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Cinefórum CDXXII: «Demon»

 

Tras viajar en la última entrega a La Maca, correspondía un viaje a las realidades alteradas de la mano de Andy Kaufman. Del documental llamado La comedia y el caos: El legado de Andy Kaufman no vamos a hablar ahora, pero os pedimos que hagáis el ejercicio mental de imaginarlo en medio de La noche de reyes y de nuestra película de hoy: Demon, o mejor llamarla por su título en inglés: God Told Me To (Porque Dios me lo ordenó).

El motivo es que en God Told Me To contamos con la primera aparición cinematográfica de Andy Kaufman, haciendo el pequeño papel de un policía afectado por el villano de la función, una especie de gurú religioso nacido de la imaginación de Von Daniken y que se dedica a causar todo tipo de asesinatos por la ciudad de Nueva York mientras es perseguido, o al menos investigado, por un agente de policía bastante desastre que puede que oculte algún que otro secreto. Una película que bajo la dirección de Larry Cohen, uno de los grandes valedores del cine de explotation americano, mezcla la intriga policial con el terror sobrenatural de manera más que efectiva .

La cinta cuenta con muchos valores, pero vamos a centrarnos en tres de ellos. El primero es la representación que hace de la ciudad de Nueva York. En 1976, cuando se estrenó la cinta, era posible grabar con facilidad en la Gran Manzana, hasta el punto de que una pequeña cinta como esta podía rodar en mitad de un desfile sin que nadie torciera el gesto y aprovechar el metraje sin problemas. De ahí que se trate de una película que muestra muy bien la época en la que fue creada, dándonos la posibilidad de viajar a un Nueva York real y tangible, muy lejana de esas ciudades del cine actual que son auténticos no-lugares, normalmente grabadas en otro continente y con todo bajo control.

Otro aspecto interesante es la figura del protagonista. No es ningún destripe contar que la historia empieza con un tipo que se sube a una torre de agua para disparar con una puntería increíble sobre los transeúntes que se mueven bajo él. Ahí aparece nuestro protagonista, que en lugar de disparar al francotirador a sangre fría como soñarían los votantes de Trump o de Abascal, lo que hace es acercarse desarmado y tratar de entenderle para salvar a toda la gente posible, incluido al propio asesino. De hecho, lo primero que hace es presentarse, para después decir que ya se conocen y que no es fácil matar a alguien a quien conoces. Los setenta, amigos, eran una época en la que las conquistas sociales todavía se defendían hasta en el cine de terror más barato y en el que los protagonistas sabían que hacer el bien era lo más importante.

El tercer aspecto a desatacar es su unión con las teorías disparatadas de Erich Von Daniken y sus seguidores. La película mezcla la Biblia con Recuerdos del futuro para establecerse como una obra clave para entender cómo los alienígenas ancestrales entraron con gran facilidad en la cultura popular estadounidense. También es imposible no pensar en Expediente X con algunos de los giros de la trama, los cuales prefiero no destripar para mayor disfrute de los posibles espectadores.

En resumen, Demon es una cinta que brilla por su autenticidad y su atrevimiento, sabiendo aprovechar un marco como el de la ciudad de Nueva York para tener lugar. Bien dirigida por Larry Cohen, con un buen reparto capitaneado por Tony Lo Bianco y Deborah Raffin, y unos más que correctos valores de producción, se trata de una película que nos recuerda que en la mezcla de géneros más inesperada podemos encontrar pequeñas joyas. No es una obra maestra, ni en ningún momento pretende serlo, pero sí que resulta mucho mejor de lo que sus ingredientes prometen, mientras dialoga de manera continua con la época en la que fue realizada. Cine del bueno.

Ismael Rodríguez Gómez
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