El testament d´Amelia, de Miguel Llobet

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La guitarra clásica, o guitarra española, en contra de lo que se pueda pensar, es una gran desconocida para la mayor parte del público. Este texto tiene como propósito ser el inicio de una serie de artículos que muestren la riqueza, variedad y profundidad del repertorio de este instrumento desde un punto de vista informal y divulgativo. Desde el Renacimiento hasta las nuevas creaciones contemporáneas, pasando por aquellas obras y compositores que han marcado un antes y un después en la historia del instrumento y de la música, descubriremos pequeños tesoros escondidos en un ingente y casi inabarcable acerbo musical. Algunas de estas piezas nos resultarán abiertamente conocidas, otras nos sonarán de algo (¿politono de Nokia? ¿música de ascensor? ¿sintonía de los vuelos de Iberia? …) y otras espero que sean mágicos hallazgos que hagan las delicias de propios y ajenos.

Los tristes sucesos acaecidos recientemente en Barcelona han traído a mi memoria una de las melodías más célebres del repertorio guitarrístico: El testament d´Amelia, música que ayuda, de una forma u otra, a gestionar emociones y a curar el alma. Este romance forma parte de la cultura tradicional catalana y aunque su autoría es desconocida, algunas teorías apuntan a la tercera hija de Ramón III Berenguer y Dulce de Provenza como creadora del mismo, allá por el siglo XI (hace más o menos mil años). La letra nos narra con melancolía los últimos momentos de Amelia, una princesa a punto de morir que, desolada, da cuenta de su testamento, finalizando el mismo haciendo ver que es conocedora de la aventura amorosa existente entre su cónyuge y su madre y que eso es precisamente la causa de su enfermedad mortal. A través de los siglos, El testament d´Amelia sobrevivió, popularizándose sobre manera a finales del siglo XX gracias a las interpretaciones de Victoria de los Ángeles y Joan Manuel Serrat. Sin embargo, unas décadas antes, el guitarrista, compositor y arreglista barcelonés Miguel Llobet, ya había hecho un arreglo para guitarra clásica de esta obra, fomentando por un lado la ampliación del repertorio guitarrístico y por otro la proyección de una pequeña muestra de la cultura catalana hacia el exterior.

Se trata de una melodía sencilla e intuitiva, muy pegadiza, de apenas dieciséis compases divididos en dos semifrases de ocho compases a modo de pregunta y respuesta, a la que Llobet saca un tremendo partido haciendo uso de varios recursos técnicos y expresivos de la guitarra. Por un lado la armonización, los acordes con los que envuelve y acompaña la melodía, dotan a esta de ligereza y ternura. Son acordes muy abiertos, con mucha distancia entre las notas más graves y más agudas, en los que se aprecia una clara influencia de corrientes impresionistas y minimalistas (Claude Debussy, Erik Satie –particularmente de sus Gymnopédies-, etc…). Por otro lado, el otro recurso guitarrístico más característico de esta pieza es el uso de armónicos en algunos bajos puntuales y sobre todo en las repeticiones de la semifrase de respuesta. No nos detendremos ahora en la explicación del fenómeno físico de tales sonidos, solo decir que son unas notas sobreagudas, que normalmente aparecen de forma subyacente en cualquier nota, pero que en el caso de la guitarra y en esta pieza en particular, son extraídos de forma voluntaria haciendo la música mucho más vaporosa y transparente. Se trata de un efecto que podría imitar al sonido de una pequeña cajita de música o al sonido apagado de un carillón.

El testament d´Amelia forma parte de una colección de piezas tradicionales catalanas que Miguel Llobet arregló para guitarra clásica entre finales del siglo XIX y principios del XX. Este proyecto encajaba perfectamente en el momento histórico y artístico de aquella Cataluña modernista, efervescente y camaleónica donde la arquitectura y el urbanismo tuvieron un papel protagonista. El afán por buscar nuevos caminos creativos sin dejar de lado la tradición, fue un signo de identidad de las nuevas creaciones musicales de esta etapa. Además, en el caso particular de Miguel Llobet, a los arreglos de música tradicional catalana hay que sumar sus numerosas transcripciones para guitarra de grandes compositores europeos como Mozart, Bach o Beethoven, lo que hizo aumentar por un lado el repertorio de este instrumento y favorecer por otro la visibilidad de la guitarra fuera de nuestras fronteras (aspecto que en otros puntos de la península no se trabajó tanto, optando por un cultivo más profundo de las propias raíces, como por ejemplo el caso del flamenco en Andalucía).

Miguel Llobet es uno de los grandes nombres de la guitarra clásica y una de las grandes figuras del Modernismo musical catalán: fue discípulo de Francisco Tárrega (compositor en que nos detendremos en futuros artículos) y convivió con otros grandes intérpretes y compositores como Manuel de Falla, Isaac Albéniz o Andrés Segovia. A pesar de comenzar sus estudios musicales con otros instrumentos, la inspiración y motivación que le insufló la asistencia a un concierto de guitarra hizo que cambiara su destino artístico para consagrarse a este instrumento por entero. Bajo la protección de Concepción Jacoby dio recitales por Estados Unidos, Latinoamérica y Europa, afianzando la guitarra española en las programaciones de las grandes salas de conciertos. Y aunque tuvo un final duro y triste, muriendo de una pleuresía a los 60 años (bajo una Barcelona asediada por las tropas franquistas, en 1938), Miguel Llobet nos legó un testamento musical prolífico, sensible, rico y perdurable. El testament d´Amelia es una pequeña muestra de ese legado y un dechado de sensibilidad, calidez y emoción.

N’Amèlia està malalta, / Doña Amelia está enferma,
la filla del bon rei, / la hija del buen rey,
comtes la’n van a veure / condes la van a ver
comtes i noble gent. / condes y noble gente.

Ai! que el meu cor se’m nua / ¡Ay! mi corazón desfallece
com un pom de clavells. / como un ramo de claveles.

També hi va sa mare / También va su madre
quan no hi ha més remei. / cuando no tiene más remedio.
– Filla, la meva filla / – Hija, hija mía
de quin mal vos doleu? / ¿de qué mal os doléis?

– Mare, la meva mare / – Madre, madre mía
penso que bé ho sabeu: / pienso que bien lo sabéis:
metzines me n’heu dades / medicinas me habéis dado
que maten lo cor meu. / que matan mi corazón.

– Filla, la meva filla, / – Hija, hija mía,
d’aixó us confessareu, / de eso os confesáreis,
quan sereu combregada / cuando hayáis comulgado
lo testament fareu / el testamento haréis.

– Ja me’n só confessada / Ya me he confesado
i en deman perdó a Déu; / y pido perdón a Dios;
també m’han combregada / también he comulgado
i tinc fet testament. / y hecho tengo el testamento.

Del meu testament, mare, / De mi testamento, madre,
poc vos n’alegrareu. / poco os alegraréis.
Set castells tinc a França, / Siete castillos tengo en Francia,
tots són al poder meu. / todos en mi poder.

Els tres los deixo als pobres, / Tres dejo a los pobres,
als pobres i als romeus, / a los pobres y a los romeros,
lo quart lo deixo als frares / el cuarto dejo a los frailes
per caritat a Déu. / por caridad a Dios.

Els altres a Don Carles, / Los otros a Don Carlos
Don Carles, germà meu, / Don Carlos, hermano mío,
i mes robes i joies / y mis vestidos y joyas
per la Mare de Déu. / para la Virgen.

El vestit d’or i plata / El vestido de oro y plata
en sent morta em poseu; / siendo muerta me pongáis;
lo mellor per mortalla / lo mejor por mortaja
per adornar el cos meu. / para mi cuerpo adornar.

També el mantell de perles, / También el mantel de perlas,
lo coixí i vel d’argent. / la almohada y el velo de plata.
– Malaguanyada roba, / – Desgraciada ropa
tota la podrireu. / toda la pudriréis.

Los cos ha de podrir-se: / El cuerpo ha de pudrirse:
fassa la roba el mateix / haga la ropa lo mismo
que es podreixin les pompes, / que se pudrieran las pompas,
l’ànima vaja al cel. / el alma vaya al cielo.

– Filla, la meva filla, / – Hija, hija mía,
i a mi, què em deixareu? / y a mí, ¿qué me dejaréis?
– Mare, la meva mare, / – Madre, madre mía,
a vós lo marit meu. / a vos, mi marido.

Que us el tingueu en cambra / Para que lo tengáis en la cámara
tothora que volgueu, / a la hora que queráis,
perquè el vetllleu de dia / para que lo veáis de día
tant com de nit ho feu, / tanto como de noche hacéis,

besant-lo i abraçant-lo / besándolo y abrazándolo
tal com fa temps soleu, / como hace tiempo soléis,
que ara no us faré nosa / que ya no os haré estorbo
l’hora que l’abraceu. / a la hora que lo abracéis.

– Filla, la meva filla, / – Hija, hija mía,
que m’ho perdoni Déu, / que Dios me perdone,
és un fals testimoni / es un falso testimonio
que vós, filla em poseu. / lo que vos, hija me hacéis.

Son pare ho escoltava / Su padre que la escuchaba
amb un ministre de Déu. / con un ministro de Dios.
– Filla, la meva filla, / – Hija, hija mía,
què aixó que dieu? / – ¿qué es eso que decís?

Ai, pare, lo meu pare, / Ay, padre, padre mío,
en cartes ho trobareu, / en cartas lo encontraréis,
metzines me n’heu dades / venenos me habéis dado
perquè morta em voleu. / porque muerta me queréis.

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