Cinefórum CXXIX: Brexit

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Existe en el seno de las ciencias sociales una vieja discusión sobre el punto en el que termina la Historia y comienzan el Periodismo y la política; el lugar en el que dejamos de referirnos al pasado para hablar sobre el presente y todo lo que influye en él. Sin embargo, el cine, como arte, ignora cualquier regla y atraviesa con suma facilidad las lejanas leyendas y los eventos contemporáneos. Como le sucede a la propia Historia cuando se aproxima al lugar en el que entrega el testigo a la actualidad, el cine debe tomar partido para aproximarse. Si no rehúye la realidad a través del tiempo y la ficción, el lenguaje fílmico debe comprometerse, asumir una perspectiva, o no podremos entenderle. Es algo que Brexit acepta desde su propia concepción.

Nosotros mismos tomamos partido cuando establecemos como nexo de unión con Los productores de la semana pasada que el referéndum por el abandono de la UE fue un esperpento orquestado con la intención de obtener réditos, en este caso principalmente políticos, en el que sus impulsores no se preocuparon en ningún momento por las posibles consecuencias. Los desorientados espectadores del absurdo pasarían aquí a ser los votantes británicos, que en un momento dado dieron el brazo de la razón a torcer para subirse a la ola que Dominic Cummings orquestó para ellos. La cuestión, tanto a la hora de a analizar el momento político presente como la propia producción de Channel 4 para la televisión inglesa, es por qué.
Brexit, disponible desde hace semanas en el catálogo español de HBO, entra hasta el fondo de la cuestión en una serie de escenas demasiado convenientes para su mensaje, en las que el director de campaña de los brexiters se acerca al pueblo británico de los parques, los pubs y las cafeterías londinenses, mientras sus rivales partidarios del remain organizan encorsetadas sesiones de debate con un grupo control. Lo que cuenta la película es que muchos ingleses se sintieron frustrados por el abandono del establishment y estaban listos para votar a cualquiera que supiera apelar a su ira. Incluso si les proponía abandonar Europa.
Antes y después del por qué, lo más interesante de la pieza es la narración de cómo se fraguó la campaña del Brexit, un auténtico nudo gordiano político en el que confluyeron todos los flujos que definen nuestro tiempo. Es la oportunidad para atizar a David Cameron por poner a los ciudadanos a votar asuntos que escapaban a su comprensión y, también, para admirar y odiar a quienes se dieron cuenta antes que nadie de que la complejidad de la decisión recomendaba la estrategia de la simplificación. Benedict Cumberbatch dirige la operación interpretando a Cummings, en lo que parece una declaración de intenciones de un actor que quizá accedió a participar en un proyecto por lo demás austero para impulsar una determinada visión de lo que está sucediendo en su país. Con una actuación solvente, en la que no obstante no puede lucir la misma presencia que en sus papeles más populares, vemos al director de campaña del sí entrar en contacto con AggregateIQ, la rama de Cambridge Analytica que se ocupó del Brexit, y las infinitas posibilidades electorales de las fakenews.
El impulso de una campaña electoral que fue a la política lo que Viet Cong a la guerra, es la auténtica razón de ser de la película. Se agradece, por tanto, que en la mejor tradición inglesa (algo especialmente necesario en los tiempos que corren) el director, Toby Haynes, optara por reforzarlo con el dúo cómico formado por Paul Ryan, encarnando al ínclito Nigel Farage; y Richard Goulding dando vida a un vitamínico Boris Johnson. Desde aquí pedimos con solemnidad un spin-off sobre la trayectoria del exministro de Exteriores británico, aún por determinar.
Mi sensación personal es que una película mediocre, en el sentido menos peyorativo del término, puede convertirse en una obra necesaria en un momento determinado. Si quiere usted saber cómo los partidos políticos, los medios de comunicación y los laboratorios de ideas manipulan sus ideas, no tarde demasiado en ver Brexit. Al fin y al cabo, siempre queda poco tiempo para que pasemos otra vez por las urnas, y quizá ese anuncio sobre apuestas deportivas que aparece constantemente en su pantalla (quizá, incluso, bajo estas mismas líneas) no es exactamente lo que parece…

Víctor Muiña Fano

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