La radio: guerra y propaganda para tus neuronas – 14 de febrero de 2018

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El Estado Islámico perdió la guerra en Siria cuando su radio dejó de emitir. Fue en octubre del año pasado. La radio Al Bayan cerró sus emisiones desde Raqqa al tiempo que los integristas escapaban del califato en ruinas. La radio les había servido hasta entonces para propagar su miedo a Dios y a la espada, para decir que estaban ahí, metidos en la cabeza de los siervos. Para eso sirve la radio, para enviar mensajes directos a las neuronas de quien escucha. Para ocupar pensamientos, para llenarlo todo. Y para el ISIS todo es Dios, especialmente el sonido, ya que a Alá no se le puede dibujar so pena de muerte. La radio del fascismo islámico ha callado y Dios se fue a otra parte.

La radio ha estado unida a la guerra y al imperio desde sus inicios. El servicio mundial de la BBC se inventó para unificar los mensajes de la metrópoli a las colonias: primero sólo en inglés y luego en lenguas. Pero seguramente fueron los nazis los que más hicieron por convertir la radio en un medio de comunicación de masas. Joseph Goebbels, ministro de Propaganda, ordenó fabricar receptores que se llamaron Volksempfanger VE301: la radio del pueblo. Era asequible y no permitía sintonizar onda corta, precisamente la que usaban las radios extranjeras. Como la BBC. Vendieron millones de aparatos, estaban en casi todas las casas. Muchos los fabricó Braun, la marca de tu batidora.

La tecnología de la Alemania nazi se puso al servicio de sus aliados. Como España. Radio Nacional de España empezó a funcionar desde las líneas fascistas gracias a una emisora móvil Telefunken que Hitler regaló a Franco en 1937. La fundó Millán-Astray, también creador de la Legión que podía gritar «muera la inteligencia» delante de Unamuno pero que era lo bastante listo como para darse cuenta de que a la República también se la derrotaba con palabras. Todavía tiene calle en Madrid. Fue la Academia española de la radio la que propuso hace unos años dedicarle a la radio un día mundial. Es el 13 de febrero. Según la ONU, la radio lo merece porque llega y une a la gente.

En la película Rebelión en las ondas, un joven Christian Slater desagua su angustia adolescente a través de una radio pirata. Habla sin tapujos, «empalmado» dice él: está enfadado con la sociedad estadounidense de egoísmo reaccionario y narcóticos. Siempre cierra el programa con Leonard Cohen. Everybody Knows: todo el mundo sabe que la guerra ha acabado, que los buenos perdieron y que la pelea estaba amañada. Harry es un predicador del colapso y llama a la rebelión. Por eso lo detienen y sus fieles oyentes responden haciendo radio. Pero cada uno la suya. La radio y la guerra por su cuenta. Todo el mundo quiere su caja de bombones. Todo el mundo lo sabe.


Notas de Extramuros es una columna informativa de Siglo 21, en Radio 3. Puedes escucharla en el siguiente audio y acceder al programa pulsando aquí. También puedes revisar todas las Notas de Extramuros en este tumblr.

Víctor García Guerrero
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