Tres décadas de mercado artístico: una historia de especulación

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La evolución del mercado del arte en los últimos treinta años ha sido un reflejo de la sociedad en la que vivimos. Las casas de subasta, galerías y marchantes son el escenario de las transacciones comerciales, algunas de ellas millonarias. Sin embargo, la opacidad en las ventas realizadas por las galerías y los agentes, nos dificulta el estudio del mercado del arte en general y de un artista en particular. Además, esta desconfianza hace mella en los coleccionistas, por lo que muchos de ellos negocian el precio de adquisición de una obra con el propio artista, evitando de este modo la correspondiente comisión del marchante y/o galerista. Gracias a las casas de subasta, cuyos precios de venta son públicos, conocemos las fluctuaciones que ha sufrido el mercado del arte en los últimos treinta años.

La mercantilización de la obra de arte

Desde la segunda mitad del siglo XX, los coleccionistas apostaban por adquirir obras de grandes maestros antiguos porque, quien poseía una de ellas, no solo tenía un seguro económico sino también un prestigio social. De ahí que los coleccionistas japoneses entren en escena en los años setenta del siglo XX, con un panorama nacional floreciente y un interés máximo en el arte occidental.

Sin embargo, en 1988, Londres deja de ser centro neurálgico del arte contemporáneo y toma el testigo ese mismo año la ciudad de New York, en plena burbuja especulativa (1987 – 1990). Asimismo, se produce un hito: la mercantilización de la obra de arte. Ambos cambios influyen en la inflación del mercado artístico y supone un aumento del volumen económico y de las cotizaciones en obras de grandes maestros impresionistas y expresionistas, recientemente fallecidos o vivos. Además, hay un descenso importante de las ventas del arte antiguo.

Con la llegada de la crisis económica en 1990, las altas cotizaciones de los impresionistas descienden vertiginosamente y se mantienen en los niveles del arte antiguo. Las obras de arte que configuran el mercado especulativo dejan paso a los valores seguros, del mismo modo que en años anteriores. Se marcan pérdidas del cincuenta y cinco por ciento en las casas de subasta Christie’s y Sotheby’s, las mismas que controlan el ochenta por ciento del mercado, y los japonenses, cuyas compras suponían un cuarenta por ciento de las totales, se retiran del mercado occidental centrándose en el suyo propio.

Baile en Teuantep - Diego RiveraEn 1993 brotan los primeros síntomas de recuperación en el mercado artístico. El arte contemporáneo que se expone en los catálogos de las casas de subasta es de calidad. Aunque en 1994 el mercado sufre un pequeño retroceso, en 1995 presenciamos una recuperación notable del mismo: alta calidad en las obras presentadas en las casas de subasta e interés de coleccionistas e instituciones públicas y privadas con un resultado de pujas millonarias. Por ejemplo, vemos cómo obras de artistas latinoamericanos como Autorretrato de Frida Khalo y Baile en Tehuanteped de Rivera se adjudican, cada uno de ellos, en tres millones de euros aproximadamente. Ambas obras pertenecían a la colección de arte de la multinacional IBM, que dos años atrás decidió iniciar la venta de la misma, esperando el momento justo para no solo recuperar sino multiplicar lo invertido.

El mercado del arte siguió creciendo y, en Estados Unidos concretamente, la inflación era espectacular: desde 1990 hasta 2007 los precios se habían incrementado en un ochenta y ocho por ciento. España no fue menos cuando repasamos los remates conseguidos por obras en los inicios del siglo XXI. Asimismo, en 2007, el arte contemporáneo español tocó techo con los lotes ofrecidos por Christie’s en la ciudad de Madrid, adjudicando obras como Dejeuner sur l’ herbe II de Miquel Barceló en 816.250 €.

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El arte del marketing artístico

Por supuesto, esta situación poco a poco se hizo insostenible. Sin embargo, en el año 2008, inicio de la crisis mundial, hubo un hito que marcó un punto y aparte en el mercado del arte: el artista británico Damien Hirst vendió doscientas veinte obras directamente a través de la casa de subastas Sotheby’s Londres. Rompe con los cánones establecidos en el mercado del arte ya que lo habitual es que toda esta obra de reciente producción hubiera pasado por manos de los galeristas, llevándose un cincuenta por ciento de comisión. La calidad artística y el interés mediático de la obra de Damien Hirst le confiere permiso para jugar con las reglas del mercado, romperlas y escribir unas nuevas.

Damien HirstUn año más tarde, en 2009, las transacciones, en el mercado del arte en general, sufrieron una desaceleración de un setenta y siete por ciento y los vendedores, ante un clima de desconfianza, prefirieron esperar a sacar sus mejores obras cuando la temporada fuera más favorable. Al igual que sucedió en 1990, los compradores apostaron por valores seguros, volviendo a retomar la pintura antigua. Sin embargo, Sotheby’s quiso superar los malos augurios y decidió dar un golpe de efecto subastando la colección de Pierre Bergé (Yves Saint Laurent), lo que fue un éxito para la casa ya que recaudó trescientos setenta y cuatro millones de euros en tan solo tres sesiones en el Grand Palais de París.

Por otro lado, en China se deja sentir la crisis comportándose el mercado de la misma manera que en EEU y Europa: los coleccionistas apuestan por artistas consagrados, dejando a un lado las producciones contemporáneas más especulativas. Sin embargo, debemos destacar que en los últimos seis años el país asiático ha ganado terreno a las casas de subasta Christie’s y Sotheby’s erigiendo las suyas propias, aunque estas dos grandes han sabido adaptarse a los nuevos tiempos en el país asiático y adoptaron nuevas estrategias de marketing, lo que ha supuesto en los últimos diez años triplicar su volumen de negocio, a pesar de solo controlar el cincuenta y cinco por ciento del mercado.

Por último, el año 2013 ha sido el mejor en toda la historia del mercado del arte. Por ejemplo, Christie’s conseguía el 12 de noviembre de 2013  la cantidad de seiscientos nueve millones en una sola subasta. Los coleccionistas adquieren obra de artistas consagrados del siglo XX y artistas chinos del s. XIX y XX.

En 2014 y 2015, el panorama es alentador: se percibe una mejoría constante en ligero ascenso y cabe destacar cómo los países árabes dinamizan el mercado del arte comprando obra occidental para llenar los museos nacionales que están en proceso de creación. Así, en Qatar en 2015 se compró la obra de Paul Gauguin ¿Cuándo te casarás?, adjudicada en trescientos cincuenta millones de dólares.

Sin embargo, en el mercado primario del arte la recuperación es mucho más lenta, son muchas las galerías que han cerrado después de años de trabajo, han abierto otras nuevas, y los artistas, la parte del todo más importante, han de sobrevivir en este maremágnum mercantil, adaptándose a los nuevos tiempos. Algunos optan por venderse ellos mismos como parte de su obra u otros prefieren romper con las reglas preestablecidas.

Dejando a un lado los malos augurios y mirando a un presente alentador y al futuro incierto, observamos cómo el mercado se ha ido recuperando, pero la gran demanda de arte, globalizada, puede dar un giro en cualquier momento y cambiar la estructura del mercado del arte actual, aunque no se prevé ni se intuye una desinflación en el panorama del mercado artístico actual, sino todo lo contrario.

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