Seriéfilo: marzo de 2025
Nada mejor que una buena sorpresa para acabar el primer trimestre de un año que apunta a excepcional. Porque si marzo estaba señalado en rojo desde hace mucho tiempo, era debido al retorno de la serie revelación del año 2022, Separación (Apple TV+); pero nadie contaba con la miniserie inglesa Adolescencia (Netflix) que está arrasando en todos los foros y le ha robado todo el protagonismo a la asfixiante serie de la manzana mordida, como hace tres años hizo esta con la última temporada de Peaky Blinders (Netflix). Siempre que las sorpresas sean de este calibre, bienvenidas sean.
Como decía, la gran serie que esperábamos para este mes era la segunda temporada de Separación (Apple TV+), que terminaba su primera temporada con una revelación explosiva. Y sin lugar a dudas, su continuación no defrauda ni un ápice. Manteniendo esa estética tan personal, incómoda y aséptica, además de adentrarnos en las tripas de esa empresa tan extraña con unos mandos intermedios tan inquietantes como es Lumon, aprovechamos para indagar en las consecuencias de separar tu cerebro en dos, creándose un innie y un outie que, aunque comparten cuerpo, con el paso del tiempo se van distanciando y convirtiéndose en personas distintas. Ya saben aquello de «yo soy yo y mis circunstancias» y sobre esas palabras revolotea gran parte del metraje de esta segunda temporada creando situaciones paradójicas que dan mucho que pensar. Amy así navegamos la segunda temporada, entre la filosofía y la teología, pues el culto a Kier por parte de toda la compañía Lumon es digno de una secta tecnócrata.
Aunque la serie pide a gritos una tercera temporada, para la que ya hay luz verde, en ningún momento se siente que sus creadores estén dando vueltas o tratando de exprimir una buena idea, sino que la trama avanza parándose en ciertos momentos que merecen la pena desarrollar con más calma para apreciar todos los matices de los personajes, que, recordemos, en muchos casos están duplicados y experimentan un desarrollo paralelo, generando subtramas todavía más complejas.
Este mes iba a ser el de Separación hasta que el fenómeno Adolescencia (Netflix) arrolló marzo como si de la locomotora sin control de Nightsleeper se tratase. Y es que la fascinación con esta serie tiene dos vertientes. Por un lado está la faceta técnica: cuatro episodios de una hora cada uno, grabados íntegramente en plano secuencia y cuyo director de fotografía jura que están realizados sin trampa ni cartón, dándole más valor aún a las magníficas interpretaciones de los actores implicados (el siempre solvente Stephen Graham y aquí también el joven Owen Cooper que, con tan solo quince años, se enfrenta a escenas complejas, con diálogos muy largos y emocionalmente muy exigentes). Todo ello hecho y realizado del tirón, sin cortes, supone un logro increíble. Pero es que esta monstruosidad técnica no es una frivolidad hecha para mayor gloria del equipo, sino que potencia la historia que nos están contando, dándole mayor fluidez, espontaneidad y urgencia. Como decía, la historia es el otro punto fuerte de la serie: hablamos del arresto de un adolescente de trece años acusado del asesinato de una compañera de clase. Cada episodio se centra en un entorno distinto, el policial, el escolar, el internamiento y el familiar. A cada cual más impactante y desgarrador, no hay lugar en esta serie para endulzamientos; ayudado por ese eterno plano secuencia, todo se muestra áspero y duro. Un puñetazo en la boca del estómago que invita a la reflexión.
Por ponerle un pero, aunque minúsculo y dicho con la boca pequeña, parece que la historia pide contar más cosas; muchas zonas grises que se dejan perfiladas pero no se abordan, pues el plano secuencia ata muy en corto la trama y no la deja crecer libremente hacia esos rincones. O puede que todas esas pequeñas historias no diesen tanto de sí como para llenar un nuevo plano secuencia de otra hora o simplemente no interesen. Pero yo me quedo con ganas de más, porque la serie me ha encantado y cuatro episodios me han sabido a poco.
Lo bueno es que a Stephen Graham hemos podido verlo este mes también en Mil golpes (Disney+), serie parida por Steven Knight, conocido entre otras cosas por ser el creador y guionista principal de la anteriormente mencionada Peaky Blinders. Knight nos lleva esta vez al Londres de finales de siglo XIX para conocer a la banda de ladronas Forty Elephants y asistir a través de su historia q la evolución del boxeo que, durante esos años pasa de ser un deporte de lucha a puño limpio relegado a las trastiendas de pubs de mala muerte a un refinado deporte, ya con guantes para limitar la sangre y las muertes y ser celebrado por las clases adineradas.
Con una ambientación de los bajos fondos del Londres victoriano excepcional y unas interpretaciones muy inspiradas, la historia engancha porque aprovecha las tramas de boxeo y robos para sacar a relucir otros temas como el racismo, la lucha de clases o el capitalismo salvaje, que engulle las tradiciones, se las arrebata al pueblo y las transforma para sacarle provecho dejando fuera a quienes las mantuvieron vivas durante siglos. La sensación de pérdida de la esencia del boxeo es similar a la que muestra con el fútbol la también inglesa Un juego de caballeros (Netflix) que también transcurre a finales del siglo XIX, aunque luego toma un camino distinto.
Por volver a la actualidad y a géneros más convencionales, este mes también nos deja un thriller de espionaje matemático. En Prime Target (Apple TV+), un joven genio matemático que estudia su posgrado en la Universidad de Cambridge ve como su profesor de tesis se opone a que continúe con su trabajo sobre números primos, quema todos sus papeles sin su permiso y misteriosamente aparece muerto poco después. Ayudado por una joven agente de la NSA intentará concluir su trabajo viajando por medio mundo como Indiana Jones y evitando a la vez que les maten. Lo que empieza siendo un planteamiento interesante por la ambientación universitaria y un protagonista más centrado en el estudio que en la acción, termina cayendo en la vertiente adrenalínica más facilona, convirtiendo al que debería ser el típico empollón, de un día para otro, en un espía novato pero competente que apunta fórmulas matemáticas en una libretita, cargándose la premisa inicial y derivando en una serie de espías del montón.
Algo mejor, aunque aún lejos de la perfección, se encuentra Paradise (Disney +) donde un agente del servicio de seguridad del gobierno de los EEUU tiene que investigar la muerte del presidente y cuya autoría, en principio, apunta hacia él. Lo bueno que tiene esta serie es que consigue tener unos giros muy radicales que logran sorprender mucho y que gracias al montaje y al continuo desorden de escenas entre presente y pasado, el guion logra que no te esperes los virajes. Lo malo es la ausencia de grises, la madre de toda serie excepcional. Y es que el protagonista de Paradise es demasiado perfecto; tanto que llega a empalagar. Parece que Sterling K. Brow sigue interpretando al tercer hermano de la familia Pearson en This is Us (Prime Video / Disney+), como si en un mundo paralelo Randall Pearson hubiese cambiado las finanzas por la seguridad. Esa brocha gorda aplicada tanto a buenos como malos, resta puntos a una serie que, en realidad, en algunos tramos logra sorprender.
Y para terminar este trimestre, nada mejor que una serie española: la policiaca Asuntos internos (RTVE) es una serie sólida y académica que no arriesga en nada, pero aprueba en todo. La trama policiaca es la típica de agente novata que se incorpora a una comisaria y tiene que enfrentarse a unos compañeros corruptos. Nada nuevo. Lo que sí está muy logrado es la ambientación de finales de los años 70. Estamos en la España del machismo en vena, del abismo de la desigualdad, del Caudillo todavía vivo, de las fuerzas de seguridad del Estado más duras y la epidemia de heroína que arrasó a varias generaciones de jóvenes. Solo por ver ese fresco del Madrid de la época, ya merece la pena ver una serie que, ojo, aunque no invente el cine policiaco, mantiene el ritmo con sus tres tramas entrelazadas y en ningún momento se hace pesada.
Y con esta recomendación pasamos otra página del calendario repleta de pesos pesados que marcan el territorio. En cualquier caso, que no os quepa duda que, para el próximo mes, vendrán otras producciones dispuestas a reclamar la corona. Ya veremos qué mes y que titulo se elevan por encima del resto porque, este año, la lucha estará muy reñida. ¡Que siga la fiesta!






