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Desaparecidos en el Amazonas – 15 de junio

El antropólogo Bruno Araújo y el periodista Dom Phillips siguen desaparecidos en el Amazonas brasileño. Al indigenista y al reportero de The Guardian les perdieron la pista el 5 de junio en el Valle del Javarí, cerca de la frontera con Perú y Colombia. Querían hacer entrevistas con líderes indios que denuncian las frecuentes invasiones de tierras por parte de furtivos y narcotraficantes. Las organizaciones indígenas aseguran que los habían amenazado. Un pescador ha sido detenido. Amigos y familiares creen que Araújo y Phillips «ya no están con nosotros: la madre naturaleza se los ha llevado con un abrazo agradecido».

El valle del Javarí es una de las mayores reservas indígenas de Brasil: ocupa una superficie del tamaño de Austria en el extremo occidental del estado de Amazonas. Está poco poblada, unos cuatro mil indios y dos mil colonos, pero no vacía: hay ríos, fauna y riquezas naturales. Por eso circulan cazadores y pescadores furtivos, ladrones de madera y narcos que aprovechan que, en la selva, el Estado no existe, pero sí la codicia. Araújo y Phillips documentaban esa difícil convivencia. Estos días han encontrado restos de sus pertenencias: botas, pantalones, una tarjeta sanitaria. Más que polvo, somos bultos de ropa y burocracia en una tierra que nunca es nuestra.

«Lo primero que tienes que entender es que la Amazonía es de Brasil, no vuestra», respondía Jair Bolsonaro a una pregunta del periodista Philips en 2019. Los números de la deforestación alarmaban, pero al presidente del país (financiado por ganaderos y madereros) le parecían falsos: «corre, dijo la tortuga». Bolsonaro sospecha ahora que al reportero y al antropólogo les han hecho «alguna maldad». El mundo es sencillo cuando se lee desde el Antiguo Testamento: bien, mal, mío. La verdad de Bolsonaro es que las fronteras de Brasil contienen en su interior la tierra y el agua del mundo. Los elementos fueron dioses antes de que los hombres los vendieran.

Los indios kanamarí, matis, kulina y matsés veneran a los animales sin domesticar y a los elementos de la naturaleza. Gustavo Bueno diría que estaban más cerca del núcleo de la religión: el animal divino. El filósofo contaba la anécdota de que un día caminando por Niembro se encontró con un perro solitario que venía hacia él: los dos se aguantaron la mirada hasta que se cruzaron. Y siguieron haciéndolo mientras ambos se alejaban, supervivientes por el mismo camino. El perro pensaba y sentía como él. Araújo y Phillips venían de un mundo sin dioses de carne y hueso que dejará a su paso algo de ropa y algunos papeles sin dueño.


Extramuros es una columna informativa de Efecto Doppler, en Radio 3. Puedes escucharla aquí.

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Víctor García Guerrero

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