Inmigrantes, caimanes y pitones – 26 de junio
En Florida están construyendo una cárcel para inmigrantes rodeada de cocodrilos. La llaman Alligator Alcatraz, el Alcatraz de los caimanes, y va a estar ubicada en plenos Everglades, los enormes humedales del sur del Estado. El gobierno Trump va a aprovechar un aeropuerto abandonado para levantar esa prisión con capacidad para mil personas. El Fiscal General de Florida alardea de que los que escapen no van a encontrarse más que con cocodrilos y pitones: ningún lugar donde ir, ningún lugar donde esconderse, amenaza. Los demócratas critican el proyecto: les preocupa el daño al medioambiente.
Estados Unidos mira al sur para deshacerse de los inmigrantes. Trump ha reactivado la base de Guantánamo como centro de detención y quiere enviar allí a miles personas, 800 de ellas con pasaportes europeos. Los diplomáticos del Departamento de Estado están incómodos: les preocupa la reacción de sus amigos del Viejo Continente. La suerte del resto de enviados a la prisión les da igual: poca comida, cambio de ropa una sola vez por semana y ratas en las celdas. Guantánamo es un medio y mensaje compartido por Bush, Obama, Biden y Trump: una infamia transversal.
Las cacerías del gobierno de Estados Unidos contra inmigrantes se están televisando. El terror forma parte de la campaña. Pero los agentes de ICE, la Inmigration and Customs Enforcement, se tapan con pasamontañas: el político busca la fama, al caza-inmigrantes le basta el sueldo. Todo el aparato represivo de la inmigración consumió en el último año de Biden 31.500 millones de dólares. Con Trump, será aún más. Ganan las empresas privadas de cárceles y las de tecnología como Palanthir, que rastrea inmigrantes con un programa llamado Gotham. El caballero oscuro siempre fue un millonario sin escrúpulos.
Chaplin y Coppola filmaron la misma llegada a Nueva York de los inmigrantes europeos de principios de siglo. En El Padrino. Parte II, el niño Vito Andolini se transforma en Corleone por la pluma de un funcionario perezoso. «Cuando América abrió sus compuertas y nos dejó entrar a los italianos, ¿por qué crees que lo hicieron? Nos necesitaban para construir sus ciudades y sus carreteras», dice un siglo más tarde Tony Soprano. Chaplin lo entendió todo antes. Su vagabundo y la bella Edna Purviance contemplan la estatua de la Libertad cuando llegan en barco, pero la maravilla sólo dura unos segundos, hasta que los acordonan como si fueran ganado. El inmigrante de Chaplin, al menos, consigue darle al agente de fronteras una patada en el culo.
Extramuros es una columna informativa de Efecto Doppler, en Radio 3
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