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Cinefórum CCXLIII: «Lazzaro feliz»

Del conflicto surge la historia, la búsqueda de un equilibrio que devuelva las cosas a su sitio. Lo que hace que todo sea como una vez fue o, quizá, como debería ser. Con el mal que pasa desapercibido, con la negación de la injusticia, podríamos recordar Una joven prometedora; mas, con todo ello, haremos una pirueta para ponernos ante una película de reciente factura y que debe mucho a otras joyas del séptimo arte, varias de las cuales hemos tratado con anterioridad en este mismo ciclo.

Lazzaro feliz es el tercer largometraje de la directora italiana Alice Rohrwacher. Laureada en el festival de Cannes con el premio al mejor guion original y en el festival de Sitges con el premio especial del jurado, Rohrwacher nos propone una historia a caballo entre el drama social y el realismo mágico. Lazzaro feliz es, de este modo, una suerte de fábula contemporánea que produce en el espectador una sensación agridulce.

Quién es Lazzaro o qué representa, es algo que nos preguntaremos durante y también tras la película. ¿Representa la bondad, la inocencia, la ingenuidad o el servilismo? La única meta de Lazzaro es ayudar. Como si de un monje budista se tratase, Lazzaro vive fuera del mundo de los hombres, ajeno al deseo y a la ambición.  Se deja enturbiar de la maldad de quien le rodea pero no pierde nunca su santidad.

Adriano Tardiolo (Lazzaro) lidera un elenco creíble y veraz en el que también aparecen Nicoleta Braschi (Alfonsina di Luca), famosa por su participación en La vida es bella, y el actor español Sergi López (Ultimo).

Lazaro felizLa película de Rohrwacher no esconde su herencia: imposible no retrotraerse al Totò de Milagro en Milán, al neorrealismo de Fellini o a los Santos Inocentes de Mario Camus. El homenaje a la película de De Sica es particularmente notable, desde las referencias al nacimiento hortícola de Totò, al escenario protourbano en que viven esos desheredados de la tierra que, incluso en las condiciones más depauperadas, mantienen férrea su dignidad como seres humanos.

La directora nos demuestra con esta cinta que muchos fantasmas del pasado viven aún en nuestros tiempos, adaptándose a las nuevas formas, pero enraizando en el mismo fondo. Y que ahí,  en lo más profundo del lodazal, todavía hay un hueco para la esperanza y la poesía.

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