El nacimiento de lo íntimo

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Eugène Lomont – Jeune femme à saDetrás de los grandes acontecimientos siempre hay pequeñas historias que consiguen que los héroes de la historia nos parezcan de carne y hueso, no de mármol. La coronación de Napoleón, por ejemplo, resulta difícil de imaginar si prescindimos de la monumental pintura de Jacques-Louis David. Mucho menos conocido, en cambio, es el lienzo La toilette avant le sacre, de Hector Viger, un artista decimonónico que representa a la emperatriz Josefina en privado, rodeada de sus damas, mientras se prepara para el gran momento.

Hector Viger - La toilette avant le sacreGracias a la Escuela de los Annales, nuestra visión del paso dejó de centrarse en la política y los grandes hombres para abrirse a la antropología, a la cultura, a las mentalidades. Con el paso del tiempo, surgieron temas novedosos como las emociones o el sexo, dentro de un interés permanente por todos los fenómenos que marcan el largo plazo. Sin esta revolución historiográfica sería impensable la exposición La toilette, naissance de l’intime, organizada por el Marmottan de París. La muestra, la primera dedicada a la higiene privada, aporta un motivo más para visitar un museo relativamente desconocido que, sin embargo, conserva una nutrida colección de dos grandes impresionistas, Claude Monet y Berthe Morisot.

Un centenar de obras documenta la evolución de los ritos relacionados con el aseo, desde finales del XV, momento en que el individuo empieza a existir por sí mismo, hasta la actualidad. Las protagonistas de los lienzos, grabados, esculturas o tapices son, significativamente, mujeres. A los artistas no parecen interesarles las abluciones masculinas, sino las prácticas de belleza del universo femenino, con escenas dedicadas al momento del baño, al acto de peinarse o incluso de cortarse las uñas. Muchas veces son evidentes las connotaciones eróticas, a veces más que explícitas en cuadros como los de François Boucher, el pintor rococó, experto en una especie de pornografía amable que mezcla los rostros inocentes con las desnudeces provocativas.

La tenture de la Vie Seigneuriale : Le BainA lo largo de este recorrido, el espectador capta la evolución de la toilette hacia un creciente nivel de privacidad. Para empezar, encontramos un tapiz flamenco de finales del siglo XV donde una mujer, desnuda, se halla rodeada de acompañantes lujosamente vestidas. La presencia masculina se reduce a dos criados, sin que la lujuria tenga el más pequeño lugar. En esos momentos, el baño, dentro de la alta sociedad, se entendía como un acto social.

Bajo la Ilustración notamos ya cambios significativos. Las protagonistas de los lienzos aún aparecen acompañadas, pero solo por su servidumbre. Con la siguiente centuria, la intimidad ya será total. La cortina amarilla, de Édouard Vuillard, simboliza este cambio de paradigma. Adiós, pues, a las miradas indiscretas. Esta evolución no se entendería sin el progreso técnico de la época: las tuberías, al instalarse en los edificios de varias plantas, permiten la aparición de los cuartos de baño tal como hoy los conocemos. En cierto sentido, constituyen metáforas de la triunfante sociedad burguesa. El agua abundante se convierte entonces en una exigencia de la limpieza personal, en contraste con lo que sucedía algunos siglos antes, cuando se desconfiaba de un elemento que por su falta de pureza podía ir acompañado de enfermedades.

Natalino Bentivoglio Scarpa - Femme au miroirAunque la toilette posee una apariencia de trivialidad, las vanguardias, desde el impresionismo en adelante, saben cómo destilar la poesía de unos instantes de intimidad en los que la mujer se reencuentra a sí misma, lejos del mundanal ruido. Si Degas, en sus dibujos al pastel, nos ofrece una apoteosis de lo carnal, Picasso y Léger se sirven de la revolución de las formas para transgredir las convenciones del desnudo. No obstante, en el siglo XX aún queda espacio para el realismo. La Femme au miroir del italiano Natalino Bentivoglio Scarpa exhibe un detallismo insólito en un pintor de su tiempo.

No faltan, asimismo, las reinterpretaciones caprichosas y humorísticas de la iconografía del pasado. Erró (sobrenombre del islandés Guðmundur Guðmundsson) convierte al dios Apolo en un grupo de astronautas de la nave espacial homónima, telón de fondo de una Diana que sí aparece con los cánones de la clásica representación mitológica. Alain Jacquet, a su vez, nos muestra a dos bellezas de los sesenta, en una bañera, con miradas que se dirigen desafiantes al espectador en una situación equívoca. ¿Se avecina, tal vez, un trío? El título, Gaby d’Estrées, moderniza el nombre de Gabriele d’Estrées, la aristócrata que fue amante de Enrique IV de Francia, también presente en la muestra a través de un supuesto retrato de la escuela de Fontainebleau.

Bettina Rheims – Karen Mulder with a very small Chanel bra, janvier 1996, ParisEn el siglo XX, la democratización de los productos de belleza, de la mano de pioneras como Elizabeth Arden, Estée Lauder o Helena Rubinstein, lleva aparejada el auge de la fotografía publicitaria. La privacidad se mezcla con la sociedad de consumo a través de propuestas destinadas a llevar a las masas determinados ideales estéticos. Una imagen de la modelo holandesa Karen Mulder, con un sujetador minimalista de Chanel, nos remite al culto a un cuerpo  disfrazado de rebeldía, quién sabe si para ocultar la sumisión a las leyes supuestamente inexorables del mercado.

La historia de la toilette es la historia de una sociedad que se hace cada vez más individualista, con un progresivo descubrimiento del hedonismo frente a la rigidez de la moral católica tradicional. Naissance de l’intime, además de reunir algunos de los mejores artistas de los últimos quinientos años, permite redescubrir los valores sociales de las distintos periodos junto a su plasmación en ceremoniales concretos. Nos retrotraemos así a épocas en las que el pincel captaba la belleza de mujeres reales, esplendorosas en su misma imperfección.

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