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El seriéfilo: marzo de 2020

Extraño mes el que nos ha tocado vivir: el mundo se para a nuestro alrededor y nos encontramos encerrados en casa (da igual cuando leas esto) durante quince días más. Y me tachaban de loco, me decían que parecía tonto, que a quién se le ocurría; pero, al final, todos esos maratones seriéfilos que hice, sin salir de casa desde el viernes a la tarde hasta el lunes por la mañana dan ahora sus frutos. Inmunizados ante el agobio del confinamiento, solo nos queda esperar, pacientemente, haciendo lo que siempre hemos hecho: aguardar tranquilos a que escampe porque, como le dijo Brandon Lee a aquella chica en su monopatín, «no llueve eternamente». Y mientras para, vamos con las recomendaciones del mes, que, por suerte, ha sido bastante fructífero. Ha venido con calidad de la buena.

Para quitarnos las decepciones del medio, vamos a empezar por lo malo, faceta en la que destaca la segunda temporada de Altered Carbon (Netflix): si su estreno en la plataforma se salvó por el valor de su producción, con una estética muy cuidada, unas escenas de acción perfectamente coreografiadas y una atmósfera realmente sugerente, esta vez todo ese se ha esfumado. La serie se ha quedado desnuda, con poco que ofrecer y nada interesante que mostrar. Y es una pena, porque el envoltorio futurista creado por Altered Carbon es un mundo por el que apetece hacer turismo. Solo hacía falta un mínimo hilo conductor que nos mantuviese enganchados, pero el guion falla estrepitosamente. A pesar de los flashbacks tan interesantes que nos ofrecía la primera temporada, la vida de Takeshi Kovacs no es tan emocionante como parecía en el tráiler. La funda de Joel Kinnaman, además, actuaba mucho mejor que cualquiera de las actuales. Una pena.

Sin dejar de lado Netflix, en la plataforma empiezan a proliferar peligrosamente las series de adolescentes inadaptados que rajan de todo a través de reflexiones cool que no dicen nada. Es el caso de Esta mierda me supera,que repite la estética visual de The End of the F***ing World y comparte con ella su intrascendencia. Creí que era culpa mía, que estaba perdiendo feeling con las series de adolescentes, que quizás me estaba haciendo viejo; pero, por suerte, para sacarme de esta crisis existencial llegó Buscando a Alaska (Hulu), miniserie del mismo género pero con un enfoque más clásico, sin tanta voz en off autocomplaciente ni planos buscando continuamente el más difícil todavía.

Buscando a Alaska consigue transmitir todas las contradicciones, deseos, decepciones y obsesiones que confluyen en esos jóvenes con ansias de ser adultos que todavía conviven con los últimos coletazos de su niñez. Una historia que emociona y empapa, porque los personajes son profundos y cuentan con una interpretación soberbia. Una historia real, cotidiana, sin histrionismos, que ofrece un retrato de la adolescencia más reconocible que cualquiera de las últimas producciones de moda, por muy llamativas que sean.

Por suerte para Netflix, no todo han sido malas noticias. Esta vez es Corea del Sur la que aporta calidad al canal con la segunda temporada de Kingdom, la serie sobre zombis ambientada en la península a finales del siglo XVI. Si sus seis primeros episodios habían sido de una belleza impactante, aunque pausada, esta vez la acción se desata desde el primer momento, manteniéndose a un ritmo altísimo hasta el final. Se aprovecha el poso de la primera temporada para cohesionar una acción frenética con el argumento; merecido premio para todos los que no abandonaron a serie a las primeras de cambio y confiaron en que su camino llevaba a alguna parte. Excepcional temporada.

Otro estreno de relumbrón y que estaba marcado en rojo en el calendario era Hunters (Amazon): con Al Pacino en el reparto, ambientada en los años 70 y judíos cazando nazis en Estados Unidos… ¿qué podía fallar? Y lo cierto es que ha fallado poco: Hunters es una serie que mantiene el equilibrio entre acción y drama, con momentos de pausa, pero que nunca olvida su razón de ser: dar caza al nazi. Quizás fue demasiado ambicioso plantearse capítulos que rondan la hora de duración, ya que es difícil mantener la tensión durante tanto tiempo, pero lo cierto es que la serie gestiona mejor que la mayoría de Amazon la duración característica de las producciones propias del gigante de la distribución. A poco que uno conecte con la historia, encontrará en ella un entretenimiento muy recomendable.

Otra serie que lidia muy bien con los capítulos de una hora es Ozark (volviendo momentáneamente a Netflix), que acaba de estrenar su tercera temporada. Esta producción se ha convertido por méritos propios en una de las más importantes de la plataforma gracias a que ha sabido mantener su propio sello personal: esa sensación de continua urgencia, de estar andando sobre el alambre, que nos mantiene pegados a la silla y hace que los capítulos duren un suspiro. Si hay alguna serie que este mes haya presentado una seria candidatura para protagonizar un maratón de confinamiento, sin duda es esta.

De hecho, aún no se han exprimido al máximo las posibilidades de esta familia encabezada por un contable que tiene que lavar dinero para un cártel del narcotráfico mexicano. Todavía queda mecha por arder, aunque, cuidado, esta temporada han abusado de un nuevo personaje que se come todos los agujeros de guion, especialmente y de forma bastante grosera en los últimos capítulos. A pesar de eso, sigue manteniendo la frescura y apetece una temporada más.

No ocurre lo mismo con la veterana This is Us (NBC), que con su cuarta temporada ya empieza a mostrar síntomas de desgaste. Continua siendo una buena serie y logra mantener la emotividad de la familia Pearson con unos guiones perfectamente medidos, un ritmo fuerte y constante; pero cada vez es más difícil enfrentarse al capítulo semanal porque todos sabemos ya dónde acaba el camino. Por mucho que comamos caviar, lo único que estamos haciendo es engordar mientras se alarga el trayecto.

También ha vuelto con su tercera temporada The Sinner (USA Network), que repite con un planteamiento similar a sus anteriores temporadas: partimos de una muerte en extrañas circunstancias y con posible sospechoso del que el detective Ambrose no está muy seguro. Como de costumbre, nada es lo que parece y en cada capítulo la trama se enreda más y más, poniendo al límite las capacidades del investigador. Sin ser una mala temporada, esta tercera entrega no consigue superar la anterior, con un caso apoyado en un niño sospechoso y con el trasfondo de las sectas. La relación entre el posible culpable y el detective resulta más forzada en esta ocasión, no es tan convincente, y el devenir de la historia se re resiente. Aun así, entretiene y es una buena serie de investigación. No defrauda, pero tampoco sorprende.

Pero no quisiera acabar el mes sin recomendar alguna comedia para estos días de confinamiento. Si a finales del año pasado se nos iba Silicon Valley (HBO), la comedia nerd tecnológica puede haber encontrado su sustituta en Mythic Quest: Banquete de cuervos (Apple Tv+) que nos relata el día a día de una empresa de videojuegos que desarrolla un MMORPG gigante (grosso modo, para los profanos, un enorme videojuego online). El día a día entre todos los miembros del equipo, la competencia, las interacciones con los youtubers y todo lo que rodea el proyecto, dará lugar a muchas risas.

Otra opción para sonreír frente a la televisión es Avenue 5 (HBO), que podría catalogarse como la prima gamberra de The Orville (FOX). Se trata de una comedia espacial muy canalla con predilección por los chistes escatológicos de mal gusto y el humor negro. Es esa ausencia de filtro la que hace que tenga el plus de espontaneidad que le falta a The Orville, que en todo momento parece llevar el freno de mano puesto para ser apta para todos los públicos. Un límite que Avenue 5 se pasa por el forro de los…

Y finalmente Inside nº9 (BBC Two), que va camino de convertirse en un clásico del humor británico con su quinta temporada. Lo más encomiable es que esta serie siempre raya a gran altura. Su estructura se replica continuamente: son historias cortas, independientes, con humor negro, macabro o incluso perverso y algún giro de guion que siempre sorprende. Pero nunca defrauda. Se han intentado hacer cosas similares desde el otro lado del charco, y con más medios, como Room 104 (HBO), pero el resultado siempre ha sido más irregular, nunca ha igualado al original. En Inside nº9 fluye la imaginación desbordante de Steve Pemberton que, además  actúa en todos los sketches. Os arrancará siempre una carcajada, una sonrisa o un gesto de sorpresa. Garantizado.

Con estas tres comedias me despido un mes más, esperando que haya aportado material suficiente para estos días de cuarentena y recogimiento. Si sentís la necesidad imperiosa de salir a la calle durante este confinamiento, me ofrezco voluntario para recomendar series a través de mi Twitter a cualquier hora, de cualquier género, de cualquier canal o plataforma… con tal de cumplir lo más importante: ya sabes  #QuédateEnCasa.

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