía y un científico friki que deben investigar caso paranormales para una agencia secreta del gobierno. Si bien las tramas son bastante ligeras, la buena química que hay entre los actores principales, Adam Scott y Craig Robinson, ambos curtidos en múltiples películas y series cómicas, hace que se escape más de una carcajada en los veinte minutos que dura cada capítulo.

Pasando a un humor más grueso y no recomendado para todos los públicos, hay que hacer referencia a dos series: SMILF (Showtime) y Future Man (Hulu). La primera sigue la vida de una madre soltera que tiene que conseguir un equilibrio entre el trabajo, su vida sentimental y cuidar a su hijo pequeño, lo cual no es fácil cuando trabajas dando clases particulares mal pagadas y el padre de tu hijo también está sin blanca. SMILF es una comedia de humor mal sonante, políticamente incorrecta, que podría recordar, ligeramente y de forma muy libre, a la gran Shameless de la misma cadena Showtime. La segunda serie es Future Man (Hulu), la última gamberrada de Seth Rogen (Virgen a los 40, Supersalidos, Superfumados, etc.), en la cual encontraremos muchas referencias videojueguiles frikis, guiños cinéfilos de aventuras ochenteras y ciencia ficción, y en general, un humor muy, pero que muy zafio. Avisados quedáis.

Espero que estas últimas recomendaciones consigan que os olvidéis durante un rato de las luces y las canciones navideñas y que podáis aguantar sin comer turrón, al menos, tres semanas más. Nos vemos el próximo año, esta vez sí, rodeados ya de muérdago, estrellas, Reyes Magos y series. Que no se os olviden las series.

El seriéfilo

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Desde hace mucho, mucho tiempo, en un sofá muy lejano, vive enterrado bajo una montaña de DVDs un ermitaño que se alimenta de todas las series que caen en sus manos: americanas, inglesas, buenas, malas… Nada es suficiente para saciar su hambre voraz de ficción televisiva. Es el Seriéfilo, y través de La Soga se comunicará con el mundo.
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