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Un pulpo en Venecia – 27 de mayo

Venecia vuelve a ser de los venecianos. Por ahora. El virus ha barrido a los turistas de la ciudad que recibe treinta millones de visitantes al año y la ha convertido en un lugar para locales y regionales: estos días la pueden visitar los habitantes del Veneto. El agua de los canales corre limpia y muestra extraños colores. Y se ha hecho visible una fauna ya prácticamente exótica, como los peces. Hasta un pulpo (acontecimiento excepcional, según los biólogos) se ha dejado hacer fotos bajo un puente. Los selfis masivos tardarán un poco más y eso preocupa al alcalde, que presagia: «no moriremos del virus, pero tal vez sí de hambre». La peste se alimenta de hipérboles.
«Estamos al borde de un ataque de nervios: ha llegado el momento de volver a vivir», argumenta Luigi Brugnaro, empresario antes que alcalde, y que como tal pide millones a Roma para compensar los meses sin turistas, o sea, sin dinero: su vida. A la ciudad eterna también le van a hacer falta ayudas para sobrevivir a la sequía del turismo. En los barrios del centro romano vivían ciento setenta mil personas en 1950. Hoy son ochenta mil. De los sesenta y cinco mil anuncios de Airbnb en Roma, el sesenta y cinco por ciento está en el centro histórico. «Estamos en la ruina», dicen ahora los hosteleros de esa Roma convertida en ciudad cerrada: un alien privatizado que ahora se ha quedado sin sustento.
No es secreto que el movimiento humano es un gran business. El turismo genera ingresos globales de un billón y medio de euros: mil cuatrocientos millones de personas cruzaron fronteras en 2019. En 1950 fueron veinticinco millones: cincuenta y seis veces más en medio siglo. Si se mantiene el ritmo, a finales del siglo XXI habría más turistas que seres humanos. Extraño, pero todo es posible en el mundo del capital. Brian Chesky, director ejecutivo de Airbnb, recuerda estos días que, a pesar de la pandemia, hoy su empresa tiene más anuncios de alquileres que el año pasado. Otra cosa es que de hecho se alquilen. Airbnb ha despedido al veinticinco por ciento de la plantilla por falta de cash. No sobra el negocio: sobra la gente.
Los pulpos tienen una inteligencia superior a muchos otros seres del mar; dicen que se hicieron así de listos cuando perdieron el caparazón y tuvieron que encontrar soluciones a problemas inesperados: se hicieron más flexibles y su color de piel, cambiante. Ahora no está escrito que el mundo tenga que cambiar a mejor, ni que las ciudades alienadas aprovechen la ocasión para recuperarse a sí mismas. Hay un océano de billetes en juego y una jauría con un deseo casi violento de viajar. Así se sentía Aschenbach cuando puso rumbo a la decadente Venecia: donde se enamoró de Tadzio y murió en la arena, antes de que a la ciudad de los canales la inundase el cólera.

Notas de Extramuros es una columna informativa de Siglo 21, en Radio 3. Puedes escucharla en el siguiente audio y acceder al programa pulsando aquí. También puedes revisar todas las Notas de Extramuros en este Tumblr.

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