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Cinefórum CDXXXII: «Punishment Park»

 

El cinefórum pasado pudimos ver La rueda celeste, una película estadounidense producida para televisión que adaptaba a la poco frecuente en el cine Ursula K. LeGuin. Tal vez sea un buen momento para pararnos a pensar en las producciones menores del gigante americano, aquellas gracias a las cuales a veces se cuelan obras propias de la contracultura en medio de la filmografía de la gran potencia del siglo XX. Un buen ejemplo de esto sería nuestra película de hoy, Punishment Park.

Lo primero es señalar que el director de la cinta, el inglés Peter Watkins, falleció el reciente 30 de octubre de 2025. Estamos hablando de uno de los cineastas más importantes de la segunda mitad del siglo XX, sino de toda la historia del cine, quien construyó su carrera en torno a la denuncia de las prácticas de los grandes grupos mediáticos, de la búsqueda de la paz y de la integridad artística y personal. El resultado fue una obra mucho más escasa de lo debido que se situó siempre en los márgenes de lo permisible por el sistema. Documentalista en sus inicios, tras triunfar con Culloden se encontró con que su obra maestra, The War Game, fue ganadora del Oscar a mejor corto documental en 1967 al mismo tiempo que la BBC, su productora, no la emitió hasta 1985. Tras fracasar comercialmente con el salto a la ficción en Privilege, empezó un deambular por el cine mundial que le llevó a trabajar en Suecia con Gladiatorerna y, finalmente, a los Estados Unidos con nuestra película de hoy.

En apenas dos semanas y media de 1971, costando 95 000 dólares de la época, Peter Watkins trató de hablar en  PunishmentPark de Vietnam, de sus repercusiones en la sociedad y de cómo el gobierno y las fuerzas establecidas podían manipularla. Actores no profesionales, una sola cámara al hombro y una huida por el desierto en pos de una lejana bandera estadounidense son todo lo que necesita el director en lo formal, mientras construye la cinta gracias a los posicionamientos de los diferentes personajes, personificaciones en cierto modo de las distintas facciones de la contracultura estadounidense.

Chartwell, Francoise.

En realidad la película sigue con la idea del cine directo que siempre latió en el corazón de la obra de Watkins, aunque no aporta demasiadas novedades. Su verdadera fuerza está en saber usar a sus actores de manera magistral para tratar de dar la idea de veracidad y para hacer que los espectadores pasaran a formar parte de la propia cinta. Así, en su estreno a menudo se hacían debates tras su visionado y se nos dice que a menudo, de manera inconsciente, los contertulios iban tomando las posiciones de los personajes y demostrando que las contradicciones entre ellos eran al final las de unos Estados Unidos sumidos en el choque entre la contracultura y la cultura dominante. El cineasta daba voz a los posibles posicionamientos reales desde la ficción, permitiendo que se establecieran diálogos difíciles de tener sin el apoyo de una obra que hiciera que se hablara, en cierto modo, por medio de un agente neutral que sirviera para canalizar la discusión y permitiese expresar ideas más chocantes.

Punishment Park funciona precisamente en ese contexto, sirviendo de catalizador para la discusión y buscando crear, en palabras asumidas por el propio Watkins, un nuevo público formado por individuos que no se conforman solo con estar tranquilamente sentados. Por supuesto, fue un fracaso comercial y causó que el director volviese a Europa para seguir en el mundo televisivo. Por suerte, esto terminó causando la producción de su mejor película hasta el momento, ese monumento cinematográfico que es Edvard Munch, pero esa es otra historia.

Ismael Rodríguez Gómez
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