Seriéfilo: enero de 2026
Los inicios de años suelen tener un sabor resacoso, en el de ese fin de fiesta en el que toca recoger y limpiar escuchando aun los ecos recientes de las risas y la música; inicio melancólico y perezoso en el que se suelen barrer las sobras del año anterior y empezar poco a poco con platos ligeros ya que no está el estómago para heroicidades después de tantos excesos. Sin embargo, el año pasado fue algo distinto: se llevaron los tiempos hasta el límite y resulta que esas sobras de última hora son realmente manjares que destacarían en cualquier restaurante con estrellas Michelín. De hecho, las sobras que recuperamos del año pasado estarían en la mayoría de las listas de mejores series anuales del último cuarto de siglo. Así que no hay mal que por bien no venga y empecemos el año degustando inesperadas delicatessen para todos los sentidos.
Uno de los mejores platos que nos dejó el año pasado venía cocinada por el famoso chef Vince Gillian, que se distancia radicalmente del universo Breaking Bad para sorprender con una historia de ciencia ficción poco convencional ambientada en Nuevo Mexico. Pluribus (Apple TV+) plantea el fin de la humanidad como tal, con unas únicas personas esparcidas por el mundo capaces de devolver el status quo. Además, los supuestos héroes no son los más virtuosos precisamente: caen mal y se comportan de forma irracional, caprichosa y egoísta, persiguiendo el libre albedrio como fin último de la razón humana, aunque este provoque muerte, sufrimiento, destrucción y desigualdad. Ahí es nada. Es definitiva, una serie que, además de unas interpretaciones excepcionales, una gran fotografía y una historia inteligente, invita a la reflexión sobre los grandes temas de la vida.
Muy a mi pesar, el terror está de moda y no hay año que alguna obra no destaque por encima del resto. Esta vez todas las miradas se posaban en la saga del payaso Pennywise. Basada en la obra de Stephen King y completando las películas estrenadas en la gran pantalla, It: Bienvenidos a Derry (HBO Max) se planteaba como un proyecto que explicase los orígenes de unos de los monstruos mas aterradores e icónicos creados por la prodigiosa mente del autor de Maine. Estructurada como una trilogía, su comienzo no puede ser más prometedor; una producción cinematográfica que no se deja nada en la reserva, con escenas terroríficas que impactan por desagradables, descarnadas y sangrientas; muertes crudas e inesperadas; un grupo de niños protagonistas entrañables que darán más de una sorpresa; un villano implacable e impasible; y un pueblo, Derry, que es otro protagonista más, mostrando su fachada más colorista pero escondiendo a su vez un interior terrible que rezuma clasismo, envidia y odio. Este es el coctel, todo perfectamente agitado aunque no mezclado, para describir unos inicios que no desmerecen a las películas ni al libro. Con series así, da gusto pasarlo tan mal.
Y… ¿Cómo no vamos a hablar de esa serie que nos ha acompañado a lo largo de diez años y que fechaba su capítulo final para el primer día de año? Así es como la última temporada de Stranger Things (Netflix) llegaba a su final después de revolucionar el mundillo seriéfilo con su despedida a plazos, que comenzaba a finales de noviembre, continuaba a finales de diciembre y remataba con su episodio final después de las uvas. Un final controvertido que a mi, personalmente, me ha gustado mucho: un broche perfecto a una obra intergeneracional que seguirá pasando de padres a hijos durante muchos años más, como buen hijo del cine de los ochenta. Para no enrollarme, os emplazo a escuchar el episodio del podcast que le hemos dedicado, en el que desmembramos de forma concienzuda, a la par que amena, toda la serie y el fenómeno nostálgico que conlleva.
Para acabar el año también pudimos disfrutar de las miniseries inglesas de investigación y acción. El misterio de Cemetery Road (Apple TV+) es un thriller que comienza con la búsqueda de una niña tras la explosión de una casa por una fuga de gas y termina con el MI5 y el ejercito involucrados en una trama mucho más grande y violenta. Protagonizada por Emma Thompson y Ruth Wilson, destaca por ese toque inglés tan efectivo de estar tan perdido como el protagonista durante los primeros capítulos, esa sensación de desconcierto que poco a poco se va desanudando en una historia en la que nada ni nadie es lo que parece. Las mismas características presenta la miniserie Steal (Prime Video), protagonizada por Sophie Turner, la sufrida Sansa Stark de Juego de Tronos, que en esta ocasión es una (también) sufrida analista de datos de un fondo de inversión de la City de Londres que es victima de un atraco a gran escala de las cuentas del fondo. Otra vez, nada es lo que parece y cada episodio vamos viendo los cambios de roles y cómo la historia se va balanceando entre la policía, los atracadores y un MI5 que parece estar siempre por el medio cuando hablamos de este tipo de thrillers ingleses.
Y seguimos con el thriller pero cambiando de palo. El prolífico Taylor Sheridan golpea por partida triple este inicio de año con tres de sus series más exitosas, aunque, eso sí, cada una corre una suerte distinta: Hablamos de Tulsa King, Mayor of Kingstown y Landman: Un negocio crudo, las tres de Sky Showtime y emitidas aquí por Movistar+.
Tulsa King empieza a mostrar síntomas de agotamiento tras tres temporadas y el olor casposo a Varon Dandy del viejo Sylvester Stallone empieza a ser empalagoso y perder la gracia. La serie pide a gritos ventilar la sala, pero al estar totalmente basada en la vuelta a esas costumbres mafiosas pre siglo XXI es difícil que pueda cambiar el rumbo.
Mucho más sólida es la sombría Mayor of Kingstown , en la que Mike McLusky, un Jeremy Renner en su salsa, vuelve por cuarta temporada consecutiva a intentar mantener el equilibrio en una ciudad condenada que se empeña en derrotarlo golpeando todo lo que le importa. En esta ocasión, además de los enemigos de antaño, deberá vérselas con un viejo gánster que intenta establecerse y hacerse el rey de Kingstown, interpretado por Lennie James, Morgan Jones en The Walking Dead, y con la nueva directora de la prisión, Nina Hobbs, interpretada por Edie Falco, la eterna Carmela Soprano de Los Sopranos. La serie sigue manteniendo ese pesimismo violento de sus inicios que refleja el destino fatalista del que no se puede escapar.
La última creación de Taylor Sheridan, Landman: Un negocio crudo, regresa con su segunda temporada con las mismas virtudes y vicios que la hicieron triunfar antes. Billie Bob Thorton está espectacular como experto en plataformas petrolíferas, y la trama sobre la explotación de pozos y los problemas, costes y beneficios que genera es sobresaliente y engancha. Sin embargo, el arco de su mujer e hija no es que sea simplemente malo, es que provoca en ocasiones vergüenza ajena, al igual que todo lo que tiene que ver con el resto de personajes femeninos, confirmando cuál sigue siendo el talón de Aquiles del showrunner.
Los personajes de Landman necesitan un curso de deconstrucción como el que recibieron en su momento los protagonistas de Machos Alfa (Netflix), quienes madrugan este año para traernos su cuarta temporada, de únicamente seis capítulos, pero que sigue manteniéndose fresca y no se hace pesada. El elenco principal conserva una química que provoca situaciones surrealistas muy graciosas, por más que no sean tan originales como otras temporadas.
Y con ese buen sabor de boca lo vamos a dejar de momento. Conviene no empacharse y reservar algo bueno para el menú de febrero, mes que promete venir cargadito de buenas series emplatadas para el deleite de los buenos seriéfilos. Nos vemos el próximo mes ¡Que aproveche!






