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Extramuros

Guerra contra la voz de Palestina – 3 de abril

Estados Unidos ha declarado la guerra a la universidad. El gobierno investiga a 60 universidades por su manera de gestionar las manifestaciones contra el genocidio de Gaza. La rectora de Columbia, Katrina Armstrong, ha tenido que dimitir, presionada por el claustro: el Ejecutivo estadounidense amenazaba con retirarle una subvención de 400 millones de dólares. No había sido suficiente su silencio ante la detención de Mahmoud Khalil, líder de las protestas propalestinas, ni su complicidad para prohibir manifestarse con mascarilla y criticar a Israel. La rectora estaba en tierra de nadie: entre los estudiantes, y la reacción. La neutralidad no tiene trinchera.

Otras rectoras habían caído antes, como la de Harvard. El gobierno Trump condiciona las subvenciones millonarias a las universidades a que sigan su política proisraelí, disfrazada de combate al antisemitismo. El departamento de Estado también participa en la represión: ha revocado el visado de 300 estudiantes extranjeros que han participado en las protestas pro Palestina. Se apoya en una ley de la Guerra Fría que permite castigar a individuos que representen «una amenaza para la política exterior de Estados Unidos». Es una decisión administrativa de un Leviatán enfurecido.

En Alemania siguen los pasos de Trump. El gobierno socialdemócrata ha ordenado deportar a cuatro extranjeros que se manifestaron en contra del genocidio en Palestina. Son de Estados Unidos, Polonia e Irlanda, y no se han presentado cargos contra ellos. Pero la policía alemana dice que estuvieron en protestas organizadas: una sentada en la estación de tren de Berlín, un bloqueo de una carretera y la ocupación de un edificio. Y que uno de ellos llamó «fascista» a un agente. Eso es un crimen en Alemania. Como es ilegal gritar «Del río hasta el mar, Palestina será libre». En la democrática Berlín es más delito denunciar el genocidio que justificarlo.

El escándalo europeo con el trumpismo y la ruptura con Estados Unidos es aparente: las más de doscientas bases militares estadounidenses con sus 80.000 soldados siguen ahí. Hay una complicidad profunda, de cosas que nunca se dicen, guardadas donde el corazón y las cuentas corrientes sonríen, con perdón de Serrat. Y también en la censura siguen la estela del sionismo, que amordaza las escasas, exóticas críticas al genocidio que se les puedan ocurrir a los académicos israelíes. Desde 2023, Israel amenaza con retirar subvenciones a las universidades que critiquen la destrucción de Gaza. El crimen se ejecuta mejor en el silencio.


Extramuros es una columna informativa de Efecto Doppler, en Radio 3

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Víctor García Guerrero
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