De una cinta que se estrenó con éxito en Sundance, pasamos a otra que, si bien también debutó en el festival norteamericano, lo hizo dejando atónitos, para bien o para mal, a sus espectadores.
Sasquatch Sunset (2024), producida por Ari Aster, es la obra debut de los hermanos David y Nathan Zellner; una película cuya mayor virtud, nos atrevemos a decir, es su condición de rara avis, naturaleza que la aleja de la previsibilidad del cine comercial y la catapulta hacia otro lugar, tan extraño como incómodo, tan fascinante como desconcertante, pero que sin duda convierte su visionado en una experiencia extraordinaria.
Ya su premisa es tan estrambótica como llamativa: en los frondosos bosques de Norteamérica vive la que es, posiblemente, la última familia de la especie legendaria de los bigfoots (sasquatchs); una familia (y una especie) cuya existencia saltará por los aires cuando decidan emprender un viaje hacia lo desconocido. Con este punto de partida, y en un periplo que durará un año para los protagonistas, Sasquatch Sunset se desplegará ante nosotros como una suerte de road movie crepuscular (o más bien Nature journey, si es que algo así existe) que, entre la bufonada grotesca y el experimento gafapastil, consigue proyectar inspiradas reminiscencias alegóricas y adquirir una sorprendente profundidad emotiva.
De hecho, el cuidado formal de la cinta acentúa su evidente dimensión de melancólica fábula de lo salvaje, lo que es acompañado, acertadamente, por un tratamiento visual de los bigfoots que, sin renunciar al carácter fantástico de la historia, impregna al conjunto de un sorprendente naturalismo. En esa línea van las interpretaciones de Riley Keough, Jesse Eisenberg, Christophe Zajac-Denek y Nathan Zellner, quienes evitan con éxito el riesgo de caer en un tentador histrionismo gestual. También ayuda a todo esto el ritmo lento de la película y su tono contemplativo, casi de documental, en el que se sustituyen los diálogos por gruñidos y en el que se va tejiendo un sutil hilo narrativo, en clave de viaje homérico, enlazando set pieces de slapstick chusco que son, de hecho, la prueba de fuego para el espectador.

Porque, más allá de la sorprendente premisa del film, lo verdaderamente extravagante se encuentra en la concepción primaria de su humor; un humor que, de pura rudeza, puede ser el detonante decisivo para salirte de la cinta, aunque, con la predisposición necesaria, también puede convertirse en uno de sus grandes aciertos. De hecho, pocas risas más atronadoras que con Sasquatch Sunset ha cosechado otra película, visionado grupal mediante, en nuestro celebrado cinefórum semanal de LaSoga.
Con su primera obra los hermanos Zellner te proponen un artefacto cinematográfico original y extremo; una cinta que no dejará indiferente a nadie y que te obligará a decidir, concluido su visionado, si has disfrutado de un genialidad o, por el contrario, de una tomadura de pelo. Puede que incluso se trate de las dos cosas.
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