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El Seriéfilo

Seriéfilo: abril de 2025

Si el mes pasado nos permitíamos el lujo de que una serie nueva, Adolescencia (Netflix), le robara algo de protagonismo a la veterana Separación (Apple TV+), abril se presenta infranqueable para cualquier novedad con ínfulas de grandeza. Y es que este ha sido el mes donde los pesos pesados de otras temporadas han decidido reunirse para batirse en duelo singular y comprobar quién vuelve en mejor forma.

Quizás el regreso más esperado era el del demonio de Hell’s Kitchen, no solo por la larga espera de casi siete años, sino porque, en definitiva, la trilogía estrenada en Netflix es probablemente el mejor producto del universo Marvel creado para televisión. Por todo ello, el mayor enemigo de Daredevil era el propio Daredevil. Hay que empezar diciendo que a Daredevil: Born Again (Disney+) le falta mucho para alcanzar el nivel de sus predecesoras, pero tiene un final prometedor que invita al optimismo. La pareja principal, Matt Murdock y Wilson Fisk, sigue siendo terriblemente carismática. Con muy poco son capaces de llevar la serie en volandas, pero, habiendo visto su excelencia en la tercera temporada (la que mejor adapta el cómic Born Again de Frank Miller), no queremos, ni debemos, conformarnos con menos.

Las cosas empiezan mal cuando se decide hacer una especie de reboot manteniendo la coherencia con la trilogía de Netflix. La conexión entre ambas etapas parece hecha con pegamento de barra en vez de Superglue y, al final, es todo tan endeble que ante el mínimo toque se cae. El reencuentro de Matt y Fisk resulta poco convincente y la excusa para que Murdock vuelva a colgarse el traje de justiciero es débil. Se decide mantener a Fisk como antagonista en la sombra, golpeando desde una posición más institucional, mientras el villano enmascarado de esta temporada resulta insulso y sin carisma. En el otro lado de la balanza, las pequeñas pinceladas del Castigador son prometedoras y, aunque la serie parte desde muy abajo, consigue escalar poco a poco hasta construir, en los últimos capítulos, una base sólida que invita a pensar en una segunda temporada más épica. Esperemos que así sea.

Hecho el acuse del recibo más esperado del mes, cambiamos la oscura y violenta Nueva York por la paz luminosa del resort de lujo tailandés en el que transcurre la tercera temporada de The White Lotus (HBO Max), donde conocemos las motivaciones y preocupaciones de familias millonarias durante sus vacaciones. Manteniendo el esquema habitual, comienza mostrando el infierno en el paraíso en una escena confusa con muertes, para luego retroceder unos días y contarnos cómo unas plácidas vacaciones acaban desembocando en el horror. La serie juega constantemente con la tensión de mostrar situaciones que podrían derivar en el trágico desenlace, pero sin revelar quién muere, ni cómo ni por qué, hasta el final.

Aunque conserva su tono de comedia ácida, esta temporada, si bien sigue parodiando a los ricos, no los castiga tanto como en entregas anteriores; la mayoría salen relativamente bien parados. El gran fuerte de la serie continúa siendo sus personajes y los conflictos familiares: problemas más o menos superficiales, pero tratados con interés. Los pequeños enredos entre el personal del hotel y los huéspedes sirven para hilar la trama, pero el peso reside en los dilemas individuales de cada núcleo familiar. El in crescendo de la tensión sigue funcionando muy bien, aunque la explosión final resulta algo más previsible que en temporadas anteriores. La incorporación de Belinda, la masajista de la segunda temporada, es un buen recurso para mantener el hilo conductor entre las distintas entregas.

El prolífico Taylor Sheridan vuelve a la carga para seguir ampliando el universo de Yellowstone, esta vez con la segunda temporada de 1923 (SkyShowtime), que, sin alcanzar el nivel de su precuela 1883, sí mejora respecto a su primera entrega, logrando un sólido western crepuscular. Ahora, las dos tramas principales (el rancho en Montana, asediado por el magnate Donald Whitfield y el crudo invierno, y el road trip a contrarreloj de Spencer en su regreso a casa) encuentran un equilibrio narrativo que antes les faltaba. La urgencia continua y la lucha entre lo viejo y lo nuevo son el nexo de unión de ambas historias, que confluyen en una tensa escena de reencuentro que recuerda a Los intocables de Eliot Ness (Brian De Palma, 1987) en la estación de tren de Chicago. El western sigue siendo terreno fértil para Sheridan.

También regresa este mes el gigantesco héroe de acción Reacher (Prime Video) con su tercera temporada, que mantiene la fórmula infalible de mamporros al estilo ochentero. Esta vez se ahonda mínimamente en su pasado, pero sin construir un arco narrativo más complejo. Todo sigue siendo directo: ciudad aleatoria, problemas, Reacher los soluciona a puñetazos. Aunque la serie sigue siendo divertida, da síntomas de desgaste y necesitará renovarse para evitar caer en la monotonía, pues tras tres temporadas no ha añadido ninguna capa significativa que retenga al espectador más allá de su violencia sin matices.

Un problema similar afecta a Gangs of London (SkyShowtime/Movistar+), que estrena su tercera temporada con menor impacto que las anteriores. Aunque mantiene a muchos de sus personajes, la historia parece cada vez más una mera excusa para encadenar escenas de acción, muchas de ellas más absurdas que espectaculares. La serie, que comenzó de forma explosiva bajo la dirección de Gareth Evans, fue perdiendo fuerza ya en su segunda temporada, y en esta última parece haber olvidado lo que la hizo destacar. Solo recomendable para incondicionales del género de acción.

Finalmente, este mes marca el regreso de la longeva distopía Black Mirror (Netflix), que tras su bajón de calidad en el cambio de plataforma, por fin parece recuperar el pulso en su séptima temporada. Aunque persisten los altibajos habituales de las series de episodios independientes, algunos capítulos brillan y recuerdan a aquellos primeros, críticos y rompedores. Cada espectador tendrá sus favoritos, pero todos los episodios ofrecen algo que puede captar la atención. El primero critica de forma inteligente la servitización de la economía (el paso de vender bienes a vender servicios mediante suscripciones) llevada al extremo en el ámbito sanitario, en una defensa implícita de la sanidad pública. El último capítulo destaca especialmente, al continuar con gran acierto la historia de la tripulación de la USS Callister, retomada del primer episodio de la cuarta temporada.

Con todo ello, cerramos abril, ese muro de contención donde las series veteranas se reivindican con mejor o peor suerte. Prometo que, para mayo, la vieja guardia dejará algo de espacio para nuevas propuestas que mantengan el alto nivel de estos meses pasados. No os lo podéis perder. Buenos días y… ¡buenas series!

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