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Pablo Batalla: política en las cumbres

La historia de Andrew Irvine y George Mallory resulta evocadora. Estos dos montañeros participaron en una de las primeras ascensiones al Everest en el año 1924. Según los registros fueron vistos por última vez el 8 de junio, por el geólogo Noel Odell. Marchaban al quinto intento de ascenso. Sus cuerpos yacen en algún recoveco de la montaña guardando el secreto de si alcanzaron o no la cima. Me gusta pensar que la suya fue la primera ascensión real. Y lo digo porque, aunque su gesta no pudo ser acreditada, tampoco fue desmentida. Se sabe que ambos montañeros llevaban cámara fotográfica, ha habido al menos media docena de expediciones para localizar sus cuerpos en busca de la ansiada foto. De hecho, en 1999 fue localizado el de Mallory… aunque sin rastro de la cámara. Pero lo que más me gusta de esta historia es el detalle que siempre defendió la hija de Mallory, Frances. Aseguró hasta su muerte que su padre guardaba una fotografía de su esposa Ruth, que planeaba colocar en la cima. Y esa fotografía no apareció junto al cadáver. Así que dejen volar su imaginación.

Siempre me gustaron estos relatos. Reúnen lo mejor y lo más cruel de la experiencia humana. Espíritu de superación y camaradería ante la implacable verdad del medio hostil. Pero con el tiempo aprendimos que estas historias no estaban completas. Irving y Mallory no eran exactamente unos aventureros. Participaban en una carrera que la Royal Society de Londres tenía por alcanzar la cima del mundo. Eran los tiempos en los que se hacía política coronando las cordilleras. La carrera se inició en 1920 cuando el Tibet abrió sus puertas al imperio británico. Y tras ellos alpinistas y exploradores rusos se afanaban por coronar las cimas del Asia central. Los historiadores llamaron a aquella carrera el Gran juego. Tardé mucho en darme cuenta de que aquellas gestas maravillosas en realidad eran la propaganda de una implacable maquinaria imperialista. Tardé en ver que la política también estaba detrás de la montaña.

Por eso hoy ha venido a vernos Pablo Batalla. Este historiador que escribe ensayos y hace entrevistas es una de esas personas que mejor conoce las bambalinas del teatro de la política. Sabedor de las pulsiones de nuestro tiempo, Pablo analiza con agudeza la dimensión política de las cosas. Pero además, es un amante de la montaña que viene a charlar con nosotros de su último libro «La bandera en la cumbre» (Capitán Swing). Bienvenido y bienvenidos a esta nueva entrega de las entrevistas en La Soga.

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