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Cinefórum CDLV: «Soul»

 

Al igual que La armada Brancaleone, continuamos nuestro camino cinéfilo contra viento y marea para llegar, esta vez, a una película que nos invita a hacer un alto en el camino y recapacitar sobre la vida y todo lo que nos rodea. En 2020 la factoría (porque efectivamente no merece otro nombre) Pixar, junto con Walt Disney, sacaban a la luz Soul.

Dirigida por el veterano de la animación, Pete Docter, y por Kemp Powers (Spider-Man: Across the Spider-Verse), Soul nos cuenta la historia de Joe Gardner, un profesor de música neoyorkino algo frustrado que, a punto de debutar como músico profesional de jazz, ve su sueño truncado repentinamente por un fatal accidente. Tras esta premisa fatal, se esconde una de las películas más audaces de Pixar, pues la búsqueda de Gardner no será solo la de volver a la vida para cumplir su sueño, sino que de paso se encontrará con un camino filosófico que le llevará a una transformación vital y mental acerca del sentido de la existencia, de las pasiones y de los sueños.

El guion de la cinta, firmado por sus directores junto a Mike Jones, hace un ejercicio de funambulismo entre lo espiritual y lo trascendental sin perder de vista el hacer una película que atraiga tanto a un público adulto como infantil. Con esa intención, los equilibrios darán lugar a una historia amable y disfrutona, comedia de enredo por momentos, pero que, de alguna manera, se queda en lo complaciente y buenista llegando en ocasiones a parecer una suerte de folletín de mindfulness y autoayuda. Por no decir que, a pesar de esa pretendida trascendencia espiritual, se vuelve a pecar del clásico ombligismo neoyorkino de poner a la Gran Manzana como el centro del mundo.

En cualquier caso, la moraleja de Soul no deja de ser pertinente en un mundo atomizado por los dispositivos electrónicos, la omnipresente velocidad y eso de no querer perderse nada que llaman FOMO. La cinta nos invita a abordar ese conocimiento interior que ya veíamos en Inside Out y valorar el presente, las pequeñas cosas, así como evitar que nuestras pasiones y ambiciones no nos nublen todo lo que nos rodea. Ok a todo. Pero bueno, no olvidarse que una buena salud mental también podría venir de que el bueno de Gardner no tuviera una precariedad laboral y económica que le impidiera estar rallado con sacar adelante un proyecto vital digno. Quizá este punto de no abordar una mayor crítica social y económica, como sí se hacía en Wall-E, sea lo que más se echa de menos en esta ocasión. A pesar de todo, también hay que poner en valor los eficaces dribles a la religión en favor de la filosofía. Hay en ese sentido momentos brillantes y originales.

A nivel técnico, la animación de Pixar vuelve a ser impecable y el diseño artístico, sobresaliente. No en vano, la película recibió todos los premios habidos y por haber (Oscars, globos de oro, Bafta, etc…). Animación donde cabe destacar la precisión con que se reflejan los movimientos de las manos y los dedos a la hora de tocar los instrumentos que aparecen, especialmente las teclas del piano.

Pixar Animation Studios, Walt Disney Pictures.

Por cierto, piano vivo gracias al genial Jon Batiste, que junto con Trent Reznor y Atticus Ross firman la también premiada banda sonora que es pieza central de la película, no tanto por su determinación como por el poder de canalización del torrente de comunicación que es la música. Quizá por ello se escogió el género del jazz y no otro como elemento para dar cuerpo y dimensión a ese poder de catarsis que puede llegar a tener la música.

Con todo, a pesar de que Soul tiene buenos mimbres y meritorias audacias, no llega a estar en el olimpo de las películas de Pixar. Quizá la ambición de querer tocar el Sol de la trascendencia quemó algunas plumas. A pesar de ello, es una buena película con la que echar el freno, reírse un poco y paladear el presente, que es de lo que se trata.

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