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El Festival de Cine de Málaga y las comedias (I): «Casi todo bien»

 

Partimos de varias escenas. Calvin es un joven escritor inmerso en una crisis de inspiración que remonta ideando a un personaje femenino. En su máquina de escribir, no sabemos si Olivetti, teclea la descripción de una chica imaginaria de la que le gustaría estar enamorado. Escribe y escribe sobre Ruby, Ruby Sparks. Un día cualquiera se encuentra a su ideal femenino en su propia casa. Aquello que escribe se hace realidad. Da un poco de miedo, la verdad.

Ruby Sparks (Jonathan Dayton y Valerie Faris, 2012) no es la única película que trata el bloqueo del escritor como premisa. En el pasado festival de Málaga, Andrés Salmoyraghi y Rafael López Saubidet nos presentaban en Casi todo bien a su peculiar librero y escritor en ciernes. En la primera, un escritor joven se enfrentaba a la página en blanco escribiendo sobre un personaje femenino y este se haría realidad. Sin embargo, en la segunda la musa ya existe y está de after.

Aunque en las críticas de los pasados días se amontonaban los títulos a concurso, es justo darle un lugar a las películas que no competían y, claro está, a un género denostado como la comedia. La propuesta de Salmoyraghi y López Saubidet es una comedia romántica, o no, de un escritor ávido de inspiración. Hilario, así se llama el protagonista, en búsqueda de su numen, dominará las artes amatorias o quizá las ignorará. Un personaje absorto en su ideal de mujer que subraya el error ajeno en vez de reconocer su propia torpeza. Quizá el hecho de escribir lo mantenga un poco ensimismado. Ya lo decía Marta Jiménez Serrano en su último libro Oxígeno… La escritura tiene una dualidad seductora: uno está más presente que nunca y al mismo tiempo deja de existir.

Y es que todo aquel que se relacione con alguien creativo tiene que entender que esas mentes inquietas en ocasiones conversan contigo y en otras asocian tu contestación a aquel párrafo que escribió en la página nueve. Es parte de su encanto. No nos vamos a engañar.

Casi todo bien es una película sin complejos, que nos trae al cobijo del tipo de producciones en las que convivían España y Argentina a principios de los 2000. En las que lo importante eran las conversaciones y las verdades entre amigos bajo una luna como la de Avellaneda. Aquellas películas por las que se podría asomar el jiennense Ricardo Darín. Sí, jiennense, hace poco leí que cuando le dieron la nacionalidad española tuvo que elegir una ciudad y eligió Jaén al azar porque le sonaba bien.

Volviendo a este largo, el personaje protagonista cuenta con esa incompetencia tierna de los personajes masculinos de Primos de Daniel Sánchez Arévalo (2111) o Una pistola en cada mano de Cesc Gay (2012); incluso de (500) días juntos de Marc Web (2009), pero sin The Smiths. Se acerca a las feel good movies y al mimo de otros títulos como Sing Street de John Carney (2016). Lo interesante es que, aunque las asociaciones son libres, sus directores crean su propia resistencia luminosa sin plagiar ninguno de los títulos anteriores. Dándole el lugar que se merece a la comedia romántica.

Te crees el papel de Marcel Borràs como escritor frustrado, incluso te gusta el aire que le dan sus gafas. Te imaginas que te encuentras a Toni, el amigo excéntrico del protagonista interpretado por Julián Villagrán, en una playa nudista de Vera con el marcapáginas y no te sorprende. A lo mejor tenemos que llevarle la contraria a John Waters y follarnos a alguien que no tenga libros en casa. Aunque confiamos en que sus creadores se hayan leído unos cuantos y sean mejores personas.

Y aquí nos quedamos con el término medio. Puede que el momento perfecto sea cuando casi todo va bien y no cuando va bien del todo.

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