Jóvenes ricos en el reino de los cielos – 24 de abril
Los nuevos millonarios no se hacen, sino que nacen ricos. Todos menos uno de los 21 nuevos mega-ricos del mundo han heredado su fortuna. La excepción que confirma la regla es Alexandr Wang, estadounidense hijo de científicos chinos emigrados a Estados Unidos, que ha hecho miles de millones de dólares con la inteligencia artificial. El resto, veinte chavales menores de 30 años, no han hecho nada más que nacer para ser magnates. Quince son europeos, y de esos, la mitad, alemanes. Como Johannes von Baumbach, con 5.400 millones en un banco suizo con apenas 19 años. Los antepasados de los neo-ricos les dejan imperios de gafas, farmacias, motosierras, finanzas y juegos online. El capital le deja la ética del trabajo a los empleados.
O al catecismo, inasequible a pesar de los eternos desmentidos al dicho del camello, la aguja, los ricos y el reino de los cielos. La propaganda cristiana no necesita que la confirme la realidad, sino la televisión: miles de horas de directos demuestran que la única verdad es el verbo. La palabrería de las autoridades eclesiásticas y las de la ciudad de los hombres coinciden estos días en sinfonía: votos de pobreza, de paz y de armonía en un mundo precisamente alejado de cualquier virtud. Y serán esas voces de discordia las que se sentarán en las primeras filas del funeral del papa, como cuando murió Juan Pablo II, cuyo banquero se suicidó en un puente de Londres con cinco kilos de piedras en los bolsillos. Más pecado que el asesinato es la deshonra, o sea, la pobreza.
La fama es la fortuna de los pobres, por eso a los mil millonarios apenas le ponen foto en la revista Forbes: lista, sí; no photocall. Los ricos no necesitan ser celebrities ni influencers, salvo casos excepcionales. Los nombres de Sophie Louise Fielmann, Katharina Andressen, Firoz Mistry, o Dora Voigt de Assis son irrelevantes en el circuito de redes y cultivan otro tipo de juventud egolatría. En algunos casos, su nombre va unido a marcas. Como Remi Dassault, de 23 años y 2.800 millones de fortuna, y cuyo apellido formaba parte de la identidad de los aviones de combate de Francia: Dassault Mirage. El actual cazabombardero sigue llevando el nombre de la familia, Dassault Rafale. Mirage, espejismo; Rafael, ráfaga. La muerte en masa también es huidiza.
Los primeros cristianos pensaban que la segunda venida de Jesús era inminente y que verían con sus ojos el Reino de Dios en la Tierra. La esperanza no se ha desvanecido en dos mil años de fe, y sobre todo de Iglesia. «El catolicismo es cristianismo con calzadas romanas», decía Gustavo Bueno, que gracias a ser ateo pudo construir una verdadera filosofía de la religión. El materialismo suele explicar mejor la realidad del espíritu que los propios hombres de sotana. Y hasta advertir los propios límites del sueño emancipador: «el comunismo es el poder de los soviets más la electricidad», dijo Lenin. No podía sospechar la esclerosis futura del poder soviético, ni que el capitalismo terminaría siendo el único dueño hereditario de la luz, la palabra y la inteligencia (artificial).
Extramuros es una columna informativa de Efecto Doppler, en Radio 3

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