Hay muchas películas que tratan el tema de los espíritus y de la vida después de la muerte. Las hay buenas, malas y regulares. También hay un puñado de ellas que son, directamente, inclasificables y que tratan el asunto con una lógica propia que desafía a cualquier clasificación convencional. Tal es el caso de Nómadas (John McTiernan, 1986), que empieza, nada más y nada menos, que matando a su protagonista justo en los primeros compases de la película y, a partir de ahí, solo va aumentando el nivel de extrañeza.
Pierce Brosnan interpreta al antropólogo franco-canadiense Jean-Charles Pommier, que llega en un estado lamentable a un hospital de Los Angeles, para morir inmediatamente en la sala de urgencias. Sin embargo, la doctora Eileen Flax (Lesley-Anne Down), que asiste a sus últimos momentos, se ve, de alguna manera, poseída por el espíritu, o al menos los recuerdos, del fallecido. Así, el resto de la película seguimos los pasos del fallecido Pommier, vistos a través de los ojos o de la mente de Flax, en una investigación en torno a la ciudad de Los Angeles y a sus, nunca mejor aplicado, tribus urbanas. Obsesionado con un grupo de pandilleros que parecen vivir al margen de la sociedad y sus reglas, Pommier se verá arrastrado hacia la locura: ¿Por qué no aparecen en las fotografías? ¿Son estos producto de su imaginación? ¿Son fantasmas?
El casting de la pareja protagonista no termina de resultar convincente, y no solo por la poco afortunada idea de poner a Brosnan a interpretar a un antropólogo francófono (se dice que originalmente el papel había sido ofrecido a Gérard Depardieu). El papel de Lesley-Anne Down es especialmente desagradecido, sirviendo como marco narrativo parlante (más que como un personaje que pueda desarrollarse por sí mismo, de la historia del antropólogo). El papel de Anna-Maria Monticelli como Veronique Niki Pommier (la esposa del antropólogo) tampoco tiene mucho que aportar. Respecto a los pandilleros, que se convierten en foco de interés antropológico y de terror, encontramos la curiosa presencia del músico británico Adam Ant (en un intento de lanzar su carrera como actor, con limitado éxito) y de Mary Woronov (una de las superestrellas de Warhol en los setenta).
Para situar al director, John MacTiernan, solo necesitamos mencionar algunos de sus títulos más característicos, que no solo continuaron si no que definieron al héroe de acción de finales de los ochenta: Depredador (1987) y La jungla de cristal (1988) son, sin duda, las más importantes, pero también podríamos incluir la parodia de esos mismos elementos en El último gran héroe (1993) o el remake de El secreto de Thomas Crown (1999), en que volvió a trabajar con Brosnan. En los 2000 entró en una espiral de problemas legales y económicos que incluyeron una estancia en la cárcel y una declaración de bancarrota, y que básicamente acabaron con su carrera después de 2003, cuando al menos pudo acabar con la resultona Basic (2003), un thriller con John Travolta y Samuel L. Jackson posterior a la infame Rollerball (2002), otro remake de Norman Jewison, mucho menos afortunado que el anterior. En Nómadas, su primer largo, se encarga de la dirección y también (y de forma excepcional en su carrera) de la adaptación del guion. El resultado es altamente irregular, con fragmentos que muestran un pulso envidiable y otros arrastrados por una premisa que resulta algo risible. Además, la estilización excesiva solo acentúa lo poco creíble del planteamiento. MacTiernan no se corta un pelo, ni parece mostrar ninguna duda sobre lo interesante y oportuno de su película: cámaras lentas, encuadres rocambolescos, iluminaciones imposibles (tanto algunas con luz dura como otras fuertemente difuminadas), primeros planos forzados… Como un director novato, que lo era, parece decidido a usar todo el catálogo de trucos a su disposición, con mayor o peor fortuna. El montaje no sale mejor parado: es por momentos desconcertante, a veces fascinante, con el continuo cambio de perspectivas como rasgo definitorio, hasta la confusión total entre ellas.

En algunos sentidos, Nómadas me da la sensación de tratarse de un film extrañamente europeo y no precisamente por el poco creíble acento francés de Brosnan, ni por la presencia de actores británicos; si no por cierta conexión temática y estética (incluso sonora) con las películas de terror italianas, especialmente con el cine de Dario Argento. A ello colabora la banda sonora de Bill Conti, famoso por la música de la serie Rocky (desde la primera entrega -1976- hasta Rocky Balboa -2006-), que realiza unas pistas llenas de tensión, mezclando sintetizadores y sonidos rockeros (en los que interviene Ted Nugent), y que no dejan de recordar a las creadas por Goblin.
Algunas de las rarezas, las argumentales al menos, podemos rastrearlas hasta la novela homónima (1984) de Chelsea Quinn Yarbro, que sirve como base para el argumento de la película. Autora prolífica en una multitud de géneros, de esa clase de escritores que llegan a utilizar una decena de pseudónimos diferentes para distintas propuestas, sus obras más conocidas son las dedicadas a una interpretación vampírica del Conde de Saint Germain, aunque también han trascendido su participación en una serie de libros de espiritualidad de la Nueva Era (redactados, supuestamente, a través de una güija y en contacto con un espíritu, llamado Michael). En ocasiones la adaptación es dolorosamente literal: hay escenas que se trascriben del libro casi palabra por palabra, pero la ausencia del monólogo interno en la cinta no ayuda a empatizar con los personajes. Por ejemplo, la alienación de Flax con Los Angeles es mencionada varias veces, pero MacTiernan no sabe (o no quiere) trasmitírnosla visualmente. En otras ocasiones el guion nos sustrae el tejido conjuntivo que da sentido a algunas partes de la trama, especialmente la referente a los asesinatos que, aparentemente, atraen a los pandilleros/fantasmas a la vivienda de los Pommier.
En definitiva, Nómadas no es, en mi opinión, una gran película, y por momentos es confusa, delirante o risible, pero es sin duda una obra interesante. Sus mejores momentos no son cuando debe trasmitir información o hacer avanzar la narrativa, si no esas viñetas de tensión y duda que salpican el fallido entramado general. Una de esas cintas que fracasan absolutamente desde el punto de vista de evitar los fallos de guion, pero que triunfa en otros aspectos más allá (o fuera de) la lógica.
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