Seriéfilo: mayo de 2026
Ya estamos de vuelta dando la bienvenida al calorcillo veraniego sudando algo más de la cuenta. Y no porque hayamos acabado el mes de mayo con unas temperaturas muy por encima de lo esperado, que también, sino porque nos hemos encontrado con una concentración de prendas de látex, máscaras y capas, impropias de estas fechas. Pero ya sabemos cómo son los superhéroes: cualquier sufrimiento extra es bien. De hecho, algunos hasta traspasaron su heroísmo a la audiencia… y no para bien.
Empezamos con una derrota: la de The Boys (Prime Video), una gran serie cuya temporada final no brilla como debería, con un final perezoso, sin sorpresas y que no molesta pero tampoco impacta. Una despedida en las que las ideas se inflan a lo largo de los capítulos para pincharse sin razón alguna a poco metraje de la orilla. No funciona el intento por sacar lustre al personaje de Soldier Boy de cara más al futuro spin-off Vought Rising (precuela que indagará en la creación de los primeros superhéroes creados por Vought) que a su importancia en el desenlace de la serie; tampoco el cameo de los personajes del otro spin-off de la serie cancelada tras dos temporadas, Gen V (Prime Video), y que parecían estar llamados a tener más protagonismo del que finalmente tienen (Spoiler: ninguno). Es cierto que la carcasa de la serie sigue intacta (humor macarra, violencia extrema y escatológica, crítica social mordaz que bordea la actualidad), consiguiendo que se pueda seguir disfrutando cada episodio, pero si echamos la vista atrás es inevitable sentir nostalgia de la serie que fue, y más aún, con un desenlace que no está a la altura del espíritu transgresor original.
Para recobrar la fe en lo superheroico hay que viajar por el multiverso Marvel: concretamente a una dimensión muy, muy lejana… tan lejana que no existe Peter Parker y sí Ben Reilly, el clon que en la dimensión original era la Araña escarlata y que en este universo, situado en los años treinta, era simplemente La Araña. Así es como Spider-Noir (Prime Video) nos presenta un auténtico pedazo del cine negro clásico, espolvoreado con superhéroes. Igual que hizo Wonder Man (Disney +) contando una historia de metacine con una pizca de superpoderes, aquí tenemos una trama detectivesca en el Nueva York de la Gran depresión, con un detective entrado en años, desencantado de la vida, borracho a tiempo parcial, cínico, bocazas y con buen corazón, que, tras no conseguir salvar a su prometida, decide colgar la máscara con la que defendía su ciudad cuando esta dormía. Hasta que cinco desdichados años después deberá reaparecer para enfrentarse al malvado Silvermane, quien domina la ciudad con puño de hierro.
Hasta el más mínimo detalle nos transporta a los grandes clásicos del cine negro: la historia que se va enredando elegantemente desde un pequeño encargo por infidelidad hasta luchar por el control de la ciudad de los rascacielos; pasando por la misteriosa femme fatale con sus planes ocultos; el intrépido reportero del Daily Bugle; y la secretaria de la agencia de detectives que tiene que reconducir constantemente a nuestro querido antihéroe detective. Sí, hablamos de un Nicolas Cage que borda el papel protagonista tanto con máscara como sin ella. Y ojo: la serie ofrece la posibilidad de verla en blanco y negro o en color. Si queremos que la experiencia sea más auténtica y poder casi oler el humo de los cigarrillos y los posos de whiskey, recomiendo la primera opción, aunque las dos están muy cuidadas y la fotografía en color también destaca con su saturación y colores vivos.
Volviendo a esta dimensión, tenemos que hablar de otro superhéroe que ha vuelto fugazmente como tarjeta de presentación antes de dar el salto a la gran pantalla para aparecer en la nueva entrega de Spider Man que se estrena a finales de julio: Frank Castle (Jon Bernthal) calienta sus gatillos con el capítulo The Punisher: One Last Kill (Disney+), historia auto conclusiva que bebe del espíritu del corto de bajo presupuesto The Punisher: Dirty Laundry (Phil Joanou, 2012), aunque en esta ocasión no es una lavadora, sino el deseo de venganza de Ma Gnucci lo que evita que se suicide y recupere sus ansias de caos y destrucción.
Y seguimos con otro capítulo independiente, este sin superhéroes, pero también protagonizado por Jon Bernthal y también antesala de un esperado evento: la última temporada de The Bear (Disney+) que se estrena a finales de junio. En Gary salimos de las cocinas, del estrés y de las prisas, y nos retrotraemos unos años antes de que el restaurante estuviera abierto; concretamente a un pequeño viaje de negocios que Mikey y Richie hacen al pueblo de Gary, Indiana, y que nos permitirá ahondar en esa compleja relación de amistad, llena de altibajos, además de entrever la complicada personalidad del primero antes de derivar en el suicidio. Capítulo en el que no pasa nada, pero que enriquece el trasfondo de la serie y refuerza los lazos que unen a Richie y Carmy a través de las huellas de su relación con el difunto Mikey.
Y un último regreso fugaz (esta vez sí) para dar carpetazo final a una serie, es el de Good Omens (Prime Video). El demonio Crowley (David Tennant) y el ángel Aziraphale (Michael Sheen) se vuelven a juntar en una apresurada aventura que no aporta nada nuevo, más que el reencuentro con estos entrañables personajes. La poca profundidad y desarrollo de personajes, que puede embutirse en noventa minutos, hace que la cosa sepa a poco, aunque sí es cierto que sirve para zanjar la historia entre los dos protagonistas que la segunda temporada dejaba en el aire.
En lo que se refiere a comedias, hay que decir que no ha sido buen mes. La cuarta temporada de El encargado (Disney+) eleva la megalomanía del personaje de Eliseo a unos niveles que no resultan creíbles. Además, la resolución de la trama es bastante anticlimática. Parece que el techo de la portería se alcanzó la temporada pasada, con la empresa de conserjes. Ya no es fácil que el personaje crezca más.
Los amantes de las comedias más clásicas puede que sí hayan disfrutada con el final de Hacks (HBO). En mi opinión, la recalcitrante Deborah Vance y su desnortada asistenta Ava se despiden de Las Vegas para siempre con una temporada que sigue el patrón de las anteriores: más y más grande, y Deborah siempre gana. Tan predecible como bien elaborada, entiendo por qué gusta tanto, aunque a mí sigue sin convencerme.
Y por no quedar como el hater de las comedias americanas de gran presupuesto, decir que sí que me ha parecido algo más fresca Rooster (HBO), la nueva comedia de Steve Carell. Al desarrollarse en un ambiente universitario, tiene un puntito de humor macarra soez que aporta un toque de color al resto de situaciones graciosas y gags ingeniosos milimétricamente diseñados para que sean moderadamente graciosos, pero válidos para todo tipo de público.
Hasta aquí llegamos. Vamos dejando por aquí nuestro mes seriéfilo, que con esto del cambio climático cada vez hay más series de alto postín que se estrenan en verano. Playa y series, series en la playa o series de playas, que cada uno elija su verano preferido.





