El seriéfilo: octubre de 2018

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Y llegó octubre, con la lluvia y un puñado de buenas series debajo del brazo.  Combinación perfecta si no fuese porque en algunos casos se nos ha ido un poco de las manos. Me refiero a la lluvia, porque, cuando hablamos de series, cuanto mayor sea el chaparrón mejor.

Si hay que destacar algún estreno este mes, sin duda sería la tercera temporada de Daredevil, la serie de superhéroes más veterana de Netflix y, sin duda, la mejor. Después de un segundo round en el que Matt compartía protagonismo con la esperada Elektra y el arrollador Castigador, nos preguntábamos si Daredevil podría mantener solo el nivel de la serie durante trece capítulos. Sin duda, los guionistas han dado un puñetazo en la mesa pariendo la mejor temporada de las tres. Mostrando un respeto absoluto por el personaje original, han conseguido moldear el Born Again de Miller para que encaje de forma perfecta en el universo Netflix. Han optado por replicar alguna de las escenas icónicas del cómic, con la particularidad de reproducirlas en momentos y circunstancias distintas a las de las viñetas. Guiños sobresalientes que demuestran conocimiento y respeto por la obra impresa a partes iguales.

A nivel técnico nos deja escenas memorables, cuidando la acción como de costumbre, y rizando el rizo con demostraciones de buen hacer como el maravilloso, extenuante y larguísimo plano secuencia de Matt Murdock saliendo de la cárcel. A continuación, comencé a revivir una de las escenas que se me quedaron grabadas a fuego en mis años mozos, cuando no tenía ni idea de quién era Frank Miller ni sabía que aquello que estaba leyendo en pequeños fascículos iba a convertirse en una obra de culto. Desde entonces, aquel «No hay cadáver» de Kingpin retumbaba en mi cabeza. Ahora, esta serie lo ha hecho real.

Hay que tener en cuenta que, tras la reciente noticia de que Netflix ha decidido cancelar tanto Iron Fist como Luke Cage y dado que Los Defensores no volverán a compartir pantalla, el espectro de superheroico se reduce sensiblemente. Entiendo, no obstante, que es una decisión acertada: es mejor no saturar, sino es que no lo está ya, la escena seriéfila comiquera y concentrarse en aquello que realmente merece la pena. Y en el caso de Daredevil la merece y mucho.

Fuera del universo Netflix también se han producido estrenos importantes. Llama la atención, Mayans M.C. (FX), en la vuelta de Kurt Sutter después del batacazo sufrido con The Bastard Executioner. Esta vez no arriesga y va a lo seguro con un anexo a su serie estrella, Hijos de la anarquía, centrándose en otro M.C., en este caso los Mayans que dan nombre a la serie. Localizada en el borde de la frontera con México, la producción recupera todos los ingredientes del cóctel que hicieron grande a Jackson Teller y sus compinches, pecando quizá de continuista. Sutter vuelve a hacer trampa tomando partido por los delincuentes, presentándonos a los moteros como tipos amables y a los miembros de las fuerzas del orden como personas mezquinas y malvadas.

El protagonista está blindado de bondad, mucho más que aquel Jax que quería cumplir los deseos de su padre y apartar al club de los negocios ilegales. Ez, encarcelado por matar a un policía por error cuando perseguía al asesino de su madre, hace un trato con la fiscalía para encerrar a Galindo, un capo de la droga mexicano. Moralmente impecable en todas sus acciones, cuesta entender como está conforme con que el club al que pertenece y al tanto aprecia trafique con drogas y armas. Para ser justo, hay que decir que esta no es esta una serie para rascar demasiado en los personajes y, dejando de lado estos aspectos, la producción no deja de ser un fan service para todos aquellos que disfrutaron con Hijos de la anarquía. Recupera una fórmula que funciona y es muy entretenida, así que «llámame gorrión y échame alpiste», que dirían los castizos. Por cierto, a quien se anime a verla tengo que recomendarle encarecidamente su versión original, porque el doblaje es penoso, empleando voces con acento mexicano que nada tienen que ver con las reales y cercenando la idea original, que mezcla constantemente y de forma natural el español y el inglés.

Si la queja principal de Mayans, M.C. es el tratamiento de los personajes, esta es la principal virtud de la actual obra de David Simon, The Deuce,  que vuelve con su segunda temporada y recientemente ha sido renovada para una tercera. Su serie continúa su camino mostrando con exquisita delicadeza y brutalidad el auge de la industria del porno en el Nueva York de los años 70 y 80 incidiendo, lógicamente, en la prostitución.  Un retrato urbano que pone rostro a ese gremio olvidado mostrando con respeto, sensibilidad e interés, pero también sin complacencias, el día a día en la calle.

Otra pequeña joya escondida es Mr. Inbetween (FX), y digo pequeña porque se trata de seis capítulos de media hora de duración y con una producción muy minimalista. La historia, muy original, nos muestra el día a día de un matón a sueldo. La cotidianidad de un padre divorciado con una niña pequeña, una novia enfermera que no conoce sus asuntos y un hermano con una enfermedad degenerativa. Todo ello sin descuidar sus obligaciones como criminal. Diálogos secos y concisos, sonido ambiental sin música y personajes auténticos, dan como resultado una serie muy fresca que no se parece en nada a lo que nos ofrece actualmente el resto de la parrilla televisiva.

Para acabar, y aprovechando la cercanía de Halloween, haré un repaso de las series de terror que se están emitiendo, aunque debo advertir que el material actual no es muy bueno. Empezando por Mr. Mercedes (Audience), la segunda temporada de la serie basada en la obra de  Stephen King y que, técnicamente, no entra en el género del miedo, trata sobre un sociópata y asesino cuya historia creíamos haber dejado resuelta en la primera temporada. Pero no, los creadores se han sacado de la manga un artificio para que nuestro querido protagonista pueda seguir matando gente mientras está en coma. La historia es aburrida porque no presenta ningún ingrediente nuevo y avanza con torpeza sin saber muy bien hacia dónde; para más inri, la forma de mantener la tensión y los giros de guion no tienen demasiado sentido. Muy prescindible y más teniendo en cuenta que este verano disfrutamos de la magnífica Castle Rock (Hulu), que exprime el mundo de Stephen King de forma magistral.

Algo parecido le sucede a The Purge (USA Network), basada en las películas del mismo nombre y que peca de lo mismo que sus homónimas de pantalla grande: se desperdicia una buena idea al concentrarse en lo superficial. Para quien no conozca la película, trata sobre una realidad distópica en la que el gobierno de los EEUU permite que una noche al año se pueda perpetrar cualquier tipo de crimen porque quedará impune.

La serie nos plantea tres historias que acabarán confluyendo esa precisa noche y, aunque visualmente es impactante, no funciona. Las historias se desarrollan de forma aburrida e incoherente y no hay un mínimo hilo conductor que sirva de excusa para mostrar a gente disfrazada de forma ridícula, matando de la forma más grotesca posible. Una pena dadas las posibilidades de la historia que se pierden en fuegos de artificio.

Puede que la mejor aproximación a la noche más tenebrosa del año haya sido el primer capítulo de Into the Dark (Hulu), una serie que emite un único capítulo al mes, aunque con una duración de noventa minutos, y que nos cuenta una historia de terror mezclada con humor negro y que transcurre, precisamente, durante la noche de Halloween. Aunque la duración es algo excesiva y hay momentos en que el ritmo decae, la historia es original y tiene muy buenas interpretaciones. Podría decirse que es una mezcla entre la fallida Room 104 (HBO) y la irregular Inside No.9 (BBC).

Por citar algo distinto, regreso rápidamente a Netflix, que ha estrenado la segunda temporada de Castlevania. Basada en la famosa saga de videojuegos desarrollada por Konami y en formato anime, sigue al cazador de vampiros Trevor Belmont y sus intentos por destruir a Drácula. Muy interesante para quien disfrute de este tipo de animación, teniendo en cuenta que el guionista es el destacado autor de comics, Warren Ellis.

Y con estas recomendaciones, terroríficas en todos los sentidos, me despido un mes más, mirando hacia el cielo y esperando que deje de caer agua, pero sigan llegando borbotones de series.

El seriéfilo

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Desde hace mucho, mucho tiempo, en un sofá muy lejano, vive enterrado bajo una montaña de DVDs un ermitaño que se alimenta de todas las series que caen en sus manos: americanas, inglesas, buenas, malas… Nada es suficiente para saciar su hambre voraz de ficción televisiva. Es el Seriéfilo, y través de La Soga se comunicará con el mundo.
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