Cinefórum CDXX: «El inglés que subió una colina pero bajó una montaña»
La semana pasada, Abajo el telón nos recordó que la industria cultural norteamericana fue un escenario complejo de creación artística, pero también de batalla ideológica y derrota política. Esta semana, sin alejarnos del conflicto entre el poder y los márgenes visitamos una tensión más antigua y geográfica, encarnada en la historia de Fynnon Garw: un pueblo ficticio y situado junto a la primera montaña galesa que uno encuentra tras cruzar la frontera desde Inglaterra. Allí llegan, en la primera escena de El inglés que subió una colina pero bajó una montaña, un par de cartógrafos británicos que tienen la osadía de degradar el accidente a la categoría de colina en plena Primera Guerra Mundial. Un gancho perfecto para un enredo costumbrista dirigido por Christopher Monger y que encontró en Hugh Grant al protagonista ideal para maridar el relato con la comedia romántica.
Estrenada en 1995 (casi a la vez se publicó una novela del propio director), la película parte de una anécdota apócrifa y popular que Monger escuchó durante su infancia en el pueblo de Taff’s Well. En aquel relato el escritor galés encontró un vehículo perfecto para hablar de la resistencia de una pequeña comunidad heterogénea, pero que se une frente al ataque de una autoridad exterior. Una historia mil veces contada, pero que incluye las novedades del tema, muy ligero, y un elenco amable que canaliza la rabia hacia la sonrisa y un cierto acercamiento o síntesis de posiciones. Algo a priori imposible cuando quienes tenemos en frente son los ingleses y que, sin embargo, se vuelve inevitable cada vez que el rostro por excelencia de la comedia romántica (y británica) sonríe a alguno de los lugareños que desfilan por la pantalla.
Y es que junto al cartógrafo de Hugh Grant, que se va cambiando de bando a medida que se enreda en las faldas de una aldeana, merecen especial mención Betty (Tara Fitzgerald), camarera de la taberna (reducto indiscutible de la esencia galesa) y también organizadora de la de la resistencia; y sobre todo el dúo cómico de la película, compuesto por el pastor del pueblo y el propio tabernero. Su decisión de aparcar su recíproca animadversión (quizá porque ven en el otro el único obstáculo para la total conquista del espíritu del pueblo) se convierte en el turbo de una historia que avanza a toda pastilla, mientras sus protagonistas acarrean tierra hasta la cima de su colina para volver a convertirla en una montaña. Si además el tabernero está interpretado por Colm Meaney, cuyo mítico personaje en la saga de Star Trek ya tenía resonancias libertarias, comprenderán que Morgan The Goat consiga robarle el corazón a quien esto escribe: para mí, aunque sus paisanos le llamen así porque se parezca a una cabra, este es el personaje más grande de la historia que nos ocupa.
Más allá de su simpático punto de partida, lo que sostiene esta película es que se concibió (escribió y dirigió) para crear un ambiente acogedor para los espectadores. Tanto como viéndola, estamos pasando el rato junto a un grupo de personajes entrañables; y tanto como deseando el éxito de su empresa, estamos viviendo con ellos en un pueblo que acaba elevado a la condición de protagonista.

El cine, como arte narrativo, tiene la capacidad de digerir conflictos e integrarlos en relatos compartidos. Normalmente son más compartidos por unos que por otros, pero no por ello dejan de serlo; esa es parte de su magia. Así, del mismo modo que la industria estadounidense ha sido capaz de contar la historia de los artistas que ella misma marginó, aquí vemos una película británica (o galesa, pero producida por los Weinstein) que retrata con humor y ternura cómo la cartografía del imperio se convirtió muchas veces en una forma de poder: para la gran Inglaterra, una montaña que no llega a los mil pies era tan solo una colina. Para los galeses, su tierra empieza en la cumbre de su primera montaña. Quizá parte de la solución pasa por defender nuestra propia cima, por pequeña que parezca. Por lo demás, recemos para que los que ganen hagan una película como esta.
- Entrevistas de LaSoga: Eduardo Bayón - 23 diciembre, 2025
- Cinefórum CDXXIX: «A tiempo completo» - 4 diciembre, 2025
- Entrevistas de LaSoga: Analía Plaza - 25 noviembre, 2025






