Arte y Letras

Jack Kirby, el único y verdadero rey (y III): Kirby, creador total

«Con Jack Kirby desaparece una época – dijo Miller -. No puedo llamarla la Era Marvel del cómic porque no creo en recompensar al ladrón. La llamo la Era Jack Kirby del cómic»

Frank Miller, poco después de la muerte de Kirby (1994)[1]

En 1970 Jack Kirby, el autor que más había contribuido a definir la apariencia de lo que debía ser un cómic de Marvel, había fichado por tres años en exclusiva para DC, la eterna competencia en el mercado de los superhéroes. Los rumores corrían como la pólvora y todo el mundo se preguntaba qué haría la editorial con su nuevo fichaje. Sorprendentemente, su primer trabajo como guionista y dibujante (a partir de este momento, Kirby intentaría siempre ser su propio guionista), fue en una colección secundaria dedicada a las aventuras de Jimmy Olsen, el amigo de Superman tal y como proclamaba el título (Superman’s Pal Jimmy Olsen #133). Solo fue el principio de un montón de sorpresas.

El Cuarto Mundo y otros trabajos para DC

Jimmy Olsen era solo el punto de arranque para una de las mayores creaciones de la década de los 70. Pocos meses después de la llegada de Kirby a DC, comenzaron a llegar a los kioscos y las tiendas de cómic tres nuevas colecciones bimestrales con el nombre de su creador en la portada: New Gods, Forever People y Mister Miracle. Conjuntamente, pasaron a conocerse como El Cuarto Mundo.

En todas ellas, pobladas en gran parte por los personajes que se había reservado durante sus últimos años en Marvel, tejía un nuevo contexto cósmico en el que una guerra existencial enfrentaba, utilizando la Tierra como campo de batalla, a dos estirpes de Nuevos Dioses: los luminosos, residentes en Nuevo Génesis y comandados por un patriarcal Alto Padre; contra las hordas del planeta Apokolips y su cruel gobernante Darkseid. De un plumazo, Kirby había proporcionado una nueva mitología a DC, un panteón de personajes y escenarios totalmente diferentes. Quizás demasiado diferentes.

Los mandamases de la editorial no estaban seguros de que el estilo que Kirby imprimía a los rostros encajara con sus personajes más icónicos y, de forma absurda, decidieron encargar a otros dibujantes que, durante el entintado, modificaran las caras de algunos de ellos, principalmente la de Superman y Jimmy Olsen, para ajustarse «al estilo de la compañía». Por supuesto, Jack no estaba contento con algo así, pero al menos ahora podía escribir sus propios comics y plasmar sus ideas (por enloquecidas que estas pudieran parecer).

Los diálogos de Kirby eran también particulares, con un estilo artificioso y declamatorio, que no dejaba de estar influido (lo quisiera o no) por algo del estilo de Lee[2]. Sus personajes parecían provenir de una saga cósmica desconocida, pero sus intentos de conversaciones cotidianas resultaban poco creíbles. A veces, las palabras parecían insuficientes para contener el delirio creativo.

Desgraciadamente, las ventas no acompañaban. Aunque los primeros números se vendieron muy bien, pronto comenzaron a empeorar los resultados. En un movimiento que se desvelo dramáticamente errado, la editorial escogió el año 1971 para subir los precios de todas sus colecciones de cómic de 15 a 25 centavos, circunstancia que Marvel aprovechó para, subiendo los suyos pero solo hasta los 20c, hacerse con una mayor parte del mercado. Las colecciones del Cuarto Mundo perdieron aún más lectores y, cuando la editorial se dio cuenta del error (y volvió a vender sus comics a 20c), ya era demasiado tarde: las colecciones de Jack nunca se recuperaron, siendo canceladas, con su gran historia inacabada, en 1972.

Kirby no se detuvo ahí. La saga del Cuarto Mundo quedaría interrumpida, pero siguió lanzando nuevos conceptos y colecciones. A pesar de ello, ninguna alcanzó un éxito inmediato. En 1972 lanzó Kamandi, The Last Boy on Earth, una serie postapocalíptica protagonizada por el último humano de un futuro dominado por especies animales superevolucionadas; también vio la luz The Demon, una serie que mezclaba elementos de terror con los superhéroes y estaba protagonizada por el inmortal demonio Etrigan y su contrapartida humana, el ocultista Jason Blood. En el 74 creó a OMAC (One Man Army Corps), ambientado en un futuro distópico y cercano en el que un don nadie llamado Buddy Blank es convertido en el poderoso OMAC para actuar en nombre de la Agencia Global para la Paz.

Pero, definitivamente, DC no era el lugar ideal para Kirby. Resulta, eso sí, paradójico que sus conceptos hayan sido repetidamente resucitados y recuperados por la editorial, con éxito desigual, a lo largo de las últimas décadas. Especialmente, Darkseid es, hoy por hoy, uno de los principales villanos de la editorial y como tal se ha multiplicado en múltiples medios, desde la animación al cine de acción real.

A corto plazo y desde el punto de vista de la editorial, el paso de Kirby por DC no había supuesto el éxito esperado: sus comics (pese a sus conceptos geniales) no habían vendido lo suficiente para recuperar la antigua posición dominante de DC en el mercado y, una vez agotado el contrato original, Kirby se encontró fuera de la editorial.

Breve retorno

En un mercado dominado prácticamente por dos compañías, el refugio que le quedaba era volver a Marvel, «considerándola la mejor de dos opciones bastante deprimentes»[3]. Las condiciones eran algo mejores que las que se le habían ofrecido en 1970, las que habían provocado su marcha, pero el regreso no podía dejar de parecer, en parte, una derrota.

Pese a que su principal deseo era seguir creando nuevas ideas y personajes, es decir, mantenerse alejado del universo Marvel principal, volvió a Capitán América, dibujando el espectacular Captain America’s Bicentennial Battles[4] y tomando las riendas de la colección del personaje (Captain America #193) para inyectar algo de la fantasía y locura fantástica que había perdido. También realizó para la adaptación de 2001: una odisea del espacio y trabajó, aunque nunca llegó a publicarse, en una adaptación al cómic de El Prisionero.

Con fecha de portada de julio de 1976 apareció, sin embargo, su creación más importante del periodo. En su segundo intento por alumbrar una gran saga cósmica con personajes exclusivamente propios, Kirby creó Los Eternos. En esta colección se desvelaba como, hace millones de años, unos seres de poder inconmensurable, llamados Los Celestiales, habían llegado a la Tierra y creado tres especies inteligentes, a partir de los primitivos homínidos terrestres: los humanos, los inmortales Eternos y los monstruosos Desviantes. Los Desviantes habían intentado dominar todo el planeta en el pasado, pero una segunda venida de los Celestiales había arrasado su imperio, centrado en el continente hundido de Lemuria. Una tercera visita de los Celestiales había dejado su huella en la cultura inca, legando profecías de su retorno una vez más para juzgar las formas de vida del planeta. Desde entonces, ambas especies, Eternos y Desviantes, habían vivido en secreto preparándose para dicho retorno.

Era una saga que abarcaba millones de años y que nada tenía que ver con el Universo Marvel, al menos al principio. Algunos personajes y conceptos tenían similitudes con los Nuevos Dioses que había creado para DC y, como aquellos, el mecanismo de la historia era la reconversión de la mitología antigua en ciencia ficción. Por supuesto, Los Eternos estaban influenciados por el éxito contemporáneo de la obra de Erich Von Däniken, aunque Kirby ya había mostrado a alienígenas visitando la Tierra e inspirando mitos en sus comics de los 50 y los 60.

Pero, de nuevo, la suerte comercial no acompañó a estos números: la gran historia volvió a descarrilar y se cerró en falso, tras solo 19 números lastrados, además, por inferencias editoriales poco afortunadas en los últimos números. Finalmente, el juicio de los Celestiales quedó sin resolver y los personajes olvidados en el limbo. No es necesario señalar, al hilo del reciente estreno de la película, que con los años los personajes serían reutilizados y reaprovechados, lo que supone una reevaluación del trabajo de aquellos años de Kirby por parte de las nuevas generaciones. A pesar de ello, en aquel momento todo indicaba que el genio estaba acabado. Kirby seguía perdiendo vista en uno de sus ojos y cada vez le costaba más mantener el ritmo de trabajo; había dejado de ser un seguro para las ventas y no era querido en la editorial que había ayudado a levantar.

Jack Kirby

Animación y otros proyectos

La salvación temporal para Kirby surgió en un terreno inesperado: los estudios de animación. Muchos trabajadores del sector eran antiguos lectores de comics que habían sido influenciados por el trabajo original de Jack y, su cercanía geográfica a los estudios, por fin le resultaría útil. Así, comenzó a obtener contratos para realizar diseños y propuestas para trabajar en series de animación. No solo era un trabajo menos exigente para su vista y su cuerpo si no que también estuvo mejor pagado de lo que jamás lo había estado en los comics.

Participó en una nueva serie de animación sobre los Cuatro fantásticos en 1978 y realizó diseños para series como Thundarr the Barbarian (1980-1981) o Turbo Teen (1984). En 1979 también realizó algunas ilustraciones conceptuales para una adaptación cinematográfica de la novela de Roger Zelazny, El señor de la luz[5].

Según se aproximaba el momento en que ya no podría dibujar más, a sus problemas con el ojo o la muñeca se habían añadido otros coronarios. Como siempre, buscando la forma de garantizar el mantenimiento de su familia, las disputas legales con Marvel se fueron volviendo más intensas y más amargas. La relación con Stan Lee, que seguía siendo ejecutivo en Marvel y recibiendo un sueldo vitalicio por «sus creaciones», también se volvió más y más desagradable.

Entre otras cosas, Kirby seguía reclamando la devolución de sus páginas originales, aquellas que la compañía afirmaba, primero, que no existían y, más tarde, que no podía devolver sin (de nuevo) la renuncia formal a todos sus derechos. Cuando finalmente le fueron devueltos en 1987, sin explicación o disculpa, faltaban literalmente miles de páginas del listado que la propia Marvel había elaborado inicialmente.

Desde DC recibió, sin embargo una buena noticia: los directivos Jannete Khan y Paul Levitz, que acababan de establecer el pago de regalías para los autores que crearan nuevos personajes para la editorial, decidieron incluir a Jack Kirby y su Cuarto Mundo en dicho acuerdo. Kirby recibió su primer cheque por derechos, una cantidad menor, pero simbólicamente significativa, por el uso de Darkseid, y algunos de sus diseños en la colección de muñecos Superpowers de Kenner.

Durante la década de los 80 y los 90 produjo algunos nuevos comics, incluyendo un final tardío y poco satisfactorio para la saga del Cuarto Mundo de DC, o la creación de Captain Victory and his Galactic Rangers y Silver Star para Pacific Comics. También colaboró con el guionista Steve Gerber[6] en Destroyer Duck para la editorial Eclipse. Su último trabajo fue su participación en el Kirbyverso para Topps Comics, donde se crearon varias series que utilizaban conceptos creados por Jack en distintos momentos de su vida.

Cuando murió, el 6 de Febrero de 1994, Kirby había sido reconocido como una leyenda por sus pares. Los dibujantes y guionistas más jóvenes (Frank Miller, Alan Moore, John Byrne, Mike Mignola, Walter Simonson… por citar unos pocos) admiraban su obra (y siguen haciéndolo), revisitando a menudo sus creaciones y su estilo. Los premios y honores se sucedían dentro del mundo del cómic. Kirby había sido, en múltiples sentidos, uno de los padres del género de los superhéroes.

Sin embargo, sus derechos legales seguían puestos en duda: el concepto de work-for-hire, la idea de que dibujantes y guionistas eran (y son) solo empleados de las editoriales que se convierten en  únicas detentadoras de los derechos siguieron ahí tras su desaparición. Paradójicamente, esto significa que, mientras las leyes limitan el derecho de los herederos de cualquier creador a seguir cobrando por su trabajo pasado un periodo de tiempo desde la defunción, la corporación puede seguir detentando esos derechos para siempre.

Años después, cuando el MCU ya era una realidad que generaba millones de dólares en todo el mundo, basándose en gran parte en las creaciones de Jack, la familia Kirby realizó un último esfuerzo legal para ver los derechos sobre los personajes que creó para Marvel reconocidos. En 2014 se llegó a un acuerdo extrajudicial, cuyas cantidades nunca llegaron a conocerse públicamente, entre ambas partes. En 2021 se ha estrenado la primera película basada en su obra personal, Eternals (2021, Chloé Zhao), pero la injusticia fundacional del género (no sólo con Kirby, si no con aquellos que le precedieron y siguieron)  sigue siendo el pecado original de los superhéroes; el oscuro secreto que se esconde detrás de los focos.


[1] Citado en Marvel Comics, la historia jamás contada, Sean Howe

[2] En Mister Miracle #6 había introducido a un estafador lenguaraz y tramposo (con barba y pelo falsos) llamado Funky Flashman, que no dejaba de ser una parodia cruel de su antiguo colaborador, y su ayudante Houseroy, similar a Roy Thomas (que era por entonces el delfín de Lee en Marvel).

[3] De Kirby, el rey de los comics, Mark Evenier.

[4] Para celebrar el bicentenario de los Estados Unidos en 1976, el Capi viajaba en un número especial a través de la historia del país, encontrándose con Benjamin Franklin, Jeronimo, observar el gran incendio de Chicago y salvando la vida a un pilluelo neoyorkino, muy parecido al mismo Kirby durante los años 30… entre otras cosas.

[5] En un giro rocambolesco de los acontecimientos, estos diseños serían adquiridos por la CIA y utilizados como parte de la tapadera de la operación para rescatar a seis diplomáticos retenidos en Irán, como se narra en la película Argo (2012, Ben Affleck)

[6] Guionista que había abandonado Marvel y estaba enfrascado entonces un un largo conflicto legal por los derechos sobre el personaje que había creado para ellos, Howard el Pato.

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