Cogiendo el testigo del último cinefórum y su condición de película dirigida por un director británico, volvemos a nuestra cita una semana más para revindicar la candidatura al BAFTA de 2023. Scrapper, ópera prima de Charlotte Regan, es la historia de una niña huérfana de madre, de doce años, en el Londres contemporáneo y que sobrevive robando bicis, o piezas de las mismas si no consigue el conjunto, mientras engaña a los servicios sociales y a todos los que le rodean haciéndoles creer que está al cargo de un inexistente tío llamado Winston Churchill. La vida de Georgie, pues así se llama nuestra protagonista, se pondrá patas arriba cuando aparezca su padre, un joven que trabaja vendiendo entradas en Ibiza y que ha vuelto a Inglaterra, aparentemente, para cuidar de ella.
Hay una cierta tensión paterno-filial que recorre el cine británico en los últimos años. El ejemplo más famoso, construido también sobre un padre joven y su hija infante, es sin duda Aftersun. Quizá el Reino Unido del Brexit sea, en parte, un país que se ve en una familia desestructurada y añora otra construcción nacional, tal vez simplemente nuestra sociedad tardocapitalista haya conseguido ya desintegrar gran parte de las estructuras familiares en las islas. El caso es que Scrapper erige toda la película en torno al encuentro entre una niña fantasiosa, inteligente y rebelde con su padre, un joven bastante disoluto que no tiene ni idea de qué hacer en muchos casos.
Una cinta así solo puede sobrevivir, evidentemente, si los protagonistas acompañan, y vaya que lo hacen. Para el papel de la joven Georgie tenemos a la debutante Lola Campbell en un derroche de talento que, de momento, le ha servido para entrar en la mítica telenovela Eastenders. Para el padre, Jason, a una de las figuras en claro ascenso dentro del cine británico como es Harris Dickinson. Los dos bordan sus papeles, construidos a menudo sobre la improvisación, dando lugar a dos personas rotas y solitarias que se ven obligadas a entenderse y aceptarse.
Se ha hablado mucho de Scrapper en relación con el llamado kitchen sink realism (realismo de fregadero en traducción literal) del Reino Unido. Esto es, un cine naturalista que busca hablar de la realidad social británica y que nace al rebufo del Free Cinema de los años cincuenta. Es indudable que estamos ante una película que responde a una tradición que nace en ese momento y que se ha ido alimentando de figuras posteriores como Ken Loach, pero también de otras corrientes fílmicas como es el cine independiente estadounidense (no parece casual que la cinta que nos ocupa ganara el premio del jurado de Sundance, por ejemplo). De ahí que la película resulte inesperadamente luminosa y que nos hable de asuntos oscuros sin perder en ningún momento la sonrisa. Esto choca con la intensidad que uno atribuye a un cine social británico que, cierto es, siempre ha tenido de todos modos un fondo irónico y una sonrisa torcida e incómoda.
Hay algo en Scrapper de debut pluscuamperfecto. Es un film corto, que sabe ir al grano y que cuenta con unos intérpretes que están apareciendo en la escena actoral. No sobra ni falta nada para contarnos una historia llena de corazón que huye, eso sí, de momentos lacrimógenos y que sabe ser fiel a sus personajes, tan perdidos como bienintencionados, tan incapaces de manejar sus sentimientos como víctimas de los mismos. No sabemos todavía con qué nos sorprenderá Charlotte Regan en el futuro, pero esperamos no tardar mucho en descubrirlo.
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