Kodachrome, el color de una época
Cada vez que visito una exposición donde una serie de diapositivas se suceden (acompañadas del característico sonido que ocasiona el cambio de instantánea), viajo inexorablemente a la niñez, concretamente a las horas de colegio en las que el profesor encendía un viejo proyector para, mediante imágenes proyectadas en la pared, acompañar el discurso con el que explicaba la lección. Las diapositivas que observábamos con interés (algunos) y con aburrimiento (la mayoría) eran un tipo de película conocidas comercialmente como Kodachrome, marca de carrete que tuvo gran repercusión en el lenguaje visual del siglo XX y que registró algunos de los momentos más importantes de aquella época. En aquel entonces nos encontrábamos en la última década del siglo XX y, aunque todavía vigente y siendo utilizada a lo largo y ancho del mundo, aquella tecnología se encontraba, tras una larga trayectoria de éxitos, en su decadencia y a pocos años de desaparecer completamente.
Los inicios de la búsqueda del color
Kodak es una de las marcas que asociamos a la fotografía analógica y que durante muchísimos años fue un auténtico estandarte en cuanto a la fabricación y distribución de cámaras y material fotográfico. Su auge vino con las innovaciones que George Eastman logró implementar a finales del siglo XIX. Hasta ese momento la fotografía era una herramienta solo accesible a un restringido número de personas y además precisaba de conocimientos especializados para poder efectuarse. La gran innovación fue facilitar el uso de las cámaras gracias a la introducción del carrete y su abaratamiento para hacerlas accesibles a un espectro de población mucho más amplio.
La empresa tuvo un gran apogeo y rápidamente se expandió. Al mismo tiempo, Eastman fundó numerosos laboratorios donde se realizaban investigaciones para nuevas aplicaciones. La búsqueda de la fotografía a color es casi algo intrínseco al registro de la imagen mediante elementos mecánicos y, de hecho, ya había algunas propuestas vigentes e incluso se realizaba de forma manual antes de la aparición del formato a color (como por ejemplo los daguerrotipos coloreados y algunas aplicaciones en el cine). Desde Kodak también se habían realizado investigaciones con la aplicación del color antes de lograr su película definitiva, como la propuesta que se denominó Two-Color Kodachrome. Para sacar adelante este proyecto se contó con el químico Samuel E. Sheppard y el químico fotográfico John I. Crabtree y Capstaff: «Los experimentos en el campo de la fotografía fija en color comenzaron en otoño de 1913. Al poco tiempo Capstaff dio con la clave de un proceso de fotografía de dos colores al retomar una idea que había tenido en 1910. Entonces accidentalmente había descubierto que si blanqueaba la placa de cristal de un negativo, la imagen negativa se eliminaba, pero con posterioridad, al lavar y tintar selectivamente la placa para endurecer y fortalecer la gelatina, el área donde había existido aparecía tintada de forma diferente» (Guiralt, pág. 8).
Esta técnica sustractiva para lograr el color solo utilizaba dos colores en lugar de tres, por lo que funcionaba en algunas aplicaciones como los retratos, pero naufragaba en otros intentos de aplicación como el paisaje y al trasladarlo a la cinematografía. Aún así, hubo algún intento de implementación y en 1916 se rodó un cortometraje experimental de título Concerning $1000 que, «de acuerdo con Glenn E. Matthews (1930), fue la primera obra de ficción de la historia del cine realizada con un sistema de color sustractivo. Se rodó en julio de 1916 en la azotea de los Kodak Research Laboratories y en los jardines privados de la residencia de George Eastman. No se exhibió comercialmente más allá de las instalaciones la compañía, ya que su único propósito era probar la viabilidad del sistema de color» (Guiralt, pág. 13).
El nacimiento del Kodachrome que finalmente se comercializó fue posible gracias a las investigaciones de Leopold Godowsky y Leopold Mannes, dos músicos y físicos químicos que iniciaron sus investigaciones después de experimentar una decepción con la tecnología a color de la época: «La experimentación de Mannes y Godowsky con la fotografía en color comenzó en 1917, después de ver la película Our Navy en Prizma Color, que se anunciaba como una película en color. Debido a la baja calidad, los chicos se sintieron engañados y decidieron hacer algo al respecto» (Academia Lab, 2025).
Pero esta experimentación se alargaría durante años, realizando los trabajos de forma artesanal en las cocinas y los baños de las viviendas que habitaban. En 1924 lograron obtener de una firma de Wall Street un préstamo de veinte mil dólares para continuar con sus investigaciones. En 1929 su persistencia tendría un empuje al entrar a formar parte de Kodak y disponer de un sueldo anual y laboratorios donde poder progresar con sus investigaciones. No sería hasta 1935 que ambos químicos, junto al personal de la compañía, lograran desarrollar la película que primero se comercializaría en formato de 8 mm, al año siguiente en 16 mm y posteriormente en 32 mm.
El auge del mundo a color
Dentro de la compañía se siguió investigando y el producto fue evolucionando. Así pues, en 1955 se introdujo el K-11, al que sucedió el K-12 en 1961 y el K-14 en 1974. Modelos que mejoraban el Kodachrome original. No obstante, comercializarlo no resultó una tarea fácil. El proceso de revelado implicaba más de doce pasos y había que realizarlo en laboratorios especializados y combinaba un cóctel de productos químicos y procesos para lograr el resultado definitivo. Esto no solo suponía un alto costo, sino que requería además de tiempo para procesarse. Al tratarse de laboratorios especializados, los rollos se enviaban por correo postal y/o a través de un distribuidor. En el laboratorio se revelaban y una vez finalizado el trabajo las diapositivas eran devueltas a los propietarios del mismo modo. Esto hacía que para algunas aplicaciones, como por ejemplo la prensa, por su inmediatez, fuera inviable.
En cualquier caso, pese a algunos aspectos en su contra, había un factor que indudablemente jugaba a su favor: la calidad cromática de la película. Esta calidad en la que han coincidido numerosos fotógrafos a lo largo del pasado siglo se evidenciaba en una rica diversidad de colores y en tonalidades luminosas que no caían en lo estridente. Este resultado lo popularizó y en poco tiempo tuvo una rápida e importante expansión. Así pues, en los años sucesivos abrieron nuevos laboratorios de revelado de Kodachrome, primero en Estados Unidos y más tarde fuera del país. Los carretes se vendían ya con el precio del revelado y los clientes lo compraban, tomaban las fotografías y cuando se agotaban las tomas lo enviaban al laboratorio que les correspondía. Disponer de un amplio número de laboratorios minimizaba los tiempos entre recepción y devolución y abarataba costes de envíos.
El gran artífice de esta globalización fue que el producto no solo era utilizado en los entornos profesionales, sino que se le dio uso de forma particular y su uso masificado disparó las ventas hasta convertirlo en un icono de su época.
La huella en el espectro visual del siglo XX
Durante cincuenta años la revista National Geographic confió las imágenes de sus publicaciones a esta tecnología. Así mismo, también otros medios de comunicación como Life o Time cubrieron gráficamente incontables páginas y cubiertas con fotografías tomadas con este tipo de película.
Es indudable que la apuesta de los grandes fotógrafos y cineastas por el carrete de Kodak han desencadenado que este tipo de revelado sustractivo haya registrado algunos de los eventos más importantes del siglo XX, como numerosas imágenes de la liberación tras la Segunda Guerra Mundial o la filmación del asesinado del presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy. También han quedado inmortalizadas algunas instantáneas que se han vuelto icónicas, como el retrato de la niña afgana que Steve McCurry realizó en 1984 en el campo de refugiados de Nasir Bagh, en Pakistán.
En España, uno de los pioneros en la fotografía a color y del uso de este rollo fue Gonzalo Juanes. Sin embargo, salvo excepciones, su obra estuvo oculta al público la mayor parte de su vida y solo realizó su primera exposición ya en la vejez. Así mismo, en el cine algunos cineastas como José Ernesto Díaz-Noriega (que en su cortometraje El cine amater referenciaba con humor las características del revelado por correspondencia) también hicieron uso de esta tecnología.
Al volverse un producto icónico, su rastro traspasó las propias fronteras de la fotografía y el cine, pasando a ser un aspecto más de la cultura popular. Una de las más conocidas referencias a esta película la encontramos en la canción que compuso Paul Simon que lleva por nombre Kodachrome. Así mismo, en Estados Unidos se le dedicó un nombre oficial a un lugar: el Parque Estatal Kodachrome Basin, debido a un espectacular reportaje publicado en National Geographic en 1949. Más cercano a la actualidad (2017) y ya con una mirada retrospectiva, podemos encontrar un largometraje que también toma por título la marca del carrete, dirigido por Mark Raso, cuya trama gira en torno a un padre y un hijo que inician un viaje a contrarreloj para poder llegar al último laboratorio de revelado (en Kansas) antes de que cierre.
Decadencia y fin de época
El fin de esta tecnología no es causa de un solo hecho, sino de una serie de cambios tecnológicos y sociales que hicieron inviable la persistencia de un modelo que, aunque de calidad, había quedado relegado por los costes que implicaba a nivel de consumidor, de empresa y por el tiempo necesario para su revelado.
Este declive se originó a finales de siglo XX cuando Fujifilm entró con fuerza en el mercado estadounidense con el carrete Velvia, arrebatando un porcentaje de ventas cada vez mayor a multinacional fundada por George Eastman. Su tecnología a color era más moderna, económica y la posibilidad de revelarla en cualquier laboratorio e incluso a nivel amateur, hacía que cada vez un número más amplio de personas se decantaran por esta tecnología relegando la película de Kodak a un mercado cada vez más pequeño. Muchos de los profesionales que tradicionalmente habían confiado en la marca seguían vinculados a ella, pero el grueso del mercado descendía de forma drástica.
A este declive iniciado por otras tecnologías más novedosas se unió la irrupción del formato digital. Las cámaras digitales irrumpieron en el mercado y se propagaron con gran rapidez, cubriendo un nicho de mercado cada vez mayor. A pesar de que en la última década del siglo XX y primeros años del XXI las cámaras digitales todavía estaban lejos de equiparar la calidad conseguida por el formato analógico (una diapositiva de Kodachrome poseía veinte Mpx), la rapidez de obtención de la fotografía, así como el abaratamiento de los costes (en el formato digital el error no tenía coste y se podía tomar tantas instantáneas como memoria se dispusiera) hicieron que la propagación de estas cámaras se expandiera exponencialmente con inmensa rapidez:
«La implementación de la tecnología digital en la práctica fotográfica ha supuesto un cambio en todo el circuito de producción, distribución y consumo de fotografías. El paso de la fotografía analógica a los sistemas digitales, y su popularización masiva, ha supuesto la sustitución de los carretes de composición química, casi en su totalidad, por dispositivos electrónicos de memoria» (Gómez, pág. 291).
Esta situación obligó a Kodak a cerrar incontables laboratorios a lo largo y ancho del mundo, lo que provocaba a su vez que cada vez hubiera menos disponibilidad del formato y se incrementaran los tiempos de espera. La propia compañía, que tuvo dificultades para continuar debido a la caída estrepitosa de su negocio, anunció en 2009 que Kodachrome ya no suponía ni el 1% de los beneficios de la compañía y que en 2010 se cerraría el último laboratorio de revelado, ubicado en Kansas, dando cierre a 74 años de historia del mítico carrete.
Nostalgia y recuerdo
La noticia del cese de la comercialización del producto recorrió toda la prensa a nivel global, por dar cierre a un ciclo que tuvo especial relevancia en cuanto al registro visual del siglo XX. Posiblemente, pasó de largo por un gran porcentaje de la población sumida en una época de perpetuo cambio, pero también hizo mella en algunas personas que, por su labor profesional o por su vinculación a la fotografía, habían trabajado con esta película durante numerosos años.
Algunos incluso le rindieron un homenaje de despedida. Tal vez uno de los más conocidos sea el que Steve McCurry quiso brindarle, utilizando un último carrete para retratar a personalidades que iban desde Nueva York a la India. La evidencia de esta última aventura quedó reflejada en un documental de National Geographic titulado El último rollo de Kodachrome. Un último encuentro con el que se despedía el gran fotógrafo, sumido en la nostalgia, de un carrete que lo había acompañado durante una parte significativa de su carrera (para la época en que se grabó el documental, ya hacía años que había optado por una cámara digital).
No fue, sin duda, el único homenaje que se efectuó, puesto que esta icónica marca ha acompañado algunas de las imágenes más trascendentales del siglo XX. No obstante, lo más significativo se encuentra en lo cotidiano, puesto que en sus 74 años de historia esta película ha sido testigo de las confidencias y recuerdos personales de generaciones enteras.
Bibliografía / Webgrafía
- Guiralt Gomar, C. (2014). El Two-Color Kodachrome y su inserción en The Llight in the Dark (Clarence Brown, 1922): primera y única exhibición pública del proceso experimental de color en un largometraje comercial. Fotocinema. Revista Científica De Cine Y Fotografía. https://doi.org/10.24310/Fotocinema.2014.v0i9.5963
- Academia Lab. (2025). Leopoldo Mannes. Enciclopedia. Revisado el 8 de marzo del 2025. https://academia-lab.com/enciclopedia/leopoldo-mannes/
- Gómez Cruz, E. (2013). De la cultura Kodak a la imagen en red: una etnografía sobre fotografía digital. ed. Barcelona: Editorial UOC, 2013. Disponible en: https://elibro.net/es/ereader/uoc/56627?page=24. Consultado en: 08 Mar 2025.
- Benedeti I. (2006). Flicker. Boletín trimestral Número 40. Especial Kodachrome. Ibcinema. https://www.ibcinema.com/ib2006/flicker/40.pdf
- Riaño P. H. (2009). El final del mundo iluminado. Público. https://www.publico.es/actualidad/final-mundo-iluminado.html
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