NELINTRE
Divulgación

¿Dónde está Eros?

Si Nietzsche y Darwin mataron a Dios, la Posmodernidad y Tinder sentenciaron el amor. Eva Illouz dice que lo racionalizamos demasiado; Darío Sztajnszrajber que nuestro ego crea una proyección de nuestras necesidades que eclipsa al otro, amor a la carta; y Schopenhauer, filósofo del pesimismo, directamente lo redujo a una excusa para procrear sin sentirnos animales. Proclives a desechar antes que reparar, presas del consumismo y de la orfandad del esfuerzo, hoy por hoy tiene fecha de caducidad lo que otrora era atemporal por definición.  Eros ni está, ni se le espera. O quizás, cabe clarificar el posible malentendido que hay con él.

Eros y Narciso no son compatibles

Si tuviésemos que resumir el marco geopolítico, económico y social actuales, entre otras esferas, inestabilidad sería un eufemismo apropiado. La modernidad líquida, término acuñado por Zygmunt Bauman, y su constante cambio, fomenta la individualidad: se teme a los lazos, al compromiso, porque el devenir es incierto. No es buen momento para hipotecarse. Más competitivos que competentes, y con el ego inflado por las redes sociales, todo es yo, yo y luego, preferiblemente, yo.

Este no es el caldo de cultivo para algo que tiene que ver con el otro, no conmigo. Y ahí radica la agonía del Eros, en que allá donde prolifere el narcisismo, el amor no podrá crecer. Si amas, te pierdes en el otro. El que ama renuncia a la conciencia de sí mismo, para olvidarse de sí en otra mismidad (Hegel).

Así mismo, amor y cobardía no casan, pues el miedo que es «sensación de angustia provocada por un peligro», no tiene cabida si hay desapego del yo (eje troncal del budismo). Quizás por eso dicen que el amor ciega, porque la línea que separa la valentía y la temeridad es fina y difusa. Pero la templanza, no reñida con la intensidad de lo sentido, permite dotar a la acción valerosa de cordura.

Y en consonancia, dado que el amor se ha convertido en una fórmula de consumo, es preciso que no conlleve riesgos. Ha de suponer el menor esfuerzo y riesgo posibles, y ante problemas, que la salida esté próxima. Cálculo hedonista de pros y contras. Pero nos aferramos a sobrevivir y no a vivir cuando reculamos ante lo amenazador.

«El superviviente equivale al no muerto, que está demasiado muerto para vivir y demasiado vivo para morir»; Byung Chul-Han.

El amor y la autosuficiencia sí lo son

Nuestro modelo afectivo presenta virtudes y defectos. Así como los hawaianos miden su calidad afectiva por la estrechez de sus lazos y priman la heteronomía colectiva, los occidentales optamos por la autonomía individual.

Pero priorizar al otro y perderse en él no está reñido con la autosuficiencia. El Romanticismo nos hizo entender que la ausencia del otro es muerte en vida, y por ello Romeo se quita la suya al contemplar el cuerpo de Julieta tendido en el suelo. Si antes hablamos de templanza, este no es el mejor ejemplo. La capacidad de ser feliz independientemente del otro es el requisito para prevenir relaciones de dependencia. Su felicidad es prioritaria a la mía y precursora de la mía, motivo por el cual el propósito de hacer feliz al otro es un seguro para mi propia dicha, pero ante su ausencia mi felicidad no se ve condicionada.

Cómo localizar a Eros hoy por hoy

Abandona el idealismo: somos idealistas en política, pero en el amor también. El horizonte es la hoja de ruta, no la meta. Los seres humanos no somos perfectos y nuestra cohesión tampoco puede serlo. Por afinado que sea el mecanismo, siempre hay roce, siempre hay fricción, siempre hay pérdida de energía. Segunda ley de la termodinámica. El conflicto es inevitable y la clave es la templanza para resolverlo. De ahí la necesidad de ser valiente, si bien no temerario.

«Asume que, eventualmente, discutirás porque es la decimocuarta vez que deja los calzoncillos en la mesita de noche»; Anónimo.

El otro, el otro y luego, preferiblemente, yo: nadie ataca al amor propio. Nadie está a favor de que te inmoles por amor. Pero amar implica un abandono del ego, de la cultura del narcisismo. E importante, tu felicidad no depende del otro, si bien es prioritaria y precursora.

Paciencia y constancia: no deseches. Deja la obsolescencia programada para los electrodomésticos. Eros es tan duro y difícil de hallar como lo inesperado. No retrocedas ante el escollo, ni temas ante su futura aparición, porque no tiene caso temer lo inevitable. Eso decían los estoicos, y eran gente sabia.

Conclusiones: reflexión

Es curioso observar cómo la vivencia de un autor cambia su enfoque al abordar una materia. Cómo la razón es esclava de las pasiones, cómo el ensayo tiene un tinte u otro en función del amor o el desamor del filósofo. Cómo, ineludiblemente, es presa del sesgo de confirmación y puede crear una teoría cuasi-irrefutable que defienda su postura y que deje patente la naturaleza racionalizadora (que no racional) y la tendencia a la autojustificación.

Llevo tiempo curioseando la materia, y es llamativo como la mirada cambia en virtud de las circunstancias. Cómo con el pasar de los años comulgas o descartas a Arthur Schopenhauer. Supongo que cabe cerrar con «yo soy yo y mi circunstancia», y como añadido:

«Si no hay una mujer inteligente que te dé la réplica, que toque tus puntos vulnerables, pasas por la vida sin enterarte de nada»; Arturo Pérez Reverte.


Referencias:

  • El banquete de Platón.
  • Estética, Hegel.
  • ¿Por qué duele el amor?, Eva Illouz.
  • El consumo de la utopía romántica, Eva Illouz.
  • Elogio al amor, Alian Badiou.
  • Filosofía a martillazos, Darío Sztajnszrajber.
  • La agonía del Eros, Byung Chul-Han.
  • Diccionario de los sentimientos, José Antonio Marina.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba