NELINTRE
Divulgación

La semilla crece en terreno fértil. Galicia en La Habana

 

Galicia está probe 

i á Habana me vou… 

¡Adiós, adiós, prendas 

do meu corazon![1]

Igual que la semilla contiene la promesa de un bosque, esta historia comienza con un humilde germen que arraigó en una tierra prometida. Cruzar el océano ha sido un acto cargado de simbolismo desde la antigüedad. La sucesión de amargas pruebas con el correspondiente aprendizaje y las esperanzas de recompensa han guiado los pasos de viajeros míticos y reales a lo largo del relato de la humanidad. En nuestra geografía, dicen que ser gallego es amar los mares, pero más allá de ese noble sentimiento ligado a su naturaleza las razones que impulsaron a las gentes de Galicia a aventurarse en el viaje a territorios tan distintos y distantes como las orillas del Caribe, se debieron fundamentalmente a circunstancias económicas y sociales muy concretas. La importancia de esta emigración ha llevado a afirmar a distintos autores que, para entender realmente el devenir histórico y social de Galicia en los últimos ciento cincuenta años, es imposible no referirse a las relaciones recíprocas con los países de América.

Según señala José Antonio Vidal,[2] Galicia fue la región española que más emigrantes aportó al proceso migratorio español transoceánico de los siglos XIX y XX (entre 1899 y 1960 llegaron a Cuba más de trescientos mil inmigrantes procedentes de esta región, lo que representó el 45% del total de la emigración española a la isla). Los mayores contingentes llegaron en el primer tercio del último siglo y tenían como meta las zafras cubanas y los numerosos puestos de trabajo que esta actividad agroindustrial demandaba por entonces. Las causas principales de esta gran migración fueron la pobreza, la huida del servicio militar (en el caso de los hombres, para evitar ser movilizados a la guerra del Rif que enfrentaba a España con Marruecos), las reagrupaciones familiares y el embullo (la incitación) derivado de los relatos fantásticos y los llamados «cuentos de camino» que llegaban desde las tierras cubanas, con mayor o menor base real, pero que de cualquier forma llamaban a emprender el viaje con la intención de mejorar la fortuna. La imagen del rico indiano hizo soñar a multitud de jóvenes con la perla antillana y despertó ansias de aventura y prosperidad. Aunque no corriera el oro por las calles, como se llegó a decir, lo cierto es que la isla posibilitaba el acceso a tierras que permitían el cultivo de maíz, papas, centeno y verduras que daban para comer en el año, así como un incipiente comercio que llegó a ser muy sustancioso. Razones suficientes para embarcarse hacia el Nuevo Mundo. En aquella otra orilla y en un sector muy concreto, es sabido que, como señala Carlos Sixirei, «el extraordinario desarrollo de la economía azucarera cubana en la primera mitad del s. XIX se basaba en la utilización de mano de obra esclava a gran escala»[3], y que a partir de la segunda mitad del siglo, gracias a las leyes abolicionistas, descendió considerablemente la cantidad de personas destinadas al trabajo salvaje en tal servidumbre y explotación. Este hecho, junto con otros condicionantes como la natalidad insuficiente para incrementar la población libre (o liberada) necesaria en las plantaciones, provocó que se estimulara la venida de migrantes con desigual destino y fortuna. No deja de citarse como un caso sangrante, el de los gallegos contratados por el comerciante Urbano Feijoo y Sotomayor, cuya actividad como tratante de mano de obra es narrada con la crudeza de un relato de esclavitud por la autora Bibiana Candia en Azucre. Pero, dejando al margen episodios tan trágicos y controvertidos, es un hecho que del trabajo en los campos y el comercio, la perseverancia y el sacrificio de tantos, floreció una pequeña Galicia en La Habana. De hecho, los conflictos sucesivos que se desataron en Cuba en la segunda mitad del s. XIX y que culminan en la derrota española de 1898 no fueron impedimento para desanimar la emigración[4], y al final del s. XIX, los gallegos representaban el 33,9% de los 130.000 residentes españoles. Según Carlos Sixirei, esta notable presencia explica por qué, en plena Guerra de los Diez Años, se funda la primera entidad asociativa moderna gallega de Cuba: «La Sociedad de Beneficencia de naturales de Galicia», nacida en 1871-72, a impulso de treinta inmigrantes y 500 socios, e inspirada en dos precedentes: «La Santa Hermandad de Santiago el Mayor» y el «Centre Catalá». El objetivo principal en aquel momento fue: «Proteger a sus asociados y proporcionar socorro a los naturales de Galicia y a sus familiares que se encuentren necesitados».[5] El edificio que hoy ocupa la escuela primaria «Concepción Arenal», ubicado en Prado 573-575 esquina a Dragones, en La Habana Vieja, fue el germen del futuro centro.

En 1872, Rosalía de Castro fue nombrada «Socio Honorario» de la Sociedad de Beneficencia en uno de los primeros actos de la institución. La misma distinción le será otorgada por el Centro Gallego en 1880 (Rosalía había dedicado su poemario Follas Novas a «Os señores da Xunta Directiva e mais individuos que compoñen a Sociedade de Beneficencia dos naturales de Galicia na Habana»).[6] Pero en estos años ya debemos comenzar a hablar de otro edificio para albergar lo que será propiamente la sede del Centro gallego. El antiguo teatro Tacón fue el lugar donde ubicaron la primera sede de su asociación hacia 1880. Por esas fechas se mantenía el «Plantel Concepción Arenal» con clases diurnas y nocturnas de primaria, corte y costura, comercio, taquigrafía, inglés etc., una Academia de Bellas Artes y una Academia de Música con rango de Conservatorio. En 1905 la entidad compró por 525.000 pesos dicho teatro y el terreno circundante. Allí se trazó lo que sería el Palacio Social. El complejo nuevo comprendió no solo el teatro, sino también dos salones de baile, un casino, salones de juegos, oficinas, caja de ahorros, tesorería, restaurantes, y cafés. El magnífico edificio actual fue inaugurado en 1914 y es obra del arquitecto belga Paul Beleu. Tal y como señala Martín Fernández,[7] el Centro Gallego de Cuba fue el responsable, entre otras muchas cosas, de la creación de los tres símbolos claves de la identidad de gallega: el Himno, interpretado por primera vez en sus salones el 20 de diciembre de 1907, en el que se utilizaría la letra del poema de Eduardo Pondal, «Os Pinos»; la bandera gallega y la Real Academia Galega. Aquel lugar fue desde sus comienzos un lugar de promoción de la educación, la cultura, la asistencia y de encuentro de la comunidad. En 1920 ya contaba con 64.000 socios y llegó a tener 51 sedes, el hospital del Centro, llamado «La Benéfica», contaba en 1950 con 13 pabellones. Todo ello nos da idea de su relevancia y aportación social. Con el triunfo de la Revolución Cubana producido en 1959 se produjeron cambios que afectaron a las asociaciones de inmigrantes y en 1961 el centro fue nacionalizado, si bien, la presencia gallega se mantiene en este espacio mediante la Agrupación (Federación) de Sociedades Gallegas que continúa desarrollando un importante trabajo cultural, de archivo y conservación del patrimonio material e inmaterial gallego.

Hoy en día la presencia cruzada puede ser vista y visitada en ambos lados del océano: en La Habana, con aquel glorioso centro (ahora Gran Teatro de La Habana «Alicia Alonso»), en los panteones de la monumental Necrópolis Cristóbal Colón, en el Palacio de la Marquesa de Villalba (sede de la Sociedad Cultural Rosalía de Castro); en Galicia, con la construcción de escuelas y asilos, en las habaneras y la rumba gallega, con las hermosas casas de indianos de torres y palmeras que recuerdan en su fisionomía y jardines que una vez y muy lejos creció una semilla en terreno fértil.


[1] Rosalía de Castro, «¡PRA A HABANA!», fragmento de Follas novas.

[2] José Antonio Vidal Rodríguez, «Causas y factores posibilitadores del proceso migratorio en el discurso de los emigrantes: gallegos en cuba en la primera mitad del siglo XX». En Revista de Indias, 2009, vol. LXIX, n.º 245, 15-42, ISSN: 0034-8341 doi:10.3989/revindias.2009.001.

[3] En «Habaneros», Casas de Indianos, Xunta de Galicia (VVAA).

[4] Carlos Sixirei, «Los gallegos en cuba en el siglo XIX: cultura y regionalismo». Universidad de Vigo. Portal de Revistas OJS. UPV-EHU.

[5] Ibid.

[6] Ibid.

[7] Martín Fernández, La Voz de Galicia, 04 abril 2016.

Rosa Cuadrado Salinas
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