La sed de la Inteligencia Artificial – 10 de abril
La Inteligencia Artificial se bebe millones de toneladas de agua. Una simple búsqueda que genere una respuesta de cien palabras supone una botella de agua de medio litro; una búsqueda semanal durante un año por un tercio de los españoles: más de 430 millones de litros. Lo que consume toda Asturias en día y medio. Y eso con una sola búsqueda. En términos de energía, el consumo también es disparatado. Son cálculos de The Washington Post. Los ordenadores se calientan buscando y necesitan refrigerarse. No hay alternativa al agua. Siempre fue la gran industria, no nuestras duchas, la que secaba el planeta.
En Italia, un ensayista y dos informáticos han creado un filósofo con Inteligencia Artificial. Le han llamado Jianwei Xun y es el padre de una teoría llamada Hipnocracia, una denuncia de la manipulación a escala industrial a base de algoritmos. Jianwei Xun evidencia la fuerza de las herramientas de la propaganda contemporánea. No importará mucho. Hace treinta años, el affaire Sokal demostró que el posmodernismo que decía que no había verdades era, en realidad, un fraude. Dio igual. Hoy es la ideología dominante en facultades, medios, redes y radios. Nada está a salvo de la impunidad.
Los asesinos impunes usan Inteligencia Artificial para seleccionar víctimas, y el agua como arma de guerra en Gaza. Israel trata a los palestinos como a un ejército enemigo: monstruos, dicen los turistas judíos que van a ver la matanza desde los altos de Sederot. Lo que no mata la sed lo matan las bombas inteligentes, el hambre o la enfermedad. Eliminar a los enemigos a través del asedio y el agua no es original. El griego Temístocles envenenó pozos para frenar a los persas y terminó derrotándolos en Salamina, la gran batalla naval de la Antigüedad. El mundo era cambio, decía la Inteligencia griega.
La filosofía empezó por el agua, y matando a dios: todo está lleno de dioses, decía Tales, y siendo así ya no se podía distinguir lo que era divino de lo que no. “Dios ha muerto”, se acordó Nietzsche 2400 años después, pero la posmodernidad encumbró a otras deidades: el dinero, la fama, esa es la gloria del siglo XXI. Los atletas de Gaza ni siquiera pueden aspirar a ella. La periodista Beatriz Lecumberri recuerda al joven Yazan, de 17 años, del equipo de natación de Yabalia. Sólo era libre debajo del agua. «Siento que me van a matar pronto, pero no te pongas triste cuando ocurra, mamá». A Yazan lo mataron los israelíes de un disparo en el cuello muy cerca del mar.
Extramuros es una columna informativa de Efecto Doppler, en Radio 3

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