Seriéfilo: verano 2026

Igual que se aposenta el cambio climático con olas de calor cada vez más continuas, este verano también ha demostrado que el cambio seriéfilo ya es una realidad: se borran las divisiones entre temporadas y la parrilla de estrenos veraniegos no se diferencia en casi nada de la, otrora apabullante, batería de series otoñal. Si en otros años ya se empezaba a salpicar esta soleada estación con algún estreno importante o empezaban temporadas que se alargaban hasta octubre, este 2026 se completa la gentrificación temporal con finales de series míticas, temporadas completas de relumbrón, estrenos llamados a estar en la alfombra roja y algún retorno muy esperado. Nada que envidiar a una buena primavera. Aunque, como siempre, algunos excesos siempre se pagan, hay mucho de lo que hablar. Vamos a ello.
Aunque hayan pasado ya siete años desde el final de Juego de tronos (HBO), la sombra de los dragones de George R. R. Martin es muy alargada y estos siguen coleando más vivos que nunca, Paradójicamente, la serie de la franquicia que más alegrías está dando es El caballero de los siete reinos (HBO), y lo hace sin atisbo de bichos alados ni batallas grandilocuentes. Eso sí, la tercera (y penúltima) temporada del culebrón de la casa Targaryen, a.k.a. La casa del dragón (HBO), remonta vuelo y aun siendo bastante irregular, saca músculo y epicidad para deleite de todos los fans: por fin vuelven las brutales y enormes batallas, así como la alta política de traiciones y engaños. El enredo llega a tal magnitud que podríamos intuir hasta tres o cuatro facciones luchando por el poder, y, lo mejor de todo, es que no hay una con la que empatizar: todas llevan a cabo acciones muy reprobables, moralmente hablando, para conseguir sentarse en el trono de hierro. Llegan tiempos oscuros a Poniente. La palma se la lleva la casa Hightower, con Ormund Hightower a la cabeza interpretado magistralmente por James Norton (que ya nos mostró de lo que era capaz en cuanto a maldad se refiere en la magnífica serie inglesa Happy Valley -Arte-), que nos da aire fresco al mostrarnos una familia que en la serie matriz casi no aparece.
Otro enredo monumental, aunque de otra índole, es el que tienen en el pueblo de Fromville. Otra serie al borde de su final, From (HBO/Movistar), sigue desentrañando los secretos que se empezaron a atisbar en su anterior temporada y ya deja un esbozo bastante claro de lo que ha podido pasar en el pueblo maldito. Las últimas piezas de la partida de ajedrez están en el tablero y promete una temporada final de infarto. Parece que la historia que querían contar ya estaba muy atada desde el primer momento. Se nota que los productores de Perdidos (Disney+) han aprendido de sus errores y que todas las cosas impactantes y poco lógicas que se vieron en sus dos primeras temporadas van a tener su explicación.
Para quienes no hayan tenido suficiente terror y oscuridad, les aconsejo que se dirijan hacia La maldición de Widow’s Bay (AppleTV), una coctelera de drama, terror y humor muy bien combinado que pinta a acabar entre las mejores series del año. Capítulos cortos que mezclan leyendas urbanas con parodias de otras pelis clásicas de terror y una historia muy divertida acerca de una isla sobre la que cae una maldición milenaria pese a que su alcalde, impagable Matthew Rhys, intenta dinamizar atrayendo turismo. Con un humor más grueso y un terror más enfocado a las casas encantadas, la propuesta recuerda a la que ya exploró con bastante acierto, aunque con poco éxito comercial, Shining Vale (Starz), muy recomendable si después de Widow’s Bay te quedas con ganas de más.
Por su parte, la serie que ya ha cosechado una carreta de premios y que llega a su final tras cinco temporadas es El Oso (Disney+), la cual ya había dejado un pequeño entrante con el capítulo Gary. Aunque mantiene todos los condimentos que la hicieron triunfar y el caos en la cocina siempre engancha, parece que es el piloto automático el que dirige esta última temporada y nos ceba con más de lo mismo, que, siendo igualmente muy bueno, deja un sabor agridulce con un final que funciona, pero no sorprende. Eso sí, quien tenga mono de cocina puede acudir a la película inglesa Hierve (Philip Barantini, 2021), protagonizada por Stephen Graham, y a la miniserie de cuatro capítulos que la continua, El chef (Movistar+), mostrando ambas de forma más cruda la presión extrema tras las bambalinas de los restaurantes.
El que también vuelve, pero para quedarse (espero), es el noir detectivesco de Sugar (AppleTv), ese detective de guante blanco interpretado por Colin Farrell, que recuerda a Remington Steel en su amor por el cine clásico, el rechazo a la violencia y su bondad infinita. Un nuevo caso que le permite ahondar en la comprensión de la esencia humana y en ese alocado plot twist del final de la primera temporada que es el que abre la puerta a nuevas aventuras con un arco narrativo mucho más amplio.
Tras ver la parte romántica del negocio detectivesco, se puede contemplar la otra cara de la moneda en el espionaje moderno con el regreso de La agencia (SkyShowtime). Ya se sabe, la oficina de la CIA en Londres donde el agente secreto Martian, un buen Michael Fassbender, tiene que hacer malabares para cumplir con su deber patriótico y proteger sus intereses personales. Operaciones secretas internacionales del más alto nivel, contraespionaje, agentes dobles y traiciones en un mundo en el que nadie confía en nadie y cualquiera puede estar trabajando para el enemigo. La incursión de un segundo agente de campo con una misión paralela que se entrelaza con la trama de Martian, ayuda a darle ritmo a la serie y a que mantenga una tensión continua en todo momento. Buena segunda temporada para quienes gocen de las emociones fuertes.
Y dejo para ir terminando el que podría considerarse el bluf de la temporada. Hablamos de la adaptación catódica de El cabo del miedo (John D. MacDonald, 1957), clásico moderno llevado ya dos veces al cine por J. Lee Thompson (1962) y Martin Scorsesse (1991) y que, dejando el listón bien alto, arrastra el enorme recuerdo de las interpretaciones icónicas de Robert Mitchum y Robert DeNiro como el magnético Max Cady. En ese sentido, Javier Bardem construye un villano interesante, carismático y muy oscuro; y también Amy Adams está a la altura con su abogada acosada. Sin embargo, es la historia la que defrauda, al sentirse enmarañada con momentos bastante poco lógicos y difíciles de explicar, además de estar alargada a más no poder (introduciendo elementos seudosobrenaturales a discreción cuando interesa) para rellenar los diez capítulos. La omnipresencia de Cady funciona como un Deus Ex Machina que entra y sale sin llegar explicarse, lo que si bien provoca una efectiva sensación de terror y tensión constante, va dejando a su paso inevitables agujeros de guion. Serie entretenida sin más, con un elenco formidable pero que languidece al compararse con la obra original y las otras dos versiones cinematográficas.
Para acabar, vamos con el tradicional buen sabor de boca de la comedia. En esta ocasión, una serie española que, por desgracia, se va demasiado pronto. Muertos S.L. (Netflix) se despide con su cuarta temporada cuando ya había superado los titubeos iniciales y se había convertido en una comedia muy sólida sobre el funcionamiento de una funeraria, dando lugar a situaciones que mezclaban humor surrealista y negro de una manera brillante. A destacar los personajes de Dámaso (Carlos Areces), como el encargado de la funeraria; Morales (Roque Ruiz), como el cuasi-eterno becario; y Chemi (Diego Martín), irredento optimista-visionario-adorador de Steve Jobs. Una serie hilarante con temporadas muy cortas que dejan con ganas de más.
Y poco más que añadir a un verano tan frenético. Solo esperar que esta nueva estación seriéfila que nos espera sea al menos tan fructífera como la que nos deja. Prometedora es, desde luego, con títulos que ya están saliendo a la luz tan esperados como lo último de DC, Linternas (HBO), la nueva temporada de Ted Lasso (AppleTV) o la vuelta del enorme Reacher (Prime Video).






