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Extramuros

Reloj del fin del mundo – 19 de junio

 

El reloj del apocalipsis está un segundo más cerca de la medianoche. 89 segundos para las cero horas, marca el cronómetro de los científicos atómicos de la universidad de Chicago. Creen que en 2025 estamos a un minuto y 29 segundos del final por la guerra de Ucrania, los conflictos de Israel con sus vecinos, el aumento de los arsenales nucleares, el colapso de los sistemas de control de armas, y una novedad creciente y preocupante: cada vez más países que no tienen bombas atómicas valoran hacerse con ellas. Nunca, desde 1947, el reloj había estado tan cerca de la hora fatal.

Nueve países tienen armas nucleares: Rusia, Estados Unidos, China, Francia, Reino Unido, India, Pakistán, Israel y Corea del Norte. Moscú posee el mayor arsenal, pero Washington lo supera sumando lo que tiene la OTAN. Las grandes potencias firmaron en su momento el Tratado de no Proliferación Nuclear, que restringe la posesión de estas armas. Pero Corea del Norte, India y Pakistán no lo han firmado. Israel tampoco, y ni siquiera confirma que tenga esa tecnología. Lo desveló hace 30 años un científico que trabajaba en la central de Dimona: Mordejái Vanunu ha pagado con cárcel y persecución la divulgación del secreto.

Kennedy no quería que Israel tuviera la bomba y por eso lo mataron, dice una de las teorías de la conspiración sobre el asesinato de JFK. A saber. Sí se sabe que el programa nuclear israelí era un «secreto dentro de un secreto», escribe el periodista Kit Klarenberg a partir de documentos desclasificados. Expone una trama de espías de la CIA que le pasaban información a Israel a espaldas del presidente. Hoy los protagonistas están todos muertos, y al mundo le da igual: los hechos consumados son la ley. Y las armas de destrucción masiva, un escudo, lamentan los fantasmas de los dictadores desarmados, y derrocados.

El cambalache del siglo pasado fue un despliegue de maldad insolente, según el tango. Pero no hay moral en el átomo, sino en la humanidad. Los mismos que construyeron las primeras bombas atómicas fueron quienes pusieron en marcha el reloj del apocalipsis: Rabinowitch, Born, Einstein… El mismo Oppenheimer, que llegó a decir que tenía las manos manchadas de sangre. Se veía como un «creador de la nada». A los científicos les aterraba que su firma en el mundo fuese la sombra del hombre vaporizado en Hiroshima. Sabían que del mundo atómico no quedaría nada: como mucho dos submarinos de combate, mirándose el uno al otro en el fondo de un mar muerto.


Extramuros es una columna informativa de Efecto Doppler, en Radio 3

Víctor García Guerrero
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