Continuamos nuestro cinefórum por el camino de las preguntas sin respuesta, por el sendero de la incertidumbre que nos condena a la incapacidad de prever el futuro y a asumir, si acaso, que si tal cosa ocurriera no tiene por qué significar algo bueno.
LOLA (Andrew Legge, 2022) parte de una idea tan seductora como inquietante: dos hermanas británicas (Thomasina y Marta), en plena Segunda Guerra Mundial, inventan una máquina capaz de recibir señales del futuro. Desde sus primeras imágenes, la película atrapa por su audacia conceptual y por una puesta en escena que juega con el falso documental, el archivo audiovisual y la ciencia ficción artesanal. Es un arranque brillante, como un destello eléctrico que promete iluminar territorios poco transitados del género.
La originalidad de la cinta no reside solo en el viaje temporal, sino en su enfoque. Andrew Legge no aboga por grandes paradojas ni persecuciones espectaculares, sino por una reflexión sobre la información, el poder y la tentación de saber demasiado. En ese sentido, resulta inevitable pensar en nuestra actualidad hiperconectada, en la ansiedad por anticipar el mañana mediante algoritmos, big data o inteligencia artificial generativa. La máquina de LOLA funciona como un espejo retrovisor del presente: creemos mirar hacia adelante, pero en realidad estamos obsesionados con controlar lo que viene.

Sin embargo, a medida que avanza el metraje, la película va perdiendo parte de la fuerza inicial. La metáfora del futuro como una marea que se cuela por las rendijas está muy bien planteada, pero termina diluyéndose en un desarrollo narrativo algo reiterativo. Las ideas, potentes y sugerentes, no siempre encuentran una evolución dramática a la altura de su planteamiento, y el impacto emocional se vuelve irregular. Es como un reloj antiguo que fascina por su mecanismo, pero al que le cuesta mantener el ritmo.
Con todo, la película fue premiada con el Meliés de oro a mejor película en 2023 y con el premio a mejor dirección en el Festival de Cine Independiente de Buenos Aires. Aunque no sostenga con la misma intensidad su promesa inicial, LOLA deja preguntas incómodas flotando en el aire: ¿qué haríamos si pudiéramos escuchar el futuro? ¿Y qué estaríamos dispuestos a sacrificar por adelantarnos a él? En tiempos de incertidumbre global y noticias que envejecen en horas, nos recuerda que no siempre saber más significa comprender mejor.
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