NELINTRE
Extramuros

Excavar el abismo – 12 de junio

 

Los océanos pueden convertirse en el Salvaje oeste. Lanza la alerta el secretario general de la ONU, escandalizado porque Donald Trump está dando permisos a empresas anglosajonas para que exploren los fondos marinos en busca de minerales raros. El presidente de Francia hace coro: «el océano no está en venta», ha dicho Macron. En realidad, Francia y Estados Unidos compiten: poseen las áreas marítimas más extensas del planeta. Y los minerales que se buscan están en la misma parte del Pacífico: Polinesia, Nauru, Samoa Americana. Washington quiere devorar lo que París todavía no sabe comer.

Las mayores empresas interesadas en la nueva minería submarina son estadounidenses. Tienen nombres evocadores: The Metals Company, Impossible Metals, Odisey Marine Explorations. La primera se llamaba antes DeepGreen Metals, metales Verde Profundo. Promete búsquedas sostenibles y una economía circular de recursos: extraer minerales del fondo marino, usarlos, y reciclarlos, para evitar nuevas extracciones. Las otras empresas también presumen de sostenibilidad. La cuarta, Lockheed Martin, no: fabrica los cazabombarderos F-35 y los misiles Patriot. Necesita minerales raros para la destrucción masiva.

El gobierno de Trump está al servicio de los tecnólogos. El presidente de Estados Unidos les hace más caso a ellos que a los dos mil científicos que le han pedido que dé marcha atrás en su autorización a la minería de fondos marinos. Washington tampoco ha firmado el Tratado de Alta Mar, adoptado para que el 30% de las aguas internacionales sean áreas marinas protegidas en 2030. Cero protecciones, plena libertad de exploración y fortuna. La minería oceánica no tiene mineros, sino robots. Ni siquiera será inmediatamente visible a los ojos del mundo. La minería inframuros es un sueño de explotación capitalista.

A los mercaderes submarinos no les falta lírica. O cinismo. El dueño de The Metals Company tuvo antes una empresa a la que llamó Nautilus Minerals. El Nautilus de Nemo era el barco de los que habían roto con la tierra, empezando por el propio capitán: «terrible justiciero, arcángel del odio», le define el ingenuo Aronnax. Nemo, nadie, quería venganza contra el imperialismo y el esclavismo, hoy motores de las minas de superficie en el centro de África que alimentan a las Big Tech. Los nuevos emperadores piensan ya en sustitutos para el corazón de las tinieblas y afilan sus punzones para excavar el abismo.


Extramuros es una columna informativa de Efecto Doppler, en Radio 3

Efecto Doppler Extramuros

Víctor García Guerrero
Últimas entradas de Víctor García Guerrero (ver todo)

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba