Los domingos y las interpretaciones
Hace unos días Manuel Jabois hablaba de una de sus preocupaciones: cómo se leía aquello que escribía. La ironía o el sarcasmo le jugaban malas pasadas y alguno de sus lectores entendía lo que plasmaba al revés. Un amigo de una editorial le explicaba que él era dueño de lo que escribía y no de lo que leían los demás. Él sentía que últimamente se sobreexplicaba en exceso.
En ocasiones, el otro se adueña del sentido de tus palabras. Depende mucho de quién tengamos enfrente. Se puede tratar de una simple e inocente perspectiva o quizá, desde un prisma psicopático, se conciba la maldad en un punto y una coma. A esto se le podría sumar algún que otro plus de peligrosidad… El primer plus sería tratar temas delicados, y el segundo, este afán propio de nuestro mundo posmoderno: clasificar obras y personas en tiempo récord.
Inocentes puntos de vista y visiones retorcidas tienen el mismo peso. En ocasiones, los puntos de vista o las interpretaciones pueden convertirse en matrioskas enriquecedoras que crean conversaciones inesperadas. Lugares que nunca pensamos visitar y en este momento nos alegramos de estar en ellos.
Sin embargo, si pensamos en una película como Los Domingos (Alauda Ruiz 2025), algún fulanito puede darnos una visión retorcida al concebir la película como un mero ejercicio que cuestiona una fe. Probablemente, quien lo haga, no la haya visto o no ha pasado del tráiler. Los Domingos narra la historia de una adolescente a punto de ser universitaria que se plantea la idea de retirarse a un convento. Esta idea deja a sus familiares algo descolocados.
Al verla, tiene algo de inteligencia, sobre todo de inteligencia emocional, eso de cuestionarse el porqué tal persona hace tal cosa. De quién se rodea, si está en una edad en la que puede ser influenciable o si se maneja desde la carencia. Puede que el problema en esta era sea reducirlo todo, en este caso la película, a un sentido único y sectario. En un mundo globalizado, prima clasificar en bueno, malo y malinterpretar o interpretar en función de lo que somos. Y no, no hablamos de reducir ni de una narrativa reduccionista como Rosalía en La perla (guiño, guiño…). Simplemente es necesario dar dos pasos hacia atrás y contemplar. El refranero es muy sabio: «una lluvia no hace invierno». Dejemos de cuantificar y catalogar en pocos segundos y tan a la ligera.
El mundo es mucho más rico cuando vemos las aristas y prima la conversación. La directora de Los Domingos, Alauda Ruiz de Azúa, nos coloca en el marco de la ventana a observar. Y no es la primera vez: ya lo hizo en 2022 con Cinco lobitos.
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