Cinefórum CL: El crack

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De Bajos fondos, al igual que Tolly en nuestro anterior cineforum, sabe bien Germán Areta. ¿Que quién es? Pues un tipo de apariencia mundana, que disfruta con unas buenas migas con vino tinto, aprecia el trabajo bien hecho y al que no le gusta nada de nada que le toquen los huevos. Eso lo aprendemos en la primera y grandísima escena de El crack, de José Luis Garci.

Durante la siguiente hora y media, asistimos a una película que, si bien ya tuvo buena acogida en el momento de su estreno, ha envejecido de una manera muy notable.

Germán Areta, interpretado por un magistral Alfredo Landa, es un detective privado de rostro hirsuto y temple frío que investiga el paradero de la hija de un empresario. Por el camino, el protagonista y sus allegados se irán enfangando lentamente en unos bajos fondos que lindan irónicamente con las altas esferas, polos opuestos de una sociedad convulsa que vive un momento social efervescente mientras arrastra oscuros demonios de un reciente pasado que emponzoñan la política y el progreso.

Si bien es cierto que el guion funciona de una forma muy efectiva, es, quizá, más reseñable el estilo con que Garci nos cuenta esta truculenta historia. Mientras se aprecian con transparencia las influencias y homenajes cinematográficos a Harry el sucio, El padrino, o el cine negro norteamericano en general, todo está teñido de un reconocible costumbrismo que produce en el espectador de mediana edad un regusto agridulce de melancolía. Garci retrata con eficacia el mundo que rodea a sus personajes, las calles, el vaivén de los transeúntes, el ruido del tráfico, prestando especial atención a las fachadas de los edificios. Aspectos todos ellos con los que vincula dos ciudades tan diferentes como Madrid y Nueva York, donde transcurre parte de la trama y que son en sí mismas, sin ninguna duda, dos personajes más de la misma.

Más allá de los arcos argumentales, una de las virtudes de El crack es retratar desde un punto de vista de clase una sociedad jerarquizada donde el tráfico de privilegios y prebendas estaba tan normalizado que no se tenía conciencia de lo que era delito y lo que no, aspecto este que ya deja claro José María García en una locución radiofónica colocada al dedillo como fondo sonoro a la ya mencionada primera y magistral escena de la cinta.

Viéndolo con perspectiva, una de las razones por las que El crack ha envejecido tan bien a pesar de ser, aparentemente, solo una historia detectivesca, es por la vigencia que tiene. Da que pensar.

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