Cinefórum CDXLII: «Tú y yo»
A ver, preparémonos. La semana pasada veíamos Mi mujer favorita (1940), que fue guionizada por un Leo McCarey que no pudo dirigirla al final. Sin embargo, la película de hoy sí la dirige el propio McCarey pero no la guioniza, aunque sí está acreditado por tener la idea original. Irene Dunne es la protagonista de ambas, pero como compañeros tenemos al Charles Boyer de Tú y yo (1939) y al Cary Grant de Mi mujer favorita. A su vez, Cary Grant fue el protagonista del remake en color de Tú y yo (1957), del mismo nombre, aunque no con Irene Dunne sino con Deborah Kerr como acompañante. Además, ese remake lo dirigió, cómo no, Leo McCarey, en un ejemplo de autoremake bastante curioso. En fin, todo lo anterior para indicar que las dos películas tienen bastantes puntos en común.
Tú y yo es una cinta que nace de un cierto hartazgo de Leo McCarey por las comedias screwball y su necesidad de contar algo diferente. Se le ocurrió en un viaje con su mujer y tal vez por eso era una historia querida por él y terminase volviendo a ella en el futuro. Trata sobre dos desconocidos que coinciden en un viaje y se enamoran de manera imposible, pues ambos están prometidos. No obstante, se emplazan a una cita seis meses más tarde en el último piso del Empire State Building. Él es un famoso mujeriego sin oficio ni beneficio; ella una aplicada y moderna mujer cuyo intelecto y facilidad para la réplica afilada fascinan a nuestro protagonista. Los ecos de la comedia screwball tenían que aparecer; y casi puede uno vislumbrar en el resumen una inspiración lejana para esa obra maestra absoluta que es Breve encuentro (David Lean, 1945), aunque la cinta de McCarey no alcance ese brillo.

Si bien la resolución de Tú y yo puede pecar de cierto dramatismo excesivo y tiene un giro que eleva un poco la moralina innecesaria si uno se para demasiado tiempo en el mismo, funciona como un reloj y se construye sobre algo tan esquivo como imprescindible: la puesta en escena. Porque al final en la película hay apenas dos personajes, tres a lo sumo, pero llenan todo el tiempo la pantalla, con algunas escenas resueltas de manera magistral, sobre todo una que involucra a un cuadro y un espejo. McCarey era un maestro de la narración y aquí está desatado.
La cinta no pasó desapercibida y ya fue considerada en su momento un éxito, hasta el punto de estar nominada a mejor película en los premios Oscar de ese año. No ganó ninguna de las seis estatuillas a las que aspiraba (como tampoco lo hizo su remake en las cuatro a las que fue nominado), pero eso da igual, aunque sea algo para recordar en estas semanas de resaca oscarística. El caso es que Tú y yo es una obra muy reivindicable que nos recuerda a esos directores que sabían hacer que la magia surgiese en un estudio con la ayuda de una cámara y un par de actores. Vaya por Leo McCarey y otros tantos auténticos obreros del cine.
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